5 de febrero de 2018 - 00:00

Calles mendocinas: lógica propia y desconcierto ajeno - Por Claudio Barros

Basta un paseo por la ciudad para notar que la bocina se utiliza más que el freno esperando que ambos tengan el mismo efecto.

Las calles de Mendoza son para mendocinos: simple y claro. Nadie que no sea local puede circular sin entender que el tránsito aquí responde a su propia lógica, más cercana al costumbrismo que al sentido común y a varios kilómetros de distancia de la ley.

Antes de continuar haré una aclaración: no sé manejar. Sin embargo soy peatón, acompañante y eventual GPS de algunos foráneos que se han animado a ponerse al volante y encarar las calles provinciales.

Fue así como un día descubrí que el conductor mendocino hace camino al andar, incluso hasta cuando no hay calle.

Un catalán, manejando de noche, me preguntó una vez "¿En serio debemos salir del Acceso Este por esta bajada de tierra para tomar la calle paralela?" Mi respuesta fue: "Vos haceme caso y bajá por ahí". Sin embargo su cuestionamiento era lógico. Íbamos a la casa de un amigo en la zona de Jesús Nazareno en Guaymallén y en vez de tomar la paralela del Acceso Este por alguna salida señalizada, seguí el patrón de muchos conductores que alguna vez decidieron que lanzarse a la derecha pasando el puente de hierro era la mejor opción… aunque no hubiera luz, carteles ni calle.

Ejemplos como estos hay muchos pero no fue hasta encontrarme con la mirada extranjera que noté el peligro que representaba esta costumbre local.
Carteles vandalizados, líneas borrosas, semáforos rotos, calles cortadas y señalización inexistente, se suman a la intrépida acción de los que manejan.

Para muchos, una posible solución llegó con los sistemas de navegación. Primero fueron los GPS como dispositivos y luego las aplicaciones para los teléfonos. Unos y otros fueron afinando su precisión en un lugar que tiene la particularidad de repetir nombres en varias calles y cambiarles el sentido de circulación con cierta periodicidad.

Google Maps se impuso ante el resto y, con actualizaciones constantes, trató de entender las vías de circulación como mejor pudo. Ahora busca tomar el relevo Waze, una aplicación que funciona hace un tiempo en Mendoza pero se acaba de lanzar oficialmente. Su gran ventaja es que no sólo informa del estado del tránsito en tiempo real sino que además es colaborativa. Esto significa que quienes la utilizan pueden informar a los demás usuarios cualquier hecho que altere la circulación.

Esta app es una evolución para los que manejan por nuestras calles sin conocerlas. Cualquier mendocino ya puede informar dónde hay un corte; una doble mano que de repente se transforma en una; un badén destruido o una escuela con triple fila de autos estacionados al mediodía.

Las aplicaciones buscan poner luz donde hay oscuridad en seguridad vial. Sin embargo está a la vista que el problema no es sólo la falta de señalización. También la imprudencia es parte de nuestra conducta irresponsable al volante. Basta un viaje a la montaña para ver cómo una doble línea amarilla para muchos conductores no es más que una colorida forma de pintar la ruta; o un paseo por la ciudad para notar que la bocina se utiliza más que el freno esperando que ambos tengan el mismo efecto.

Como peatones y ciclistas tampoco somos mejores; sólo estamos más desprotegidos ante nuestras propias irresponsabilidades. Muchos encaran la caminata con la idea de que la forma más corta de unir dos puntos es una línea recta, aunque no haya senda peatonal ni semáforo que ayude a cumplir el objetivo.

¿Mejoraremos? Es difícil decirlo. Claramente las tragedias en ruta no han sido preventivas y los incidentes viales en la ciudad no tienen impacto en nuestra conducta. Hace falta un cambio de actitud y para esto no hay app, casco, cámara ni cinturón de seguridad que nos proteja de nuestra propia impericia.

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