Nunca pensé que tendría que venir a China por una bocanada de aire fresco. Sin embargo, eso es exactamente lo que recibí la semana pasada al viajar al área fronteriza entre China y Myanmar, para visitar escuelas en aldeas chinas con los líderes de Enseña por Todos (Teach for All), la red de 32 países que han adoptado el modelo Enseña por Estados Unidos (Teach for America) de reclutamiento de graduados universitarios altamente motivados para trabajar en las escuelas menos privilegiadas de su país.
El aspecto tan refrescante sobre haber pasado cuatro días con líderes de Enseña por Líbano, Enseña por China, Enseña por India y todos los otros fue el hecho que, desde el 11 de setiembre de 2001, he pasado mucho tiempo escribiendo sobre personas que están rompiendo cosas y muy poco tiempo cubriendo a gente que está haciendo cosas. Esta fue una semana con los hacedores.
De hecho, no pude sino comentarle a Wendy Kopp, la fundadora de Enseña por Estados Unidos y CEO de Enseña por Todos, que Enseña por Todos es “la anti Al Qaeda”. Es una laxa red mundial de equipos administrados localmente de maestros, los cuales comparten la práctica adecuada y apuntan a jóvenes en apoyo de un solo objetivo.
Pero, si bien Al Qaeda y sus afiliados intentan inspirar y facultan a jóvenes para que sean seres rompedores, Enseña por Todos intenta inspirar y facultarlos para que sean hacedores. Sí, muchos terroristas también tienen buena educación, pero su capacidad para resonar y enlistar seguidores disminuye mientras más gente a su alrededor tenga las herramientas para volver realidad su potencial pleno.
Grupos como Enseña por China, que fue anfitrión de la red Enseña por Todos en escuelas comunales en ese país, son demasiado nuevos para determinar si pueden marcar una diferencia para ayudarles a tener éxito a sus escuelas con los resultados más bajos. Pero, si de algo cuenta el idealismo crudo y la voluntad para asumir los desafíos más duros, hay que tener esperanza. El viaje a este lugar la semana pasada fue como pasar cuatro días con 32 Malala Yousafzai de 32 naciones.
Lu Li, de 23 años, quien se graduó en la Universidad de Carolina del Sur en mayo, regresó a casa para enseñar matemáticas como miembro de Enseña por China. No fue fácil, dijo: “Mis padres no podían entender la decisión que yo había tomado” después de obtener un diploma. “Ellos nunca han estado expuestos a este tipo de servicio comunitario.
Son personas amables, pero no creen que sea necesario ir a la China rural para hacer educación durante dos años y, particularmente como mujer, mi padre espera que yo me case. Mi padre aún lucha por entender mi decisión. Yo quiero trabajar duro y demostrarle que mi decisión es correcta”.
Sandeep Rai, indio-estadounidense de 28 años que estuvo en Enseña por Estados Unidos en Washington, D.C. y después se convirtió en uno de los líderes de Enseña por India, sostiene:
“En India, se han registrado 750 miembros para enseñar este año, y cuando empezamos en 2009, la gente decía que no convenceríamos a nadie de que firmara. Esto rinde testimonio del poder de construir cosas. Pienso que la gente está esperando a que la inspiren. Gobiernos nacionales aún no encuentran la manera de capitalizar el idealismo de los jóvenes. Pensé que después de dos años estaría adentro y afuera, y ocho años después sigo ahí”.
Mohammed Fakhroo, de 28 años, de Enseña por Qatar, dijo que había lanzado su organización porque el estudiante promedio en Qatar está rezagado tres años respecto de otros alumnos en naciones industrializadas. Con tanto dinero del petróleo y el gas en su país, muchos qataríes creen que no necesitan educación para ser prósperos. “Maestros en el mundo árabe vienen del tercio inferior de sus clases”, explicó.
“Si no eras inteligente, te volvías maestro. Nuestra teoría del cambio es que al lograr que los más inteligentes en nuestra sociedad -quienes normalmente irían al sector de petróleo y gas- se conviertan en maestros, ellos serán los nuevos modelos a seguir y serán defensores del cambio de normas”, porque Qatar con el tiempo necesitará una “sociedad fundamentada en el conocimiento”.
Franco Mosso, de 27 años de edad, el fundador de Enseña por Perú, me dijo: “Lo que veo en mi propio país es una falta de creencia” en el potencial de las personas con menos ventajas. Su grupo, explicó, está construido sobre el principio de “siempre subir el nivel para creerle a la gente, que todos ellos tienen potencial”.
Alden DiIanni-Morton, graduada en Darmouth de 24 años, está trabajando como gerente de programa para Enseña por China. Ella creció en el Barrio Chino de Boston. “Pude haberme quedado en Estados Unidos”, dijo, “pero creo que existe un enorme interés en hacer de la igualdad educativa una cuestión mundial”. Temas como el ambiente, pobreza e igualdad educativa necesitan ser vistos como problemas globales, “debido a que todos en todas partes” serán impactados por ellos “si no se resuelven”.
Nadie tiene que decirle eso a Jalil Youssef, uno de los fundadores de Enseña por Líbano: “No es coincidencia que las regiones con mayor privación y marginación en Líbano -y el mundo- son propensas a adoptar una política de rechazo, dogmatizada políticamente, amén de violenta”, dice.
“La buena educación y la formación de capital humano de alta calidad son los requisitos indispensables de la buena integración en la sociedad y el acceso a una vida respetable”.
Razón por la cual, concluye Kopp, invertir en escuelas y niños inteligentes paga dividendos mucho mayores que las bombas inteligentes. La educación, destaca, es la única fuerza constructiva que es universal y tiene la fuerza suficiente para marcar una diferencia a fin de invalidar las mayores amenazas mundiales.