21 de junio de 2018 - 00:00

¿China no quiere o no puede dar el knock out al orden mundial? - Rodolfo Vacarezza

En el orden internacional actual, caracterizado como uni-multipolar, se destacan los Estados Unidos como el poder que impone las reglas de juego, pero declinante y contenido por otros actores y poderes emergentes, entre ellos China.

En ese estado de cosas, el gigante asiático se ubica como segunda potencia económica mundial, pero ¿cuánto tiempo tardará en ocupar el primer lugar? ¿Quiere Pekín efectivamente sustituir a Washington en el rol de primera potencia? ¿Qué papel juegan las instituciones internacionales?

Estos interrogantes nos guiarán en la reflexión.

Todo indica que China seguirá creciendo en forma sostenida y expandiendo su capitalismo por el mundo. Entonces, descartado en el horizonte cercano turbulencias políticas internas (fin del monopolio del Partido Comunista) y la ocurrencia de una "crisis financiera" -aunque existen serias alarmas-, el "tiempo" para ocupar el sitial de honor "ceteris paribus", es cierto: dos o tres décadas.

En realidad debemos hablar de si los Estados Unidos tienen tiempo suficiente para revertir la tendencia. En tal sentido, la administración Trump dio, lo que creemos son, las primeras señales: fin del libre comercio y el multilateralismo como premisas absolutas de política exterior, revisión de tratados, repatriación de industrias, etc.

Pero como el sistema económico mundial se aúpa en la interdependencia y la globalización, esa transición internacional será un intento de "corregir" las fuerzas de la globalización (¿se pueden corregir?), para que, sin derrumbar el orden económico mundial ni al contrincante, los Estados Unidos mantengan su sitial.

Tampoco será un "juego de dos", otros actores y procesos están involucrados.

Baste recordar, para ejemplificar la complejidad del asunto, la fuerte interdependencia de sus mercados; que China es el mayor acreedor de la deuda soberana norteamericana; los efectos mundiales de una devaluación/revaluación del dólar o el yuan, etc. 
Es que el mundo de hoy es "una sola economía".

Respecto a lo segundo, parece que Pekín no quiere, por el momento, asumir esa posición. Para ser la primera potencia debería unir a su pujante economía un poder militar convencional, capaz de proyectarse en cualquier rincón del planeta. El rol de primera potencia mundial conlleva responsabilidades y costos y los Estados Unidos los asumen como el garante militar del orden internacional.

Hoy Pekín se conforma con intervenir en su espacio inmediato (mar del sur de la China y sus islas) para proteger las vías marítimas de su actividad comercial.

Baste aquí el ejemplo del conflicto en Siria, donde China ha sido un actor secundario y de Corea del Norte -su pupilo-, que se muestra cada vez más rebelde.

El arsenal nuclear chino le permitió ser parte del Consejo de Seguridad de la ONU, pero no le permite proteger sus intereses económicos.

Pero tampoco se advierte la aparición pública de justificaciones político-filosóficas para un "imperialismo chino", del tipo de "destino manifiesto", "nación indispensable", y cosas por el estilo.

Al tercer interrogante, el "derecho a veto" que tiene China en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas le resulta suficiente para participar en las decisiones en materia de seguridad internacional más trascendentes.

El problema está en los organismos financieros internacionales nacidos del acuerdo de Bretton Woods: FMI, Banco Mundial, etc., y en la Organización Mundial del Comercio.

Respecto a lo primero, esos organismos no encajan bien con la situación actual, porque los mismos fueron creados bajo la primacía absoluta del dólar y de los Estados Unidos.

Hoy China pone el acento en la financiación de los mismos, la incorporación del yuan entre las monedas que se utilizan para calcular los Derechos Especial de Giro de sus miembros, etc. Pero fundamentalmente quiere buscar fuentes alternativas de financiación de sus proyectos de desarrollo e infraestructuras.

Respecto a lo segundo, desde su ingreso a la OMC aceptó las reglas, restricciones y estándares para un "comercio justo". No obstante, al sistema le resulta difícil encauzar la monumental fuerza laboral china en términos de costos, equidad y justicia.

Relacionado con todo lo anterior está la identificación en 2001 de China como parte de los BRICs (junto a Brasil, Rusia e India), es decir aquellas economías emergentes que por su escala pronosticaban altas tasas de retorno a las inversiones (era una medición, luego devenida en una concertación de políticas exteriores), hoy un poco devaluada y que según los expertos no se proponía derrumbar el orden internacional vigente, sino adaptarlo a las nuevas realidades, en especial la representatividad de esos países en la ONU y la adaptación de los organismo financieros internacionales.

Por lo dicho, creemos que China no puede y no quiere por el momento "liquidar" el orden actual. Está a gusto -siguiendo el horóscopo chino- con el "año del perro", mientras espera pacientemente y construye la "era del Dragón".

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