Hace algunos días, el Senado de la Nación le dio media sanción a la aprobación de un acuerdo de complementación firmado por Cristina Fernández con su par de China, que implica una serie de concesiones, casi unilaterales, que benefician al gigante asiático.
Para el gobierno, este acuerdo fue parte de una negociación que incluyó la operación de préstamos de divisas que recientemente reforzaron las reservas del Banco Central, pero también la demorada construcción de las represas y centrales eléctricas que se construyen en Santa Cruz.
Este convenio ratificado permite a las empresas chinas participar con las mismas preferencias que lo pueden hacer empresas de países que acuerdos similares tiene con la Argentina. Pero también abre la posibilidad para contrataciones directas, preferencias que podrían generar dudas acerca de nuevos actos de corrupción.
En realidad, China, a pesar de haber disminuido su ritmo de crecimiento, es el país con mayor disponibilidad de capitales excedentes, que se dedica a sacar al mundo. Esos capitales están destinados a comprar tierras aptas para cultivos para auto abastecerse a futuro de alimentos o disminuir al máximo su dependencia de terceros proveedores.
Lo que es notable apreciar es lo poco que nuestra clase dirigente sabe de China pero, además, las diferencias de método. China se moviliza en función de una planificación de largo plazo, mientras que nosotros vamos “sacando el día”, sin ideas pero cargados de ideologías vacías de fundamentos prácticos.
De la misma manera, muchos se preguntaban en estas semanas qué tendrá que ver Rusia con nosotros cuando se trataba de evitar la baja en el precio de las naftas. Lo mismo se habrán preguntado muchos rusos cuando les explicaban que el petróleo bajaba por la revaluación del dólar en el mundo y eso les generaba una devaluación del 50% de su moneda.
Argentina viene perdiendo el tiempo detrás de absurdas posiciones que se cargan de frases de cliché ideológico pretendiendo tener una autonomía que nadie puede esgrimir en un mundo interconectado. Lo peor es que la propuesta es ignorar lo que ocurre en el mismo mundo al que queremos venderle y debemos comprarle. Al mismo mundo del cual buscamos inversores a los que les negamos la posibilidad de sacar las ganancias que obtengan.
El mundo está lleno de amenazas pero también repleto de oportunidades. No es cerrándose e ignorando al mundo como un país progresa.
Es integrándose y afrontando las reglas de juego la forma de crecer. China, Rusia y los países árabes son parte de un mundo con más proteccionismo al cual no hay que ponerle ideología sino estrategia de lago plazo.
Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes