Gaza y el caso Epstein en el lado oscuro de Trump

El jefe de la Casa Blanca sigue tomando medidas que parecen apuntadas a tapar la repercusión y atemperar las consecuencias políticas y judiciales de su oscura relación con Jeffrey Epstein, el millonario pedófilo y su gigantesco negocio sexual con menores en la órbita del jet set.

Reaccionó contra Francia del mismo modo que reaccionó Netanyahu. El gobierno de Estados Unidos repudió el paso que dio Francia al reconocer el Estado palestino y se retiró de las negociaciones para lograr una tregua en Gaza, culpando a Hamás.

Si fuese coherente, Trump habría repudiado también el primer paso que dio Netanyahu para anexionar Cisjordania: hizo aprobar en la Kenesset una moción simbólica que anexa ese territorio palestino.

La más mínima coherencia haría que la Casa Blanca rechace duramente las afirmaciones del ministro israelí de Patrimonio. Amihai Ben-Eliyahu dijo que “toda Gaza será judía”, lo que equivale a anunciar otra anexión, incluida la expulsión de la población nativa, los gazatíes, o sea una limpieza étnica.

Frente a las acusaciones sumamente fundamentadas de que Israel intenta diezmar la población palestina con una hambruna, Ben –Eliyahu dijo que “ningún país alimenta a una nación enemiga”. Una afirmación absurda y cruel. Nadie le exige a Israel que alimente a la famélica población de Gaza. Lo que le exigen es que no obstruya el ingreso de comida y su distribución a través de la ONU y las ONG humanitarias, todas en el blanco de los tanques y misiles de Netanyahu, igual que las escuelas, los hospitales y los hogares gazatíes.

Netanyahu saboteó esa distribución de alimentos y centralizó esa actividad en una entidad cercana a su gobierno. Y cada vez que multitudes desesperadas se aglutinan para recibir una ración de comida, ráfagas de fusiles masacran a decenas de personas.

La primera vez que ocurrió, el gobierno israelí dijo que fue un accidente, un hecho no deseado. Pero al repetirse varias veces, elevando de a cientos las muertes en las aglomeraciones por comida, queda claro que el mensaje de Netanyahu a los gazatíes es que elijan de qué forma morir: de hambre o baleados por intentar comer.

Nada de eso criticó la Casa Blanca, pero no ahorró dureza para condenar el reconocimiento de Francia al Estado palestino.

Por otra parte, el jefe de la Casa Blanca sigue tomando medidas que parecen apuntadas a tapar la repercusión y atemperar las consecuencias políticas y judiciales de su oscura relación con Jeffrey Epstein, el millonario pedófilo y su gigantesco negocio sexual con menores en la órbita del jet set.

La proyección sobre Donald Trump de la sombra del caso Epstein es cada vez más grande y oscura. Quizá por eso ordenó la desclasificación de los archivos sobre el asesinato de Martin Luther King Jr. Los hijos del aquel pastor y activista por los derechos civiles habían mostrado su preocupación de que los apuntes del FBI en esos archivos enturbien la imagen de su padre.

No se trata de un temor absurdo. En los tiempos en que lo dirigía Herbert Hoover, esa agencia de investigación criminal y seguridad nacional evidenciaba tendencias racistas y macartistas, por lo que es posible que en las investigaciones manche con su imparcialidad al líder de la lucha pacífica contra las leyes segregacionistas que imperaron hasta que su lucha y la acción de John Kennedy y su hermano Robert, lograron establecer los derechos de las minorías raciales. Por esos progresos en materia de equidad racial, en 1968 fueron asesinados Luther King en Memphis y Robert Kennedy en Los Ángeles.

Ahora es posible sospechar que Trump reabre el magnicidio del líder de la lucha pacífica de los afroamericanos, con el objetivo de desviar la atención que cada vez se centra más sobre el estrecho vínculo entre el presidente y el millonario que se suicidó en la cárcel donde purgaba su condena por pedofilia y trata de prostitución que incluyó a menores de edad.

Trump había reconocido públicamente su amistad de quince años con Epstein. La sospecha de que también fue cliente de su ilegal negocio sexual con menores viene desde lejos. Pero comenzó a crecer velozmente desde que el presidente rompió su relación con Elon Musk. A partir de esa resonante ruptura, el mega-millonario sudafricano plagó su red social X con fotos de Trump junto a Epstein, en las fiestas de Epstein, con adolescentes de las que reclutaba Epstein y también con Epstein acudiendo a la boda del magnate neoyorquino con su segunda esposa, entre otros eventos organizados por quien hoy ocupa la Casa Blanca.

Esa ola de fotos en la ex twitter, impactó en la sociedad norteamericano y comenzó a provocar resquebrajaduras en el apoyo a Trump dentro del propio Partido Republicano y en sus bancas en el Congreso de Estados Unidos.

No es el único problema del que el presidente necesita apartar el foco de atención, pero es el que, por estas horas, más está inquietándolo.

* El autor es politólogo y periodista.

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