Más allá de las fortalezas ocultas que las PyMES tienen en la batalla por el talento, vale la pena primero tener una mirada introspectiva, sin filtros. La propuesta de "Desconectados", es por un lado mostrar un camino posible, y por otro, sacudir para advertir aquellos factores que, puertas adentro, dinamitan la posibilidad de convertirnos en ese "lugar elegido" para el profesional que busca crecer. Porque si bien las PyMEs poseen un ADN único, también cargan con asuntos internos que, de no ser identificados y gestionados, las dejan fuera de juego frente a la competencia, no solo de las grandes empresas, sino de otras PyMEs que han madurado este asunto.
Si congelamos el factor contexto, que es típicamente hostil, la primera variable que atenta contra la elegibilidad PyME, es la falta de profesionalización en la gestión de personas. Demasiadas veces, el área de Recursos Humanos es una "tarea de alguien" más que una función estratégica. Se delega en un administrativo, en un contador o incluso en el propio dueño, que ya tiene mil frentes abiertos. El resultado es previsible: procesos de selección deficientes, evaluaciones de desempeño inexistentes o arbitrarias, planes de carrera improvisados, y una gestión de salarios y beneficios que dista mucho de ser equitativa o competitiva. ¿Cómo pretendemos atraer al mejor talento si no tenemos un proceso claro y profesional para identificarlo, incorporarlo y desarrollarlo? El talento, especialmente el que vale, se da cuenta de estas falencias rápidamente y migra hacia donde hay mayor estructura y previsibilidad.
Ligado a esto, emerge la resistencia al cambio y la aversión al riesgo. Muchas PyMEs, orgullosas de su trayectoria, caen en la trampa del "siempre se hizo así". La innovación, la incorporación de nuevas tecnologías, la adopción de metodologías de trabajo más modernas, o incluso la simple idea de delegar responsabilidades, pueden ser vistas con recelo. Esto no solo genera estancamiento interno, sino que envía un mensaje claro al talento externo: "Aquí no hay espacio para la novedad". El profesional de hoy busca entornos dinámicos, que lo desafíen, que le permitan experimentar y proponer. Un ambiente que se aferra al pasado es, para ellos, un pasaporte al aburrimiento y la obsolescencia.
Otro punto ciego crucial es la falta de claridad en la comunicación interna y la informalidad excesiva. Si bien la cercanía es una ventaja de las PyMEs, la informalidad puede convertirse en caos. La ausencia de roles y responsabilidades claras, la falta de canales de comunicación efectivos, o la toma de decisiones por "decir de pasillo" genera incertidumbre y frustración. El talento valora la transparencia, la posibilidad de saber qué se espera de él, dónde está parado y cómo puede crecer. Cuando la información fluye de manera errática o se oculta, la confianza se erosiona y el compromiso decae.
La cultura de la "omnipotencia del dueño" es, quizás, uno de los factores más arraigados y perjudiciales. En muchas PyMEs, el fundador o los directores mantienen el control absoluto sobre todas las decisiones, limitando la autonomía y la capacidad de propuesta de sus equipos. Esto no solo desmotiva al talento, que busca espacios para la proactividad y el liderazgo, sino que además frena el crecimiento de la propia empresa. Si el dueño es el único cuello de botella, la PyME jamás podrá escalar. El talento busca ser parte de algo más grande, tener voz y voto, y sentir que sus ideas son valoradas. Cuando eso no sucede, el horizonte de la PyME se achica a la medida de quien la dirige.
Finalmente, la ausencia de un plan de desarrollo y crecimiento para el talento es un auto-gol. Es cierto que las PyMEs no pueden ofrecer las mismas carreras corporativas que una multinacional. Pero eso no significa que no puedan proponer un camino de crecimiento. La falta de planes de capacitación, de oportunidades de asumir nuevas responsabilidades, de mentorías internas o externas, o incluso de proyecciones a futuro, hace que el talento, una vez que siente que tocó techo, busque horizontes más amplios. El profesional hoy no solo busca un empleo, busca un proyecto de vida que incluya su desarrollo profesional continuo. Si la PyME no lo provee, simplemente lo buscará en otro lado.
“Desconectados. Cuánto conocen las pymes a los talentos. Cuánto saben los talentos sobre las Pymes”, es una invitación a la reflexión profunda. La capacidad de una PyME para competir por el talento no pasa solo por lo que ofrece hacia afuera, sino por lo que construye y gestiona puertas adentro. Reconocer estas falencias internas es el primer paso, el más valiente, para dejar de ser una opción "más" y transformarse en ese "lugar elegible" donde el talento no solo quiera entrar, sino que desee quedarse y crecer junto a la empresa. El espejo está puesto. Ahora, el desafío es mirar, aceptar y, sobre todo, actuar. En particular cuando hay consciencia del desafío: un 94% de las pymes dice que tiene argumentos no explotados para competir por el talento.
* El autor es director de Prolugus. Autor de libro "Desconectados".