Cómo mejorar la producción de conejos

Las autoras aseguran que en la provincia, aun con un consumo per cápita bajo, es posible el desarrollo de un esquema de cría para carne. Además sostienen que el desplazamiento de la frontera agrícola en el país favorece la producción pecuaria en zonas no

En la creencia popular, se supone que el conejo es  “fácil de producir” y por consiguiente, su carne debería ser barata.

La realidad nos indica que la carne de conejo es un producto caro y de alto valor nutricional, tierno y de sabor suave, que lo posiciona como carne gourmet. Por su propia naturaleza, la carne de conejo deposita escasa cantidad de grasa, su proteína es de fácil digestión, por lo que es recomendable para niños, ancianos y personas con dietas de baja cantidad de calorías.

En nuestra provincia, debido a razones culturales, el consumo es inferior a 100 gramos por habitante por año. Contrariamente, las formas de cocinar esta carne son variadas: en escabeche, a la cacerola, guisado, frito, al disco, en estofado y a la parrilla. Sin embargo, teniendo en cuenta la importante tradición argentina del consumo de carne a la parrilla, el conejo se presenta en desventaja, ya que requiere de un “asador experto”.

En Mendoza se estima que se comercializan entre 4.000 y 5.000 kilos de carne de conejo por mes,  mucha de ella se destina directamente a los restaurantes, o bien a través de  circuitos cortos de comercialización: directo del productor al consumidor, con precios que rondan los $ 50 por kilogramo de conejo.

Luego de una década de altibajos de producción y comercialización muy pronunciados, se ha consolidado una cooperativa de productores. En la mayoría de los casos esta actividad casi “artesanal” es complementaria a la agricultura y suelen ser los propios dueños y sus familias los que atienden los criaderos.

Los productores nucleados en la cooperativa trabajan en forma vinculada a INTA con diversos objetivos. Estar organizados les permite mantener entre todos la oferta permanente, durante todo el año de carne de conejo, si bien en algunos momentos se ven superados por la demanda.

La consolidación de esta cooperativa les permitió fortalecer su producción y comercialización. Estos conejos se producen en jaulas ubicadas bajo techo, con sistemas semi-automatizados de bebederos y comederos. Poseen en promedio, entre 60 y 80 hembras en producción que producen 50 gazapos cada una por año.

Para llevar a los conejos a peso de faena -alrededor de 2,300 kilos de peso vivo- se tarda 80 a 90 días desde que nacen. La alimentación de los conejos se realiza en base a alimentos balanceados comerciales que rondan los $ 3/kg.

Estos alimentos deben estar muy bien formulados y pelletizados para evitar problemas y optimizar la producción. La relación actual es de unos 5 kilos de alimento balanceado por 1 kilo de conejo producido, incluyendo el alimento que se consume en todo el criadero.

En la cría comercial, en algunas ocasiones, la alimentación suele complementarse con algo de forraje, se recomienda hacerlo con alfalfa en cubos o fresca. En tanto, en criaderos para consumo familiar puede usarse algunos restos de cocina y forraje, pero con varias restricciones ya que pueden alterar el aparato digestivo de estos animales.

Durante los últimos años se han desarrollado trabajos de investigación sobre alimentos balanceados en forma conjunta, entre la cátedra de Zootecnia de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo, y la Estación Experimental Agropecuaria de INTA Mendoza.

El objetivo ha sido incluir el uso de subproductos de la agroindustria local en fórmulas de alimentos balanceados de conejos, con el objetivo de disminuir costos, ya que éste es uno de los elementos que más influye en la producción: entre el 70 y 80% de los costos totales, corresponde a la alimentación. Se ha probado incluir subproductos tales como cáscara de almendra, residuo de chala de ajo, de tomate de industria y de orujo de uva y de oliva, con diversos resultados.

Por otra parte, se está trabajando con el Instituto para  la Agricultura Familiar de INTA, y la cooperativa en el desarrollo de un prototipo de maquinaria para la producción de alimentos balanceados en pequeña escala. De manera que en un futuro cercano los productores organizados, puedan fabricar su propio alimento balanceado, como innovación local.

Otro estudio, efectuado por un grupo de estudiantes de Ciencias Agrarias e INTA, consistió en  realizar encuestas a familias productoras de conejos para autoconsumo, a las que se entregó una pareja de reproductores desde el Programa Pro-Huerta, con el fin de evaluar los resultados a nivel local.

Luego de un año de la entrega, si bien algunas familias no continuaban la cría por cuestiones laborales o por problemas sanitarios en los conejos, el 48% de las familias habían logrado reproducirlos y consumir la carne.

Algunos productores realizan inseminación artificial ocasionalmente -más específicamente reproducción asistida-, esto les permite mejorar la genética mediante compra de semen de animales de calidad superior, realizar cruzas específicas para carne y disminuir la posibilidad de consanguinidad (criar animales emparentados), ya que los conejos presentan un ciclo reproductivo muy corto: 1 mes de gestación y 1 mes de lactancia.

La mayoría de los conejos de criaderos comerciales de Mendoza son de raza neocelandés, californiano y sus cruzas.

Tanto en criaderos comerciales como en los de autoconsumo, es necesario evitar el estrés en los conejos, un ambiente tranquilo favorece la producción y reproducción de los animales. Con respecto a las enfermedades, su principal problema son las alteraciones del aparato digestivo por cambios bruscos en la dieta o por los golpes de frío o calor.

En la actualidad, los cueros de los conejos de carne producidos en Mendoza, son vendidos como cuero seco afuera de la provincia, debido a la escasa infraestructura para realizar el curtido, el alto costo del servicio y el precio obtenido por las pieles curtidas.

Los intentos de producir conejos de raza específicas para pelo (Angora) y pieles (Rex), no han sido exitosos básicamente porque se promete un precio alto por el producto pero luego el precio real es mucho menor. Existen casos exitosos en la Argentina, en los que los productores de pieles tienen toda la cadena: producen, curten diseñan, confeccionan la prenda y la comercializan.

El desplazamiento de la frontera agrícola es auspicioso para la producción pecuaria en zonas no tradicionales o consideradas marginales como Mendoza, y algunas actividades alternativas hoy encuentran una rentabilidad que resulta interesante al pequeño productor.

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