26 de noviembre de 2017 - 00:00

Cómo EEUU se encamina hacia una guerra con Corea del Norte

John Brennan, exdirector de la CIA, calcula que la posibilidad de una guerra con Corea del Norte es de un 20 a un 25 por ciento.

Joel S. Wit, experto en Corea de la Universidad Johns Hopkins, dice que es de un 40 por ciento.

Para Richard Haass, presidente del Consejo de Relaciones Exteriores, las posibilidades pueden ser algo así como 50-50.

Sin embargo, somos complacientes: ni la gente ni los mercados financieros valoran qué tan elevado es el riesgo de una guerra ni lo devastador que podría ser.

El mes pasado, el Servicio de Investigación del Congreso calculó que al menos 300.000 personas morirían durante los primeros años de la guerra, y eso si hablamos de una guerra que no sea nuclear. Si llegara a haber un intercambio nuclear, "fácilmente podría haber un millón de muertes el primer día", comenta Scott Sagan, experto en seguridad internacional de Stanford.

Sagan explica que las posibilidades de una guerra "son ciertamente mayores de lo que reconoce de manera generalizada el pueblo estadounidense".

El presidente Donald Trump acaba de viajar a Asia para movilizar a los países a fin de que fortalezcan las sanciones contra Corea del Norte. Sus esfuerzos anteriores fueron bastante exitosos y durante mi visita reciente a Piongyang vi signos de que las sanciones estaban surtiendo efecto.

Sin embargo, la meta parece condenada al fracaso: casi ningún experto cree que las sanciones forzarán a Kim Jong-un a abandonar sus armas nucleares ni a detener su programa de misiles. Eso nos coloca en un rumbo de colisión, ya que Corea del Norte parece decidido a desarrollar capacidad nuclear para atacar a Estados Unidos con armas nucleares, mientras la Casa Blanca insinúa que prefiere una guerra antes que permitir a este país convertirse en una amenaza nuclear.

"Nuestro presidente ha dejado esto muy claro", dijo en Fox News H.R. McMaster, asesor de seguridad nacional de Trump. "No va a permitir que este régimen canalla de Kim Jong-un amenace a Estados Unidos con un arma nuclear. Por ello, está dispuesto a hacer todo lo necesario para evitar que eso suceda".

Los murmullos en Washington son que "todo lo necesario" incluye ataques aéreos a Corea del Norte, como un ataque a un misil cuyo lanzamiento se está preparando. Cuando pregunté a los funcionarios de Corea del Norte qué ocurriría en dichas circunstancias, me contestaron sin ambigüedades: la guerra.

Tammy Duckworth, una piloto exmilitar que ahora es senadora demócrata de Illinois, dice que, por lo que ha escuchado, la posibilidad de que el presidente ordene un ataque es mayor del 50-50.

"Veo un cambio de postura", me dijo. "Me preocupa en extremo que estemos pasando de 'Vamos a evitar la guerra' a 'Es aceptable hacer un primer ataque'".

Duckworth y otros demócratas del Senado han presentado legislaciones que evitarían que el presidente llevara a cabo un ataque preventivo a Corea del Norte sin apoyo del Congreso, bloqueando una amenaza inminente para Estados Unidos o sus aliados.

El senador republicano de Carolina del Sur Lindsey Graham ha declarado que Trump le dijo que elegiría una guerra con Corea del Norte antes que permitir que continuara en esa dirección.

"Hay una opción militar: destruir el programa de Corea del Norte y a la misma Corea del Norte", Graham declaró en el programa "Today", informando sobre una conversación con Trump. "Si mueren miles, van a morir allá, y me lo dijo en persona".

Graham dijo que si Corea del Norte continúa probando misiles balísticos intercontinentales, una guerra era "inevitable".

Tal vez sea un alarde pero, si no lo es, viene la guerra, ya que casi todos los expertos creen que Corea del Norte continuará con sus pruebas.

Trump no creó el problema, pero es real: deberíamos temer que Corea del Norte obtenga la capacidad de destruir ciudades estadounidenses. De manera extraña e inquietante, en mi última visita, los norcoreanos decían una y otra vez que una guerra nuclear con Estados Unidos no solo se sobreviviría, sino que era ganable.

Estados Unidos ahora debe elegir entre tres opciones terribles: 1) un acuerdo para "que ambas partes se paralicen", que el secretario de Estado Rex Tillerson parece estar tratando de lograr; 2) la disuasión a largo plazo, tal como hemos disuadido a Corea del Norte durante décadas de usar armas químicas y biológicas; 3) una guerra convencional que podría escalar hasta convertirse en un intercambio nuclear.

Los expertos en seguridad dicen de manera abrumadora que la opción menos terrible es el acuerdo con Corea del Norte para detener las pruebas a cambio de reducciones en las sanciones o en los ejercicios militares entre Estados Unidos y Corea del Sur, pero en este momento no está claro que Washington o Piongyang aceptarán tal acuerdo. La disuasión es el siguiente paso, y la guerra es la peor opción. No obstante, es hacia donde parece dirigirse Trump.

Corea del Norte también podría encender la situación con provocaciones en cualquier momento, como disparar un misil de largo alcance al mar cerca de Guam o llevar a cabo una prueba nuclear atmosférica que enviaría una lluvia radiactiva directo hacia Estados Unidos. Trump también puede abatir un misil norcoreano en aguas internacionales; eso es menos provocador que un ataque al territorio norcoreano, pero yo seguiría esperando una respuesta militar. Además, hay un riesgo constante de errores de cálculo e incidentes que se salgan de control.

Hace 14 años, Estados Unidos se enfrascó en una guerra devastadora con Irak sin pensar a fondo en las consecuencias. Esto se siente como un déjà vu, solo que potencialmente mucho más devastador.

"Me parece que hay un mayor riesgo del que la gente puede apreciar", me dijo Haass. "No sé si las posibilidades sean del 50, 40 o 60 por ciento, pero son muchísimo más que insignificantes".

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