14 de septiembre de 2019 - 00:00

Con tacto, gustamos y olfateamos - Por María del Rosario Ramallo

A veces, para hacer más comprensible nuestro modo de expresarnos, utilizamos términos que se refieren a otros hechos no necesariamente implicados en su acepción original. Esto sucede, por ejemplo, con los sustantivos que nombran nuestros cinco sentidos: ‘gusto’, ‘olfato’, ‘tacto’, ‘vista’ y ‘oído’. Veamos cada uno de ellos.

El ‘gusto’, “sentido corporal con el que se perciben sustancias químicas disueltas, como las de los alimentos”, puede nombrar el sabor que tienen las cosas: Me dio una sustancia con gusto ácido. Entonces, en sentido figurado, ‘gusto’ es el “placer o deleite que se experimenta con algún motivo”: Mi gusto por los crucigramas me viene desde la adolescencia. Pero el gusto puede señalar también la propia voluntad y la facultad de apreciar lo bello o lo feo: Quiero darme ese gusto y Para mi gusto, le falta un poco de amabilidad. En ese sentido, se dice de algo que es de ‘buen gusto’ o de ‘mal/pésimo gusto’, según sea, respectivamente, bello o feo, agradable o desagradable: El final fue una nota buen gusto y Me hizo un chiste de muy mal gusto.

Se habla, además, de ‘gusto’ para referirse a la manera de sentirse una moda o de ejecutarse una obra artística o literaria en un país o en un determinado tiempo: El gusto actual impone el uso de ropa más práctica. Se viste según el gusto francés. Un ‘gusto’ puede ser, también, el “deseo impulsivo o arbitrario de algo”, además de un “capricho, antojo, diversión”: Me di el gusto y adquirí esa prenda.

Diversas locuciones utilizan el vocablo ‘gusto’: si algo se realiza con comodidad o satisfacción, se dirá que se hizo ‘a gusto’: Siempre trabajé a gusto en ese lugar. También esa expresión señala la conveniencia o preferencia de una persona: Puede ponerle azúcar a gusto.

En la vida de relación, decimos ‘con mucho gusto’ como expresión de cortesía para satisfacer un pedido: Accedí a esa entrevista con mucho gusto. Asimismo, para corresponder amablemente a una presentación, se usará ‘con mucho/tanto gusto’.

Sutil diferencia existe entre ‘dar el gusto’ (a alguien) y ‘dar gusto’: en el primer caso, indicamos que complacemos los deseos de una persona, como en Le di el gusto a Pepe y fuimos a cenar a ese lugar; en el segundo caso, estamos indicando que un hecho nos ha producido satisfacción o admiración: Me dio gusto reanudar esa relación.

¿Y si alguien ‘se despachó a su gusto’? Con esta locución de carácter coloquial, estamos indicando que esa persona obró a su antojo, que hizo lo que le vino en gana: Sin complejos ni inhibiciones, Laura se despachó a su gusto sobre el tema.

Cuando nos aficionamos a algo, pues sentimos placer, satisfacción o interés en su realización, diremos que le ‘tomamos/agarramos el gusto’: De a poco, le fui tomando el gusto a esos encuentros.

Si lo que deseamos expresar es una opinión, podemos usar la fórmula ‘para mi (tu, su, nuestro) gusto’: Es demasiado estridente, para mi gusto.

¿Y la locución ‘relamerse de gusto’? Señala que alguien encuentra enorme satisfacción en consumir un manjar o en realizar una actividad: Después de esa travesura, se relamía de gusto.

En relación con ‘gusto’, se da ‘sabor’ que, en sentido figurado, es equivalente a una impresión en el estado de ánimo: sabor de la derrota, sabor de la venganza. Y el adjetivo ‘sabroso’ señala que algo resulta interesante o que causa placer o curiosidad: Te traigo un chisme sabroso. Hay sabrosas novedades.

También el olfato nos brinda una serie de expresiones cotidianas: sentido corporal con el que se perciben aromas y sustancias, vemos que, en sentido figurado, alude a la sagacidad para descubrir o entender algo disimulado o encubierto: Mi olfato me señalaba que se trataba de alguien deshonesto. Además, se dice de alguien que tiene ‘olfato’ cuando posee la capacidad para llevar a cabo una tarea que implica cierto grado de dificultad: Es increíble su olfato para esos negocios.

Por estos sentidos figurados, también ‘olfatear’ se aplica para indicar que se sospecha o se tiene la intuición de algo: Olfateo un asunto poco claro. Asimismo, coloquialmente, ‘olfatear’ indica que algo se indaga o se averigua con curiosidad y empeño: En estos archivos olfateo datos importantes.

Ligado al olfato, aparece el valor metafórico de ‘olor’, equivalente a “esperanza, promesa u oferta de algo”: Las promesas de la campaña tienen olor a renovación. También, ‘olor’ puede señalar la sospecha de algo que está oculto o por suceder: Se respira en el aire olor a profundas transformaciones.

En relación con estos sentidos figurados tanto de ‘olfato’ como de ‘olor’, pero con valor negativo, se dan los sustantivos ‘tufo’ y ‘tufillo’. En efecto, como el ‘tufo’ es un olor desagradable, usado metafóricamente puede indicar que algo “huele mal” y que, aunque trata de ocultarse, emana su carácter negativo: Se percibía tufo a fraude. Otro tanto ocurre con ‘tufillo’ que no aparece en el diccionario académico, pero sí en el Integral del español de la Argentina, con la misma carga negativa de ‘tufo’. Tanto uno como el otro se construyen con la preposición ‘a’: Había en el aire tufillo a complot.

Por el lado del sentido del ‘tacto’, sentido corporal con el que se perciben sensaciones de contacto, presión y temperatura, se usa el término en alusión a la prudencia demostrada para proceder en un asunto delicado: Obró con tacto en la negociación y obtuvo muy buen resultado. Existe una expresión, no muy usada entre nosotros: ‘tacto de codos’. Ella hace referencia a la connivencia que establecen varias personas para favorecer algo o para favorecerse, a veces en detrimento de otros.

Para reflexionar, nos quedamos con tres pensamientos en que se aprecia el nombre de estos sentidos: “Buenas palabras y buenos modos dan gusto a todos”; “El tacto es, al fin y al cabo, una especie de lectura mental” y “Por el olfato, se adivina el plato”.

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