Mendoza es una provincia tradicional para el cultivo de alfalfa, además de ostentar el primer lugar donde se la introdujo al país en el siglo XV proveniente de Chile estableciéndose en el valle de Güentala o Huentata, lo que actualmente coincide con la zona de Pedro Molina de Guaymallén, para extenderse luego al Sur de Mendoza y a provincias del Este como San Luis y Córdoba.
Posteriormente, en el siglo XVIII, se produce otro importante ingreso de alfalfa al país a través del río de la Plata proveniente de Europa. A principio del siglo pasado el cultivo se difundió rápidamente por todo el territorio argentino, lo que produjo una gran expansión de la ganadería en nuestro país.
La alfalfa actualmente es el cultivo forrajero más importante en la provincia de Mendoza. Esta especie representa el 4,1% del área cultivada en la provincia y el 60% de la superficie de forrajeras. Con el crecimiento de la actividad ganadera en la provincia, se estima que podría crecer.
La alfalfa es una especie que se adapta a diversas condiciones ambientales pero su máximo potencial productivo lo expresa cuando los suelos son profundos y bien drenados. El sistema radicular que posee es pivotante (como un eje vertical que se desarrolla hacia abajo) y profundiza pudiendo llegar hasta los 6 metros de profundidad.
Se debe tener precaución al momento de la siembra: que el suelo no presente problemas de napas freáticas salinas cerca de la superficie, ya que no tolera suelos inundados porque produce asfixia radicular.
Es importante conocer las características que posee el suelo: pH y la fertilidad.
El pH ideal varía entre los 6,8 a 7,2 y respecto de la fertilidad son necesarios buenos niveles de Nitrógeno y altas concentraciones de fósforo, potasio, azufre, calcio, magnesio y microelementos (boro y manganeso).
Elección de la variedad
Es importante lograr una buena persistencia del cultivo y rendimiento (buena producción de materia seca). Para ello la elección de la variedad es muy importante.
Entre los principales factores podemos mencionar:
- Resistencia a plagas y enfermedades. Es importante elegir variedades resistentes a plagas (pulgón azul, verde y moteado), a nemátodes y enfermedades (antracnosis, podredumbre bacteriana, fitóftora, fusarium, verticilum).
- Grado de reposo invernal. El reposo invernal es una característica genética por la cual la alfalfa se mantiene en estado de latencia durante el período de bajas temperaturas. Previo a entrar a este estado de reposo, la planta acumula en su raíz reservas que luego le servirán para iniciar el rebrote primaveral. Dependiendo de la sensibilidad que tengan sobre la temperatura y longitud del día, los clasificamos en cultivares con latencia (aquellos que dejan de crecer con los primeros fríos); cultivares sin latencia.
Los diferentes grados de reposo invernal (GRI) van del GRI 1 al GRI 11 siendo los de menor número variedades con gran reposo invernal y los de mayor número, las variedades sin reposo invernal.
Los más habituales de encontrar en el mercado son las que van entre los GRI 6 y 10. La elección de la variedad según el grado de reposo invernal, está relacionada con la zona donde se implantará el cultivo: en zonas más frías con heladas tardías sería aconsejable variedades con reposo invernal. En cambio, en zonas con inviernos más benignos y bajas probabilidades de heladas tardías, variedades sin reposo invernal.
Buena producción de materia seca. La sumatoria de las distintas condiciones y la variabilidad del medio ambiente (clima, suelo, plagas, enfermedades) ejercen influencia directa sobre el comportamiento del alfalfar y, por lo tanto, sobre su rendimiento (producción).
Es importante conocer la característica de la variedad seleccionada para lograr buena producción de pasto tanto para consumo en fresco como para heno (fardos).
En los últimos 5 años, hubo fuertes avances en Argentina para tener alfalfas RR (resistentes a glifosato) que, además, a partir de investigaciones nacionales, incorporarán desarrollos biotecnológicos para reducir los contenidos de lignina. De allí que esos materiales se denominen Alfalfas RR-RL (resistentes al glifosato y reducidas en lignina), es decir una alfalfa transgénica, que combina dos eventos de suma relevancia.
Preparación del lote
Dado que la semilla de alfalfa es muy pequeña (500.000 semillas por Kg), debemos tener en cuenta que el suelo quede mullido y libre de cascotes.
Una buena nivelación y libre de malezas es aconsejable. Sobre todo de malezas perennes, fundamentalmente chipica (Cynodon dactilon) y clavel amarillo (Wedelia glauca). Este último es tóxico para el ganado. El alfalfar se comienza a perder cuando es invadido por malezas porque es un mal competidor de éstas.
Práctica de encalado del suelo: se hace corrección del lote si son suelos ácidos mediante la aplicación de enmiendas cálcicas.
Siembra
Es importante definir el destino final del alfalfar, porque puede destinarse a la producción de pasto (fardos), pastoreo directo o producción de semilla.
Previo a la siembra, debemos definir si el cultivo a implantar va a ser "puro" o "consociado" con otra leguminosa o con una gramínea.
Luego se debe definir la fertilización en caso de ser necesaria. Lo recomendado es aplicar una fertilización a base de fósforo y nitrógeno.
A la semilla se la debe inocular con el rizobium específico, (Sinorhizobium meliloti) previa a la siembra. Esto ayuda a la nodulación de las raíces y a la fijación del nitrógeno atmosférico.
La siembra puede ser en surcos o melgas. Cuando el riego es presurizado (aspersión), no es necesario nivelar el terreno.
En caso tener un cultivo antecesor como maíz (zonas de secano), lo aconsejable es triturar los restos de caña que queden en el lote para facilitar la siembra.
En nuestra provincia, lo más común es realizar la siembra “al voleo”, con la mano, pero para grandes superficies y un menor gasto en semillas, existe maquinaria específica para esta labor.