En el ínterin, atisbos de una recuperación económica de Francia pasaron sin comentario, al tiempo que el gobierno de Hollande -ostensiblemente el antídoto al estilo de austeridad de Merkel- produjo un presupuesto que buscaba diseminar el impacto de la austeridad gubernamental con recortes incrementales al gasto y limitados aumentos fiscales.
La coincidencia de sucesos fue excepcional, pero la semana fue típica en el sentido de que, casi desde el día que Hollande asumió la presidencia, ha estado en la nada envidiable posición de decepcionar a partidarios y oponentes por igual.
Lejos de tener la capacidad de Merkel para destacar una economía que es la más fuerte de Europa, Hollande heredó una economía que, si bien es la segunda más grande de Europa, soporta la pesada carga de un sector público grande y caro, así como un electorado que tiene escaso interés en el tipo de cambios que economistas de mercado libre aseguran que es necesario.
Su enfoque ha sido clavarse entre hacer realmente lo mínimo para dar pasos hacia requisitos de la Unión Europea con respecto a déficits presupuestarios y preservar las prestaciones públicas, en conformidad con la tradición de su Partido Socialista. Hollande cree que fue elegido para mantener ese legado y teme una repercusión si intenta reorganizarlo, destacan los analistas.
Hollande fue elegido en 2012 como el antídoto a Nicolas Sarkozy, a quien muchos galos odiaban, considerando que era abrasivo y mostraba una aterradora impaciencia por reducir algunos de sus amados programas sociales e instituciones del Estado.
A final de cuentas, Sarkozy dio marcha atrás con respecto a diversos cambios planeados, opina Françoise Fressoz, editorialista de Le Monde, el principal diario francés de centro-izquierda.
“Tan pronto como son elegidos, abrigan un temor tremendo de asustar al pueblo y de provocar grandes protestas”, dijo sobre ambos hombres. “Es una obsesión que todos ellos tienen”.
El resultado, afirman expertos, es que ambos presidentes galos presidieron un debilitamiento. “El crecimiento y la competitividad han estado bajando a lo largo de un periodo bastante largo”, destacó Guntram B. Wolff, director de Bruegel, organización de investigación de política pública en Bruselas. “Abunda el escepticismo con respecto a que no se ha hecho mucho”.
Hollande había tenido resultados un poco mejores en política exterior, ganándose elogios por su intervención en Mali para detener el progreso de rebeldes islamistas.
Pero después, en agosto, cuando se pronunció por ataques militares en contra de Siria en vista de alegatos en el sentido de que su gobierno había usado armamento químico, la población se alejó. Quedó aislado cuando el Reino Unido y Alemania se opusieron a una respuesta militar y Estados Unidos, después de haber dado la impresión de que pensaba lo mismo, decidió más bien emprender la diplomacia.
“Él se engañó con respecto a Siria”, cree Fressoz. “Debe haber pensado que eso le daría un índice de popularidad como el que Mali le dio. Este era un conflicto mucho más complicado que el de Mali, porque los objetivos de la guerra no eran claros ni en lo más mínimo. No fueron expresados claramente”.
Los esfuerzos políticos de Hollande cobraron mucho más relieve tras el éxito de Merkel.
“Angela Merkel, canciller de Alemania, jefa de Europa”, se llenó la boca Le Monde, pese a su reputación de centro-izquierda.
Pascal Perrineau, director del Centro de Investigación Política en el Institut d’Études Politiques de París, dijo: “Su triunfo muestra que ella tiene el respaldo masivo del pueblo alemán, en tanto que las encuestas arrojan que ese difícilmente es el caso de François Hollande”.
Analistas y economistas dijeron que buena parte del problema de Hollande podría tener su origen en un enfoque general sobre la economía que hace sólo lo suficiente para mantener a raya a los regañones de Bruselas, al tiempo que es incapaz de satisfacer el apetito popular de un sentido de impulso hacia adelante, hacia un sistema más sustentable de protecciones sociales.
Más bien, alcanzar objetivos de año en año está supeditado a modestos recortes y a la incierta esperanza de que, con el tiempo, llegará una recuperación económica sin necesidad de un cambio estructural más profundo. El gobierno francés proyecta un crecimiento escaso en 2013, apenas una décima de uno por ciento, con un aumento a casi uno por ciento en 2014.
Existen pocas señales alentadoras para el gobierno: las cifras sobre desempleo divulgadas este miércoles mostraron la primera caída en dos años, lo cual coincide con la promesa de Hollande durante el verano.
Olli Rehn, el comisionado de Asuntos Económicos de la UE, dijo que el presupuesto francés mostraba “responsabilidad y prudencia”, pero aún le preocupaba la falta de planes para cambios más profundos.
El gobierno dio a conocer este mes una propuesta sobre pensiones que ofreció cambios incrementales que incidirían sólo sobre el sector privado, dejando intacto el gran número de empleados públicos.
“La reforma a las pensiones sencillamente no llegó tan lejos como podría y debería haberlo hecho”, dijo Wolff, de Bruegel. “Una reforma al sistema de pensiones, si se hace de manera creíble, da mucho espacio fiscal a corto plazo, y es también algo que se puede explicar lógicamente a la ciudadanía: la gente está viviendo 10 años más de lo que vivía 20 o 30 años atrás”.
En Estados Unidos, la edad para retirarse actualmente es 67 años, en tanto en Francia es 62, y eso sólo se debe a un aumento impulsado durante el gobierno de Sarkozy.
Sin embargo, desde el punto de vista de Hollande, la propuesta de pensiones funcionó: mantuvo la promesa a su base en el sentido de que protegería prestaciones, poniendo de relieve las diferencias con su predecesor. Lo que es más, el gobierno está haciendo recortes -incluso si parecen pequeños para Bruselas- y todo parece indicar que ese es todo el riesgo que él quiere correr.
Al hablar ante legisladores esta semana, el primer ministro francés, Marc Ayrault, reconoció lo que se ha vuelto obvio incluso para partidarios de Hollande. “Poner las cuentas públicas en orden nuevamente no inspira a nadie”, concluyó.