17 de septiembre de 2017 - 00:00

Chile y Mendoza: un histórico sentimiento de hermandad

Las relaciones entre Chile y las Provincias Unidas del Río de la Plata, y especialmente con Mendoza, fueron fundamentales en el desarrollo del proceso de independencia de la corona española.

Ello se debió a que los gobiernos autonomistas de Buenos Aires y de Santiago debían enfrentar la dura oposición de Fernando de Abascal, virrey del Perú, y también a que la suerte que militarmente corriera Chile, especialmente a partir de 1813 cuando se iniciaron las campañas de la Patria Vieja, resultaba vital para las Provincias Unidas, como lo demostraron los hechos posteriores.

En efecto, la derrota militar sufrida en Rancagua en octubre de 1814 no sólo tuvo como corolario el término de la Patria Vieja y el inicio de la Restauración de la Monarquía en Chile, sino que también implicó un grave peligro para el territorio trasandino pues éste quedó expuesto a un ataque desde su flanco oeste. La intención del Virrey era que las tropas del ejército real, una vez pacificado Chile, cruzaran la cordillera y avanzaran sobre el territorio cuyano al mismo tiempo en que se atacaría a los revolucionarios porteños en la zona del Alto Perú, la actual Bolivia. Con ello se pretendía liquidar la revolución iniciada en mayo de 1810.

La sensación de peligro que se generó tras el desastre de Rancagua también tuvo una faceta más humana, pues provocó que se hiciera presente un sentimiento de hermandad que era histórico: la región de Cuyo había formado parte de Chile hasta 1776 y los lazos familiares y comerciales que existían eran importantes. Muchos chilenos cruzaron la cordillera, aún nevada, para arribar a Mendoza en busca de auxilio. Mujeres, ancianos, niños, artesanos, militares y figuras relevantes de la revolución, recibieron allí la más elemental ayuda humanitaria y, también, alojamiento y trabajo. Así se revitalizaron antiguos lazos y se forjó una nueva unidad.

Paralelamente el gobernador intendente de Mendoza, el Coronel José de San Martín, también inició la preparación del Ejército de los Andes, aunque éste, formalmente, sólo será creado en 1816. El peligro de invasión desde Chile era algo real y San Martín actuó rápidamente poniendo fin a la división entre los exiliados O’Higginistas y los Carrerinos y se aprestó a defender el territorio puesto a su cuidado.

Un grupo de refugiados chilenos se colocó a sus órdenes y colaboró en sus planes. San Martín no pretendía ponerse a la defensiva sino que sostenía que debía atacarse al enemigo en su propio centro de poder político y económico. Debía crearse un ejército que cruzara la cordillera, se impusiera a los realistas en Chile y luego, reforzado, partiera hacia Lima, el corazón español en la parte sur de Sudamérica.

Ello no era fácil en ninguna de sus dos etapas. Basta con pensar que en la primera de ellas, la que condujo a la independencia de Chile, había que contar con alrededor de 5 mil hombres a los que se debía adiestrar, armar y preparar no sólo para atravesar los montes, sino para combatir. Reunir soldados, animales, pertrechos de todo tipo, incluyendo puentes de cordel para cruzar los ríos en caso de necesidad, municiones, armas, etc., fue una tarea titánica. En el campamento de El Plumerillo se hizo realidad lo que para muchos parecía imposible.

O’Higgins colaboró arduamente con la labor de San Martín y ambos empezaron a desarrollar una honda amistad que se proyectó en el tiempo. También el Cabildo de Mendoza hizo lo propio, respondiendo a todos los requerimientos que se le hicieron. La provincia completa, y también el gobierno de Buenos Aires, se pusieron al servicio de esta empresa. Mal que mal, la libertad de Chile era un beneficio para el Río de la Plata pues se consolidaría su independencia proclamada en 1816 y se reactivaría el comercio con Chile.

Finalmente, en enero de 1817 una verdadera máquina bélica se puso en marcha. El plan de San Martín empezaba a concretarse y seis columnas emprendieron el cruce andino. Sus destinos parecían lejanos pero, día a día, se acercaban más y más. Las primeras victorias obtenidas en Achupallas (Putaendo), Guardia Vieja y Las Coimas forzaron a los realistas a abandonar el valle de Aconcagua. Al mismo tiempo, los soldados del rey, al verse atacados en la zona del río Maule, empezaron a desplazarse hacia Santiago.

El 12 de febrero se logró la victoria en Chacabuco. El país empezó a ser verdaderamente independiente gracias al esfuerzo militar argentino y el 5 de abril de 1818 eso fue ratificado en Maipú por dos ejércitos: aquél formado en Mendoza y el otro, el renaciente Ejército de Chile.

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