Así como los precios de los productos comestibles se fueron por la nubes en Brasil durante el Mundial, la marea inflacionaria arrastró también a los comerciantes argentinos que tienen negocios de comidas en Belo Horizonte, con la demanda de los compatriotas que llegan para ver a la albiceleste a estas tierras.
Comer bien es casi prohibitivo para el bolsillo medio de un argentino. Tras una cena en un restaurante italiano en Pampulha que marcó el resto de la cobertura, y luego del pago de la adición el mozo preguntó a los comensales: "¿caro o barato?." "Carísimo" fue la respuesta. Y el trabajador agregó: "todo se fue por las nubes por el Mundial, imagínese los gastos que tenemos nosotros que vivimos acá".