La estrella de mar girasol, considerada el "Sasquatch del mar", ha reaparecido en las costas de California tras diez años de ausencia. Este animal, que puede alcanzar el metro de ancho, es fundamental para el equilibrio ecológico marino. El hallazgo de dieciocho ejemplares adultos en Sonoma reabre la esperanza para estos ecosistemas.
La Pycnopodia helianthoides destaca por su anatomía particular. Posee entre 16 y 24 rayos dispuestos en forma de corona, similar a los pétalos de un girasol. Su tamaño iguala la estatura de un niño de tres años y se desplaza por el fondo marino a un ritmo de casi un metro por minuto.
Un depredador veloz con dimensiones de un niño pequeño
Este animal actúa como guardián de los bosques de algas kelp. Su función principal es depredar a los erizos de mar, impidiendo que estos consuman la vegetación submarina sin control. Entre 2014 y 2016, una enfermedad bacteriana y el calentamiento de las aguas eliminaron al 90% de estas estrellas, provocando una sobrepoblación de erizos que devastó el ecosistema.
Las selvas de kelp son vitales porque ofrecen refugio a cientos de especies, desde nutrias hasta tiburones. Además, estos vegetales marinos absorben grandes cantidades de dióxido de carbono, colaborando directamente en la lucha contra el cambio climático. La desaparición de la estrella girasole dejó estas áreas vulnerables a la desertificación biológica causada por los erizos.
Tecnología eDNA y expediciones para la recuperación del ecosistema
La reciente expedición denominada "Pycnopalooza" localizó dieciocho ejemplares adultos en la costa de Sonoma. Los científicos de la Universidad Estatal de Sonoma y la tribu Kashia Pomo utilizaron tecnología de eDNA para detectar rastros genéticos en el agua. Este método permite confirmar la presencia de la especie sin necesidad de avistamientos visuales directos en zonas profundas.
El hallazgo de especímenes grandes sugiere que existe una densidad suficiente para la reproducción natural. Paralelamente, se están criando estrellas en acuarios que muestran resistencia a la bacteria Vibrio pectenicida, identificada en 2025 como la responsable de su desaparición masiva. El objetivo es reintroducir ejemplares sanos para restaurar el equilibrio perdido en el Pacífico.