La traducción en tiempo real dejó de ser una promesa de ciencia ficción para convertirse en una herramienta cotidiana. Pedir la cuenta en un restaurante de Tokio, resolver un trámite en español con alguien en Lisboa o entender a un guía en un museo en Grecia gracias a auriculares o al teléfono ya es posible.
Ahora, con la actualización que hizo Apple sobre de sus Airpods que permiten traducción automática de idiomas gracias a la Inteligencia Artificial, la posibilidad de interactuar con personas que no hablan nuestro idioma se volverá aún más popular.
Existen varios dispositivos que desde hace tiempo hacen lo mismo que los de Apple, pero la popularidad de los AirPods llevará la posibilidad a otro nivel, como ya lo está haciendo Google Meet -una de las plataformas de videollamadas más utilizada en el mundo- que hace poco sumó unos pocos idiomas, entre ellos al español, para ofrecer traducción simultánea.
Embed - Use Google Meet speech translation to connect in near real-time across languages
Sin embargo, la tecnología no es neutra: mejora la accesibilidad y la inmediatez, sí, pero también obliga a pensar qué perdemos cuando la voz humana queda reducida a un sonido sintético donde muchas veces no hay entonación, ambigüedad deliberada o ironía.
Sé que suena a lamento por lo que la tecnología no consigue… aún. Pero, la vertiginosidad de las innovaciones, especialmente de la mano de la inteligencia artificial, es casi abrumadora y lo que hoy es un defecto, mañana será una prueba superada.
La traducción automática nos acerca, pero no nos hace inmunes a los malentendidos. Sirve para salvar distancias cotidianas, para emergencias o para el turismo, pero hay ámbitos -como la diplomacia, los juicios o las negociaciones técnicas- donde seguirán mandando los humanos.
A pesar de esto, para la mayoría de las personas, las herramientas actuales de traducción son suficientemente buenas y no es necesario tener a un experto de la ONU al lado para obtener una respuesta fielmente traducida. Mientras tanto, la carrera por la innovación sigue firme y decidirá qué tan pronto estas herramientas serán verdaderamente “invisibles” y cuánta humanidad se conservará en la voz traducida.