Los genes determinan aproximadamente la mitad de la variabilidad en la inteligencia de los chimpancés mientras que los factores ambientales explican la otra parte, según el primatólogo William Hopkins y sus colegas del Centro Nacional de Investigación de Primates Yerkes, en Atlanta.
Las investigaciones sobre aprendizaje animal se han enfocado casi por completo en el aporte del ambiente. Durante gran parte del siglo XX, los científicos creían que los animales eran como robots, con comportamientos predecibles basados exclusivamente en señales ambientales, como premios y castigos. Este nuevo estudio se suma a la creciente evidencia de que los animales no son máquinas pasivas sino más bien agudos entes pensantes activos.
Estudios en humanos han producido estimaciones similares al estudio de los primates, sugiriendo que la inteligencia es aproximadamente 50 por ciento heredable. Pero el desarrollo humano está fuertemente influido por factores culturales, como sistemas de educación formal, por lo que la naturaleza y la crianza son difíciles de separar, señala Hopkins.
Siendo de los parientes más cercanos de los humanos, apunta Hopkins, “los chimpancés ofrecen una forma más simple de abordar esa cuestión”.
Los chimpancés pueden ser sorprendentes en sus habilidades cognitivas, afirma Hopkins. Hace varias décadas, un chimpancé que Hopkins estudiaba descubrió que podía ver video de él mismo en tiempo real en un monitor de TV cercano. Una cámara de video registraba las acciones del chimpancé -llamado Austin-; abrió grande la boca para verse los dientes, pero no los podía ver bien. “Así que se fue a buscar una linterna y se iluminó la boca para ver más al fondo de la garganta”, recuerda Hopkins.
Austin fue el chimpancé más inteligente con el que se topó Hopkins. Pero también detectó mucha variabilidad entre los animales. “Cuando se está trabajando con ellos todo el tiempo, definitivamente formas ciertas opiniones sobre si crees que son inteligentes o no”, explica.
Para determinar cuánta de esa variabilidad se debe a la genética, Hopkins y su equipo evaluaron las habilidades cognitivas de 99 chimpancés en cautiverio. Usaron una batería de 13 pruebas para medir varias manifestaciones de inteligencia, como la forma en que los animales manejaban el mundo físico, cómo reaccionaban al sonido y cómo usaban herramientas.
El grupo de chimpancés estudiados tenía un extenso árbol genealógico, desde hermanos directos hasta primos en cuarto y quinto grados. Esto permitió a los investigadores calcular qué tan bien se alineaban las puntuaciones en características cognitivas con la conexión genética.
Dos categorías de tareas fueron significativamente heredables: las relacionadas con la cognición espacial, como aprender ubicaciones físicas, y las que requerían cognición social, como captar la atención de una persona. Algunos chimpancés son bastante astutos, haciendo sonidos de besos o aplaudiendo las manos para captar la atención del experimentador, indica Hopkins. “Ésta es una verdadera medida de inteligencia y comportamiento innovador”, considera.
El desempeño en ambos tipos de tareas no se correlacionó con el sexo ni con si los chimpancés fueron criados por sus madres o por cuidadores humanos, encontraron los investigadores.
El descubrimiento apoya la así llamada hipótesis de cerebro social, que postula que la inteligencia humana evolucionó porque ayudó a nuestros ancestros a manejar relaciones en grupos grandes y complejos, explica Hopkins.
Que el estudio encontrara que la cognición espacial es heredable también tiene sentido, señala Josep Call, un psicólogo comparativo de la Universidad de St. Andrews, en Escocia, que no formó parte del estudio. “Pensar en el espacio es extremadamente importante para un número de animales. Es evolutivamente antiguo”, destaca.
Desconcertantemente, empero, el estudio encontró que otras habilidades cognitivas, como entender la causalidad y el uso de herramientas, no son particularmente heredables. “¿Por qué lo encuentran para el espacio, por qué lo encuentran para la cognición social, pero no lo encuentran para el uso de herramientas?”, se pregunta Call. La habilidad para usar herramientas, después de todo, también hubiera sido una habilidad importante para sobrevivir.
El ambiente importa
Aunque Hopkins y sus colegas encontraron un fuerte componente genético en la inteligencia de los chimpancés, hubo efectos igualmente fuertes de las influencias ambientales que son maleables con el tiempo.
Estos resultados son similares a los de estudios en humanos, señala Ajit Varki, un profesor distinguido de medicina de la Universidad de California, San Diego, que no formó parte del nuevo estudio.
Lo que es más, el poder del ambiente podría ser subestimado en estudios como éstos, considera Varki. “En el empobrecido y estereotipado ambiente del cautiverio de largo plazo”, agrega, “la influencia crítica de la variabilidad ambiental podría verse marcadamente mitigada”.