Convencido que quien siembra gestos, cosecha acuerdos; Alfredo Cornejo buscó utilizar la Fiesta Nacional de la Vendimia como la magna escenificación de su sintonía con el proceso que encarna Javier Milei y su amplio programa de reformas que “van en el sentido correcto” de lo que necesita Mendoza y el país.
Sin embargo, y como sucede en la vitivinicultura y la producción agrícola en general, el inesperado temporal que desató una tragedia en Bahía Blanca dejó al gobernador con las manos vacías y la licuación de la celebración, ante la deserción de la Casa Rosada para atender la catástrofe. De imprevistos está hecha la vida, y también la política.
Lo cierto es que la multiplicación de los guiños del último año se aceleraron recientemente y la novedad que dejó esta Vendimia, pese al faltazo, parece ser la reciprocidad libertaria. La confirmada visita presidencial aunque luego suspendida, la inauguración de un local partidario y el desembarco del gabinete nacional bien debía leerse como el paso concreto de una administración que no regala -per se- manifestaciones de concordia. Al contrario, confronta para diferenciarse y está claro que éste no era el caso.
En la vía de coincidencia en la visión y entendimiento, se había anticipado el ahora superstar Luis Caputo, en lo que se perfilaba como un gran desembarco violeta, antesala de un ansiado acuerdo electoral que deberá postergarse -al menos en el compromiso público- que se pretendía insinuar en Mendoza.
Por las hileras del poder
La presencia de Milei y los suyos no podía interpretarse de otra forma que bajo la óptica del particular vínculo que se fue construyendo desde la llegada al poder del economista libertario, desconfiado de la política tradicional que representa el gobernador mendocino.
El cambio de planes impidió también volver a mostrar a Vendimia como un determinante cónclave político nacional, espacio tradicional para el encuentro y la negociación, particularmente atractivo en los años electorales. En esa línea había trabajado el Gobierno provincial para dejar en claro el lazo cada vez más visible que lo une con la Casa Rosada, y hacer explícita esa potente señal de cara a la discusión de acuerdos que podrían derivar en una alianza entre La Libertad Avanza (LLA) y el Frente Cambia Mendoza (FCM).
Entre equilibrios y apoyos tácticos bajo el paraguas de la “oposición dialoguista” es evidente que más que el maltrato o la desconsideración lo que prima con Mendoza es cierto respeto, embrionario tal vez, de lo que pueda suceder. Pero también que la prioridad política no pasa por este distrito electoral.
En pos de esa buena relación ha batallado el gobernador en cada acto y declaración, así como en las votaciones del Congreso; pero no ha sido el único. Su vice, Hebe Casado -bajo el influjo de Patricia Bullrich- se ha revelado como la más mileísta del Oeste argentino; pero también Luis Petri por obvias razones de su aspiración al sillón de San Martín. Una confluencia de esfuerzos locales que debería haber dado fruto en esta Vendimia, para el tiempo de cosecha. Pero, metáforas al margen, la naturaleza sigue imponiéndose.
Sin dejar ningún racimo
En el vértigo de la cuenta regresiva vendimial también hubo otros indicios que pese a la ausencia de la foto principal no deberían soslayarse. Fue en Canadá, en el marco del cónclave del PDAC (Prospectors & Develovers Association of Canada) la principal feria minera del mundo que año a año se concreta en Toronto. Allí, y más allá del fugaz cruce con la todopoderosa Karina Milei, Cornejo dejó un fuerte pronóstico electoral envenenado de una invitación de co-protagonismo: “Creo que el Gobierno con buenos acuerdos colaborativos puede ganar las elecciones y tener una mayoría parlamentaria más robusta. Yo aventuro, y todas las encuestas así lo marcan, que el gobierno de Mieli va a ganar las elecciones de medio término con un margen mayor al que en su momento obtuvo Macri”.
Ya en Mendoza, el Foro de Inversiones y Negocios que organizó el Consejo Empresario Mendocino (CEM) permitió la explicitación que Cornejo -“sin ruborizarse”- recordó sobre el respaldo inicial a Milei: “Estoy orgulloso de haberlo apoyado desde el principio”, dijo ante un auditorio mayormente conformado por empresarios, ansiosos por escuchar a Caputo.
En ese contexto de euforia inversora con definiciones del ministro de Economía que fueron desde las perspectivas del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) a descartar una devaluación o la baja de la inflación y la estabilidad del tipo de cambio, el gobernador redobló la apuesta al asegurar que “el Gobierno tiene que ganar las elecciones” y que “sería lógico” un acuerdo electoral. Todo dicho.
Hay que llenar la bodega
Cornejo cree interpretar el humor social respecto -no solo- a los consolidados niveles de aprobación del Presidente sino a las razones sociológicas de su acompañamiento. Especialmente, respecto al rol del Estado “para que deje de ser un actor que obstruya para convertirse en uno que facilite”. Cambio de época, interpreta; no sólo un cambio de rumbo macroeconómico en el que Mendoza puede ser, otra vez, ese “laboratorio de soluciones” que ejemplificó en el desayuno de la Coviar.
Casi descontada la predisposición de radicales y libertarios para un pacto que la Vendimia apuntaba a plasmar, el problema a resolver en el camino son las resistencias que de uno y otro lado se hacen cada vez más visibles por diversas razones. Sin embargo, si efectivamente el acuerdo Milei-Cornejo se concreta habría poco margen para posturas diferenciadas, esas que hoy expresan algunos dirigentes radicales, el Pro oficial o el Partido Demócrata (PD). Sin la posibilidad de las PASO nacionales recientemente suspendidas, en todo caso, la disputa quedaría para el plano local.
Ante el globo desinflado de una fiesta pensada para incluso anticipar tiempos de las especulaciones nacionales, Cornejo debió conformarse sólo con las buenas intenciones libertarias, alentadoras, que no impiden su concreción en el futuro. De pronto, el cielo se puso negro, y como sucede con el feroz granizo, en poco tiempo desarmó el trabajo político de todo un año.