14 de septiembre de 2013 - 22:17

De cómo se gestó el acuerdo Obama-Putin

La reunión de la tarde entre dirigentes mundiales apenas se estaba terminando en San Petersburgo, Rusia, el viernes antepasado, cuando el presidente Vladimir V. Putin caminó hasta el presidente Barack Obama y empezó a conversar casualmente. Obama sugirió que tomaran asiento, y ambos acercaron dos sillas a un rincón de la sala.

Habían estado enfrentados con respecto a los planes de Obama para lanzar ataques aéreos en contra de Siria, en represalia por un ataque con armas químicas en contra de civiles. ¿Qué tal si Siria entregara sus reservas de gas venenoso a la comunidad internacional? Obama sugirió que ellos hagan que sus altos diplomáticos lo exploren más a fondo.

Si bien la propuesta al parecer surgió de la nada cuando Rusia la dio a conocer en público este último lunes, tras un comentario a todas luces casual del secretario de Estado John Kerry, de hecho había surgido de conversaciones entre Obama y Putin que se remontan a más de un año. Sin embargo, el comentario de Kerry le dio a Putin la apertura para lanzar la idea sobre el mundo, tomar el control del debate de Siria y descarrilar efectivamente el ataque planeado de Obama.

Si bien se mostró escéptico hacia su homólogo ruso, Obama ahora ya acogió tentativamente la propuesta como una posible resolución a su enfrentamiento con el presidente Bashar al-Assad; y al mismo tiempo, como un escape de un enfrentamiento directo con el Congreso estadounidense, posicionado para rechazar la acción militar.

Pero a medida que Washington contemplaba los muchos obstáculos hacia el plan este martes, muchos funcionarios, incluidos algunos en la Casa Blanca, se preguntaban si Putin estaba manipulando a Obama en vez de brindando ayuda.

Putin, después de todo, no ha sido amigo de Obama con respecto a una diversidad de temas, no en menor medida Siria, donde el Kremlin ha seguido apoyando a Assad en contra de rebeldes determinados a derrocarlo con armas suministradas por aliados de Estados Unidos. Putin salió al paso para proteger a Assad de misiles estadounidenses, no para degradarlo militarmente. Además, no hay garantía de que Siria respete los compromisos.

“Queremos asegurarnos de que este no es meramente una madriguera de conejo, sino más bien una senda para alcanzar nuestro objetivo”, dijo un oficial de alto rango de la Administración, quien como otros solicitó el anonimato para describir deliberaciones confidenciales.

Lo que parecía prometedor, agregó, era que la propuesta de Rusia era más concreta que antes y que Siria había dado señales de aceptación: “Todo eso sugiere que esto realmente podría ser un rumbo de acción exitoso, pero aún tenemos que probarlo”, dijo este oficial.

La prueba pudiera ser intimidante. Rusia propuso participar en el aseguramiento y remoción de las armas y le exigió a Siria que ratifique un tratado que prohíbe las armas químicas. Sin embargo, aún faltaban muchos detalles y ambas partes rápidamente disintieron con respecto a la forma de hacerlo valer. Kerry puso un marcador sobre el plan: “Tiene que ser expedito, tiene que ser real, tiene que ser verificable” y “no puede ser una táctica dilatoria”.

La discusión acerca de las armas no convencionales de Siria surgió por primera vez entre Obama y Putin cuando ambos se reunieron al margen de la reunión cumbre del G-20 en Los Cabos, México, en junio de 2012, según versiones de varios funcionarios que solicitaron mantenerse en el anonimato. Su reunión fue dominada por su discusión en torno a Siria y la guerra civil, pero según esas fuentes, Obama mencionó el tema de asegurar las reservas de armas químicas de Siria.

El presidente estadounidense sacó a colación la idea más como noción que de manera concreta y no fue a ninguna parte pero los rusos mostraron alta resistencia a cualquier intrusión en los asuntos internos de Siria. Unos cuantos meses después, Obama elevó lo que estaba en juego con respecto al tema cuando declaró, en agosto de 2012, que Assad no debería cruzar la “línea roja” de usar ese tipo de armas.

Para la siguiente primavera, conforme surgieron informes de ataques químicos de baja magnitud, Obama enfrentó dificultades con respecto a si su línea roja había sido cruzada y cómo respondía.

Kerry visitó Moscú en mayo y, haciendo eco de Obama, mencionó de nuevo la cuestión de asegurar las armas de Siria con Putin como parte de una transición política más amplia.

Putin accedió a seguir discutiéndolo: “Él dijo: ‘De acuerdo, trabaje con Lavrov en esto’”, recordó otro oficial de alto rango, refiriéndose a Sergey V. Lavrov, el canciller ruso.

El ataque con gas sarín del 21 de agosto que, según el gobierno estadounidense, mató a más de 1.400 personas en las afueras de Damasco, cambió la dinámica. Ahora ya no era sobre asegurar las armas de Siria en conjunción con la renuncia de Assad. Ahora era sobre cortarle el paso a un ataque estadounidense, algo que Putin convirtió en una alta prioridad.

Kerry y Lavrov hablaron nueve veces después del 21 de agosto y el tema estuvo entre los que se abordaron, pero Kerry abrigaba dudas. El gobierno estadounidense había estudiado a fondo opciones para remover armas químicas de Siria, ya sea por la fuerza en caso que el gobierno colapsara o a través de algún tipo de negociación, y encontraron muchas preguntas espinosas.

¿Cómo serían aseguradas y transportadas fuera del país las masivas reservas de armas químicas de Siria? ¿Cómo podrían asegurar los inspectores internacionales que no había reservas ocultas? ¿Y cómo podría pasar todo lo anterior en un país que atraviesa una feroz guerra civil?

Después de que Putin sacara a colación la propuesta con Obama el ante viernes pasado, funcionarios estadounidenses aún no estaban seguros de que fuera una perspectiva seria: “Fue una conversación nocional que resultó más constructiva que conversaciones previas sobre este tema”, dijo un funcionario. “Sin embargo, aún no hubo una indicación de que esto pudiera tener la madurez suficiente para una acción inmediata”.

Después de regresar a Washington, la asesora de seguridad nacional de Obama, Susan E. Rice, le dio un informe a Kerry, quien planeaba hablar con Lavrov por teléfono este lunes. Él se mostró escéptico, y cuando un reportero preguntó en Londres este lunes si Assad podría evitar un ataque, Kerry dijo que él podría entregar rápidamente sus armas químicas. Sin embargo, pocos le prestaron atención a la desdeñosa advertencia que agregó: “Él no está por hacerlo, y no puede hacerse”.

Reconociendo las posibles implicaciones de lo que había dicho, Kerry y sus asesores enviaron mensajes a la Casa Blanca. Después, el secretario y el canciller ruso hablaron por teléfono como estaba programado, mientras Kerry viajaba en su avión de vuelta a Washington.

Lavrov le dijo que había notado los comentarios de Kerry. El secretario de Estado respondió que él meramente había estado expresando un punto de debate. No obstante, dijo Lavrov, él planeaba efectuar una propuesta pública en el sentido de que Siria permita que observadores internacionales controlen las armas químicas y, a final de cuentas, entregarlas.

Kerry se mostró desconfiado: “No vamos a jugar juegos”, dijo. Si era una propuesta seria, agregó, entonces la administración Obama la consideraría, pero la Casa Blanca no desaceleraría esfuerzos enfocados a obtener la autorización del Congreso para un ataque.

Después de 14 minutos, colgaron. Lavrov no le envió a Kerry una copia de su declaración o plan. Pero en la Casa Blanca, donde el presidente enfrentaba la probabilidad de una derrota decisiva en el Congreso, subalternos estudiaron informes noticiosos del plan ruso y consideraron que tenía el grado suficiente de detalles para tomarlo con seriedad.

Obama decidió expresar un optimismo cauteloso en seis entrevistas por televisión programadas de antemano, dirigiéndose después a la planta alta hasta la residencia durante el resto de la noche con un borrador de su mensaje a la nación. Para la mañana del martes, ya lo había reescrito y estaba al teléfono con sus homólogos británico y francés para hacerles saber que le daría una oportunidad al esfuerzo ruso.

Kerry regresó al teléfono con Lavrov para una llamada de 19 minutos, accedieron a comunicarse de nuevo el miércoles y reunirse en Ginebra este jueves. Lo que un día antes había dicho que “no puede hacerse”, ahora estaba sobre la mesa.

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