17 de agosto de 2013 - 22:57

Chalo Tulián, la escultura desde una genial perspectiva

Es uno de los grandes escultores de nuestro país. Ha ejercido la docencia en México, en las universidades Iberoamericana y Autónoma de Puebla y en el Instituto de Artes Visuales de la misma ciudad. Ha expuesto y participado de simposios internacionales en

Juan Carlos Tulián es una de las grandes figuras del arte de nuestra provincia y el país.

Desde la escultura ha forjado un camino de premios y grandes reconocimientos. Desde el día en que nació comenzaron a llamarlo “Chalo”, en homenaje al médico que lo trajo al mundo. La historia de un artista con todas las letras que muy pocas veces ha vendido su obra.

-¿Desde chico tuvo relación con el arte?

-Desde niño tuve la necesidad de soñar y fantasear con formas y objetos. Pero nunca supe que eso tenía que ver con la escultura.

-¿Dibujaba?

-No, eso fue más adelante. Pero de niño, cuando tenía 3 o 4 años, tenía la necesidad de combinar objetos e ideas. Era como encontrar un balde y ponerlo arriba de otro objeto y transformarlo en un animal, por ejemplo. Fantaseaba.

-¿Eso era algo que expresaba todo el tiempo en su niñez?

-Totalmente, pero yo no sabía por qué sucedía. Ese fue el inicio de un lenguaje que desarrollé cuando fui más grande.

-¿Nació en San Juan?

-Sí, claro. Allá viví de niño y hasta después de mi adolescencia.

-¿Qué estudió en la universidad?

-En el secundario me habían regalado un juego de química y me gustaba mucho hacer fórmulas y demás. Creí que eso era el despertar de una vocación y entonces decidí estudiar Ingeniería Química. Todo esto en San Juan. En esa época había empezado a modelar con barro. También dibujaba y pintaba, pero sin saber que eso era arte. Nunca había tenido un libro de arte en mi casa.

-¿Terminó la carrera de Ingeniería Química?

-Estuve hasta tercer año, en ese momento me tocó el servicio militar y recapacité un montón sobre lo que quería hacer. Ahí saqué la conclusión de que Ingeniería no era lo mío. Al tiempo empecé Arquitectura e hice dos años. Después de eso me vine a Mendoza. Buscaba un cambio, tenía 22 años.

-¿Empezó a estudiar arte?

-Claro, empecé a estudiar arte en la Universidad Nacional de Cuyo. Al lado de la escuela de Artes Plásticas estaba la de Cerámica, entonces estaba en los talleres de arte y además me metía a ver lo otro. Ahí también me hice ceramista.

-¿En Artes Plásticas se recibió?

-Fue mi tercera carrera y tampoco pude terminarla porque me echaron. Cuando vino el golpe militar me sacaron de la facultad. Primero me sacaron como docente, ayudaba en una cátedra. Y luego como alumno. Me expulsaron. Fue una categoría superior a la de mis compañeros, a los cuales habían suspendido (risas).

-¿Qué hizo ahí?

-Armé un taller y me puse a dar clases, como para sobrevivir. Después también trabajé en una fábrica de cerámica. Lo malo es que fui una persona muy perseguida. La policía me paraba y me revisaba casi todos los días. Sufrí mucho por eso. Muchos amigos eran detenidos. Yo estaba muy angustiado y enojado con la situación del país.

-¿Decidió irse?

-Apenas mi mujer terminó su carrera nos fuimos a México. Se recibió y nos fuimos a los tres días. Primero fuimos al Distrito Federal. Y al tiempo un día nos invitaron a comer a la casa de unos amigos en Puebla.

Al regreso nos miramos con mi esposa y le pedimos al amigo que nos llevaba que nos dejara ahí, que íbamos a quedarnos en Puebla. Nos bajamos con el bolsito que traíamos. Al ratito nuestro amigo volvió en su auto y nos preguntó si era cierto que íbamos a quedarnos…   y le dijimos que sí (risas).

-¿Y qué hicieron?

-Teníamos algunas direcciones de gente amiga y nos aguantaron un par de noches. Y rápidamente fuimos a buscar trabajo a un instituto de arte que había en la ciudad. Fuimos temprano en la mañana y nos dijeron que empezaba a la tarde, pero nos quedamos esperando hasta que llegó el director y nos presentamos.

Este señor se puso a ver nuestros currículums y nos tuvo hasta las 9 de la noche. Antes de irse me ofreció a mí dar Grabado y a mi mujer Dibujo. Ahí arrancamos. Y a los pocos días me presenté en un concurso en la facultad de Arquitectura de Puebla y lo gané. Habíamos llegado hacía poco tiempo y todo marchaba muy bien.  Nos quedamos hasta 1987 y recién ahí decidimos regresar al país. Fue una muy buena experiencia.

El artista

-¿Se acuerda dónde fue su primera exposición?

-Mi primera exposición individual fue en el Sindicato de Prensa. Ahí había una galería. Fue una exposición de pinturas. En esos primeros tiempos estaba en muchas exposiciones colectivas. Había muchos artistas. Mi gran maestro, el que me enseñó a vivir, soñar y pintar, fue Ángel Olivera. Era una persona fantástica. Era profesor mío de la facultad. Él me guió en la vida.

-¿Cuándo empezó a hacer esculturas?

-Fue en México, en la primer casa que alquilamos en Puebla. Dejé una habitación para armar mi taller y arranqué formalmente con la escultura. Digo formalmente porque cuando vivía en Mendoza ya había hecho algunas cosas. En aquel momento, en México, comencé a trabajar con yeso primero y luego con madera. También me conecté con fundidores de metal. Ahí empezó todo digamos.

-¿Pero en el camino eligió la escultura con madera?

-Sí, pero todo muy circunstancial. De chiquito yo jugaba con madera.

-¿Cómo ha sido ser arista en una provincia como Mendoza?

-Yo tengo el orgullo de haber sido un artista muy valorado en Buenos Aires, pero habiendo estado siempre en Mendoza. Todos los premios que me dieron allá fue por mis trabajos realizados acá.

-¿Cuál es el premio más importante que ha recibido?

-El Gran Premio de Honor del Salón Nacional. Recién a partir de ese momento me di cuenta de que podía decir que era escultor. Ese fue mi reconocimiento público.

-¿Es fácil decir que es artista

?

-Todavía hoy es complicado. Yo en mi casa trabajé mucho tiempo al aire libre y la gente pasaba y me preguntaba qué estaba haciendo. O cuándo, dónde y en cuánto se vendían las cosas. Nunca supe qué decirles.

-¿Vende sus obras?

-Nunca pensé en hacer algo para que luego fuera vendido. Yo no vendo mi obra. Muy esporádicamente algo muy pequeño. Yo siempre he invertido mucho en esto. Pero siempre en búsqueda de la felicidad. Nunca estuve interesado en vender. Igual el hecho de no vender es algo difícil de explicar. Algunos creen que es mentira o que oculto cosas.

-¿Y no se acerca gente a querer comprarle obra?

-No, no ha pasado eso. Yo no hago mi producción para vender. Además no son piezas muy comerciales. Muchas veces son muy agresivas. Las formas, los tamaños y hasta los nombres no son muy vendibles. Además nunca tuve la necesidad de adaptarme a un gusto de alguien para hacer una escultura. Hay gente que vive de esto y yo los respeto mucho.

Sobre todo a los que trabajan para vender. Ahí hay que hacer el malabarismo de complacer a quien viene a comprar. Lo mío es otra cosa, yo lo hago por impulso. Es un impulso casi salvaje que no se puede contener. Y no es algo momentáneo, son ideas que llevan mucho tiempo.

-¿Cuánto tiempo dedica a la escultura?

-Hasta hace unos años trabajaba un par de horas todos los días. Pero últimamente he aflojado el esfuerzo físico. Todo se va condicionando. Pero tengo dos ayudantes (Víctor y Carli) que vienen dos días por semana y esos días trabajamos mucho.

¿Qué es lo que lo inspira?

-En mi trabajo siempre hay una constante que es la relación de la tierra y el cosmos. Yo fui formado como católico, después me hice marxista y por ende dejé de ser católico. Antes quería cambiar el mundo y ahora sólo quiero cambiar mi vereda, como dice el presidente de Uruguay (risas).

-En la actualidad hay muchos jóvenes que se dedican al arte, ¿qué opina de eso?

-Eso es muy bueno. Se ha perdido la formalidad. Hoy hay personas que tienen la necesidad de pintar murales sin que nadie los vea o les pague por hacerlo y eso es genial.

-¿Alguno vez imaginó que iba a ser un referente de la escultura?

-No, para nada. Pero siempre soñé con poder conseguir una manera de decir las cosas que siento y que los otros pudieran comprenderlo. Muchas de las situaciones que he atravesado en la vida me han sorprendido.

-¿Qué es lo que más disfruta de su día a día?

-Compartir la vida con mis hijos. Mi hijo es músico y mi hija es cineasta y tenemos una muy linda relación de colegas. Ese es el premio mayor.

LAS MAS LEIDAS