Una guerra civil por goteo. Eso parece ocurrir en Estados Unidos y en ese marco se disparó la bala que podría detonar violentas confrontaciones entre jóvenes de una y otra vereda ideológica.
Lo que hasta ahora ha sido en los Estados Unidos confrontación retórica entre jóvenes conservadores y jóvenes de centroizquierda, podría pasar a choques violentos dentro de los campus. La bala que acabó con la vida de Charlie Kirk podría destruir también la convivencia democrática, que ya se encontraba gravemente herida. Y la guerra civil por goteo podría dar paso a un torrente incontenible de sangre.
Una guerra civil por goteo. Eso parece ocurrir en Estados Unidos y en ese marco se disparó la bala que podría detonar violentas confrontaciones entre jóvenes de una y otra vereda ideológica.
A eso apunta el dedo acusador de Donald Trump, señalando cómo culpable del asesinato de Charlie Kirk a la izquierda a la que también acusa de los dos atentados fallidos contra su vida.
El asesinato de Kirk podría ser un crimen más en el país que ostenta un inquietante récord de magnicidios. A mediados del siglo 19 fue asesinado el presidente Lincoln. El siglo 20 comenzó con el asesinato del presidente William McKinley. En la década del sesenta fue asesinado John Kennedy y también su hermano Robert, mientras que en los ‘70 hubo dos atentados fallidos contra la vida del presidente Gerald Ford y en la década del ‘80 una bala hirió al presidente Ronald Reagan, entre tantos otros magnicidios y atentados fallidos contra la vida de presidentes, importantes dirigentes políticos y otras personalidades notables en diferentes rubros.
La bala que atravesó el cuello del activista juvenil más importante del “trumpismo” podría intensificar esta guerra en cámara lenta que lleva varios años. En definitiva, aunque se probara que el asesino de Kirk es un izquierdista o un militante de la causa palestina, quienes en la vereda de la Alt Rigth (derecha alternativa) y del ala ultraconservadora del Partido Republicano tergiversan la realidad al decir que este magnicidio, sumado a los dos atentados contra el magnate neoyorquino, prueban que en Estados Unidos la violencia política es de izquierda, cuando hubo en los últimos cinco años un cúmulo de atentados derechista.
En lo que va de esta década son muchos los casos de violencia planificada contra dirigentes del centro y la centroizquierda. En el 2020 se descubrió un complot para secuestrar a la gobernadora demócrata de Michigan, Gretchen Whitmer. También hubo una violenta toma del capitolio de Lansing para amenazar a los legisladores demócratas con el objetivo de que no aprueben leyes que limiten el libre acceso a las armas de guerra.
Al año siguiente se produjo el violentísimo asalto de una multitudinaria turba ultraderechista al Congreso en Washington, para impedir la certificación del triunfo de Joe Biden sobre Trump. Una asonada golpista que causó cinco muertes. Y en el 2022 se produjo un asalto a la residencia de Nancy Pelosi, con la intención de secuestrar a la por entonces líder demócrata de la Cámara de Representantes. Pelosi no se encontraba en su domicilio, pero su marido sí y sufrió una golpiza que lo hirió gravemente.
También hubo intentos de atentados explosivos contra el Comité Nacional Demócrata y otras acciones de violencia que habrían sido perpetradas desde la derecha extrema. Y este año, la legisladora demócrata Melissa Hortman, de Minnesota, fue asesinada junto a su marido. Lo mismo les ocurrió en Minneapolis al senador demócrata John Hoffman y a su esposa.
Por cierto, también hubo víctimas republicanas y los ejemplos más notables son el propio Trump y ahora su más eficaz vocero y propagandista entre los jóvenes.
Charlie Kirk era el principal instrumento de Trump para llegar a la juventud y radicalizarla. Su manejo de las redes llevaba su mensaje a millones de seguidores, mientras que su activismo en las universidades era uno de sus rasgos distintivos.
Defendiendo el libre acceso a las armas de guerra, Kirk dijo su espantosa frase en referencia a las recurrentes masacres en escuelas y centros comerciales: “lamentablemente, vale la pena pagar el precio de tener muertes por armas de fuego cada año, a cambio de mantener la Segunda Enmienda que protege ese derecho que nos ha dado Dios”.
Su prédica era anti-inmigrantes, antifeminista, anti aceptación de la diversidad sexual, además de negacionista del cambio climático y admirador de Vladimir Putin, defendiendo incluso su guerra contra Ucrania y su desprecio a la democracia liberal europea.
Las apologías que hacía de Netanyahu, la exaltación y su defensa de los bombardeos y tiroteos que masacran población civil en Gaza, lo situaban en la vereda enfrentada a las multitudinarias protestas universitarias que portan banderas palestinas.
Pues bien, las universidades pueden ser el próximo escenario de violencia en esta guerra civil en cámara lenta que parece darse en Estados Unidos.
Desde que la operación israelí en la Franja de Gaza se convirtió en una guerra de exterminio, las universidades norteamericanas fueron escenarios de protestas estudiantiles contra el primer ministro de Israel. Kirk era un apologista de Netanyahu y defendía su operación militar a pesar del masivo y cruel castigo que implica para los civiles.
El joven activista armaba de argumentos sumamente controversiales a sus seguidores universitarios para que nieguen que esté ocurriendo un genocidio en Gaza.
Lo que hasta ahora ha sido confrontación retórica entre jóvenes conservadores y jóvenes de centroizquierda, podría pasar a choques violentos dentro de los campus.
La bala que acabó con la vida de Charlie Kirk podría destruir también la convivencia democrática, que ya se encontraba gravemente herida. Y la guerra civil por goteo podría dar paso a un torrente incontenible de sangre.
* El autor es politólogo y periodista.