Europa mantiene sus reservas respecto a los planes de la nueva ruta de la Seda de China. ¿Es simplemente un camino hacia la prosperidad o un intento disfrazado de expansionismo chino?
Europa mantiene sus reservas respecto a los planes de la nueva ruta de la Seda de China. ¿Es simplemente un camino hacia la prosperidad o un intento disfrazado de expansionismo chino?
Dependiendo de a quién se le pregunte en Europa, el colosal programa de infraestructura este-oeste de China es una oportunidad o una amenaza, y cuando el presidente francés, Emmanuel Macron, visite desde el próximo domingo Pekín, estará atento para ver qué tan entusiasta es sumarse a la iniciativa.
Desde que China lanzó el plan de la nueva Ruta de la Seda en 2013, el proyecto enormemente ambicioso de conectar Asia y Europa por carretera, ferrocarril y mar ha suscitado tanto un enorme interés como una considerable ansiedad.
El proyecto de 1 billón de dólares se anuncia como un renacimiento moderno de la antigua Ruta de la Seda, que desde el siglo I de la era cristiana transportaba telas, especias y una gran cantidad de otros productos en ambas direcciones.
El plan prevé construir nuevas redes de rutas y ferrocarriles a través de Asia Central y más allá, y nuevas rutas marítimas que se extenderían a través del Océano Índico y el Mar Rojo.¨

Pekín desarrollaría carreteras, puertos y líneas ferroviarias a través de 65 países que representan una estimación del 60 % de la población mundial y un tercio de su producción económica.
Hasta ahora, Francia ha sido cautelosa sobre el plan de la Ruta de la Seda. Pero los líderes chinos están esperando una posición clara de Macron en su apoyo, porque ven al joven líder como un “ que ven al joven líder como un “motor de crecimiento en Europa”.
Sin embargo, Europa está dividida sobre qué hacer con las ambiciones de China.
El continente podría potencialmente beneficiarse generosamente del aumento del comercio en las próximas décadas, pero en algunos rincones existe la sospecha de que enmascara un intento de incrementar la influencia de Pekín. En Europa Central y Oriental, el programa se ha reunido con más entusiasmo, dada la enorme inversión en infraestructura que China podría aportar al extremo más pobre del continente.
“Algunos consideran el despertar de China y Asia como una amenaza”, dijo el primer ministro húngaro, Viktor Orban, en una cumbre en Budapest en noviembre que reunió a China con 16 países de Europa Central y del Este. “Pero, para nosotros -agregó- es una gran oportunidad”, dijo. Alemania, la economía más grande de Europa, es favorable a la inversión china, pero tiene reservas. “Si no desarrollamos una estrategia frente a China, logrará dividir a Europa”, advirtió el ministro de Asuntos Exteriores, Sigmar Gabriel.