29 de junio de 2013 - 21:00

Las calles salvajes de Tigre

Scioli quedó en un limbo político: ya no sólo es poco confiable para el Gobierno, sino que acaba de lograr ser definitivamente poco confiable para los que no quieren al Gobierno. Ni garantiza el modelo ni garantiza no continuarlo.

Otro caso de inseguridad sacude a la opinión pública. En los últimos días ha estado circulando un video en blanco y negro tomado por las cámaras de seguridad de Tigre donde se ve a un muchachón de aspecto deportivo que aborda violentamente a una señora de unos 60 años. Discuten, él tironea, pero finalmente se va corriendo.

Según testigos, más tarde la mujer entró llorando a la comisaría y le dijo al oficial de turno, desencajada:

-Me quisieron sacar 20 puntos del electorado bonaerense y me amenazaron de muerte política.

Hábito difícil de desarraigar en la policía el de culpabilizar a la víctima: el oficial de la 1° de Tigre pensó, aunque no se atrevió a decir: "No se los roba Massa. Los pierde usted sola, Presidenta".

De todos, el flagelo de la inseguridad personal es el peor. Las personas se encierran, se enrejan dentro de sí mismas y su núcleo íntimo y se aíslan del mundo. Paradójicamente, ahí les roban todo: intendentes, punteros y lo más valioso, votos.

-Pero, ¿por dónde me entraron?

-Por tu cabeza cerrada.

Mientras que los políticos seguros aceptan una corrección en sus ideas porque entienden que si rectifican no está en juego su ser, los inseguros no ceden, porque creen que ceder es transigir y transigir es dejar de ser quienes son. La parte les resulta el todo.

Las víctimas de la inseguridad personal exhiben una patología agregada: el orgullo de la inflexibilidad.

Si uno les dice que la próxima temporada primavera-verano se van a usar los grises, te levantan el hombrito como diciendo "¿Y a mí qué me importa?". Y te invitan al desfile del blanco-negro.

Sólo basta mirar las listas: por la pasarela, sólo incondicionales. Ahí vemos entrar al primer candidato de la lista para la provincia, Martín Insaurralde. ¿Sus medidas? Mide poco, ése es el problema. Entre el 55 y el 60 por ciento de los bonaerenses no conoce al intendente de Lomas de Zamora. Pero eso tiene solución.

Si a la misma velocidad con que van a instalar a Insaurralde con el aparato oficial, instalaran la luz y las cloacas en toda la provincia, en seis meses se acaba la indigencia.

Lo que tiene de inflexible Cristina lo tiene de flexible el peronismo. Por eso se está doblando a la derecha con Sergio Massa.

Podría haber sido con Scioli, pero el gobernador volvió a elegir el ni. Scioli quedó en un limbo político: ya no sólo es poco confiable para el Gobierno, sino que acaba de lograr ser definitivamente poco confiable para los que no quieren al Gobierno. Ni garantiza el modelo ni garantiza no continuarlo. En un mar de dudas, se le acaba de dar vuelta la lancha. Esta vez no se lo puede llamar accidente.

Mientras, Francisco de Narváez comprueba, como ex supermercadista, que hay faltantes de candidatos de calidad en sus góndolas.

La culpa no es de Guillermo Moreno. Es que ese gran proveedor llamado peronismo a él no le confía del todo. Algún peronista histórico se ríe de costado: "La campaña publicitaria es buena, pero lo que Salamanca no da, Agulla no presta".

Macri merece un capítulo aparte porque batió un récord: fue el hombre que presidió en los 90 el club de fútbol más popular de la Argentina, que más hinchas tiene en todo el país, y a pesar de haberlo llevado en esos años a ser uno de los cinco más grandes del mundo, como político no pudo capitalizar la transversalidad que le aportó el deporte. Ni subido al micro de Boca, Pro pudo cruzar la General Paz.

Cae la tarde sobre el municipio de Sergio Massa. ¿Quién es verdaderamente este hombre? Por ahora, el que ganó la mano con una seña: vengan al pie. Y fueron a él intendentes, gremialistas y parte del empresariado industrial, los "indignados" de la política.

A Cristina se le aleja cada vez más la posibilidad de la reelección. Y no hay continuadores del modelo a la vista. Por las aceitosas aguas del río Tigre nada, ahora sí, un pato rengo.

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