Toda persona -como todo ser viviente vegetal o animal- que llega a nuestro mundo lo hace por medio de otras/os que nos anteceden y que son mediadores de vida; personas que, a su vez, provienen de agrupaciones de personas: familias, tribus, comunidades, sociedades. Nadie ha llegado por sí mismo o por generación espontánea. Somos individuos por gracia y medio de otros: tanto para llegar como para desarrollar nuestras vidas.
A medida que -con el paso del tiempo, la experiencia y la autoconciencia- la humanidad ha ido desarrollándose (corporal, anímica y científicamente) ha adquirido nuevas formas de vivir asociados y comunicados, ya sea en lo personal como en el campo de las relaciones socio-económico-políticas.
Hoy, para muchos, las palabras: individuo, habitante, persona, ciudadano/a, son sinónimos. ¿Lo son, en verdad? En mi opinión, y de acuerdo a la psicología y a la sociología, no lo son.
"Persona" agrega que ese individuo es un ser pensante y consciente de lo que es, de lo que hace y quiere; que, por lo tanto, debe ser respetado en esto que es, piensa, quiere y hace. "Ciudadano/a señala que esa persona vive junto y en medio de otras con las que se relaciona para vivir y complementarse, estableciendo reglas de convivencia -con derechos y deberes- a fin de no entorpecerse mutuamente y de lograr una vida buena y armónica entre todos.
Llegar a ser ciudadanos o adquirir 'la ciudadanía' no es -ni mucho menos- el hecho de tener en nuestras manos el documento que nos habilita para ir a votar y elegir a nuestros representantes.
"Ciudadanía" es el proceso histórico-social que capacita a la masa humana para forjar condiciones de conciencia, de organización, de elaboración de un proyecto y de prácticas en el sentido de dejar de ser "masa" y de pasar a ser "pueblo", como sujeto histórico plasmador de su propio destino.
Y, si bien lo expresado anteriormente es aceptado por todos, "de la palabra al hecho hay un gran trecho" según expresa la sabiduría popular.
En nuestra Nación, en los comienzos de la implementación de la democracia y de la ciudadanía -descartada la llamada "década infame" y los sucesivos golpes militares- dos proyectos que se autotitulan ciudadanos y populares, han pugnado (y pugnan) por ser sus representantes autorizados y emblemáticos.
* Uno es el proyecto de los adinerados -antiguos y nuevos- articulados con las corporaciones transnacionales que quieren una Argentina menor, que no supere un máximo de 30 millones de habitantes, ya que así, creen, sería posible administrarla en su beneficio, sin mayores preocupaciones.
Los restantes millones de habitantes... que se fastidien, pues se habituaron desde siempre a vivir en la necesidad y a sobrevivir como pudieran.
* El otro proyecto, asumido conscientemente por pocos, quiere construir una Argentina para todos, pujante, autónoma, y soberana frente a las presiones de las potencias militaristas que pretenden establecer un imperio del tamaño del planeta y vivir de la rapiña de las riquezas de los otros países. Esas potencias se asocian con las élites nacionales, que han estado detrás de todos los golpes militares e institucionales. Esas élites aceptan ser socios menores, a cambio de ventajas por su alineamiento con el proyecto-mundo.
¿Entonces?
En primer término, sería muy bueno que cada ciudadano/a se preguntara, en conciencia, si, en la Argentina de hoy, se siente y actúa como tal: viviendo en respeto e interrelacionado con los otros; realizando bien la vocación, profesión o tareas que ha elegido; reclamando sus derechos sin olvidar que su reclamo es falso e inútil en la medida en que no cumpla con sus propias obligaciones y responsabilidades; no haciendo ni deseando a otros lo que no queremos que nos hagan o deseen hacer.
Recordar, en la vida de cada día, algo que se dice pero poco se practica: todos los ciudadanos/as "somos iguales ante la Constitución y las Leyes": seamos ciudadanos de a pie, jueces, legisladores o gobernantes, ricos o pobres, mujeres u hombres. No deberían existir las "castas y la servidumbre". Pero, a cada paso tropezamos con ¿ciudadanos/as? que no solo se sienten superiores a otros sino que esto lo practican con toda impunidad: por los "acomodos y la viveza criolla", porque apoyan al poder de turno, porque tienen "varios palenques donde rascarse", porque, porque…
A estas alturas, muchos comprobamos que la política se ha mimetizado con la publicidad y las transacciones: por poco, nos prometen el paraíso "ya", pero al analizar la "letra chica" advertimos que hemos sido estafados y que ellos hacen y deshacen "a gusto y placer", porque siempre hay algún "carancho" que los hace salir airosos. Para muestra: pregunten y observen quienes conforman la inmensa mayoría de los que pueblan nuestras cárceles.
Sabemos que la verdadera política es un "servicio". Un servicio a la comunidad para que podamos vivir dignamente e intentar alcanzar las metas de una sociedad que merezca el nombre de tal. La "politiquería" es la mala política, la política de los intereses de quienes tienen poder o riqueza (o ambas), la política de los acuerdos bastardos para ganar una elección o para permanecer en el poder. Para muestra: analicen el proceder de los partidos políticos en las recientes PASO.
Deseo terminar proponiendo algunas frases recientes del Papa Francisco:
"Trabajar todos juntos por el bien común. Ésta es la base del buen gobierno".
"Una política que no sea ni sierva ni dueña, sino amiga y colaboradora. No temerosa, sino responsable y, por lo tanto, valiente y prudente a la vez".
"Que haga crecer a las personas, que no deje en los márgenes a algunas categorías, que no saquee los recursos naturales".
"Éste es el rostro auténtico de la política y su razón de ser. Una noble forma de caridad".
"Exigir a los políticos coherencia, rectitud moral, capacidad de iniciativa, paciencia y fuerza. Asumiendo la perspectiva del bien común y rechazando cualquier forma de corrupción".
"Cuando el político se equivoca, que tenga la grandeza de ánimo de decir: me he equivocado. La varita mágica no funciona en política".
"El buen político siempre termina por ser un mártir al servicio de los demás".
Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.