Los hoyos se alinean perfectamente en el solsticio de invierno de forma tal que hubieran ayudado a los recolectores y cazadores de la Gran Bretaña mesolítica a llevar un registro preciso del paso de las estaciones y del ciclo lunar.
Los hoyos se alinean perfectamente en el solsticio de invierno de forma tal que hubieran ayudado a los recolectores y cazadores de la Gran Bretaña mesolítica a llevar un registro preciso del paso de las estaciones y del ciclo lunar.
Con casi 10.000 años de antigüedad, estos curiosos hoyos que marcan el ciclo lunar en Aberdeenshire son por mucho el “calendario” más viejo que se ha descubierto, antecediendo en varios miles de años a monumentos de la Era de Bronce de Mesopotamia que hasta ahora había tenido esa distinción.
“Lo que estamos viendo aquí es un paso muy importante en la más antigua construcción formal del tiempo de la humanidad, hasta el inicio de la propia historia”, dice Vincent Gaffney, profesor de arqueología espacial de la Universidad de Birmingham, quien encabezó el equipo que analizó los hoyos y reveló su propósito. Los hoyos fueron escarbados con forma de varias fases de la Luna. “Creciente, menguante, lunas medias y casi llenas; están todas y acomodadas en un arco de 50 metros de largo”, señala Gaffney.
“La que representa la luna llena es grande y circular, de aproximadamente dos metros y justo en el centro”, precisa. Lo intrigante es que el arco está alineado perfectamente con una muesca en el paisaje donde el Sol hubiera salido el día del solsticio de invierno hace 10.000 años. Esto era importante, considera Gaffney, no sólo porque aporta más evidencia apremiante respecto al propósito de los hoyos con forma de lunas, sino también porque en ausencia de alguna forma de calibración con el año solar, un calendario basado en 12 meses lunares pronto estaría fuera de sincronía con el Sol y carecería de sentido.
“Posicionar el calendario en el paisaje de la forma en que lo hicieron hubiera permitido que la gente que lo construyó 'recalibrara’ los meses lunares cada invierno para alinear su calendario con el año solar”, explica. Y esto es algo que parecen haber hecho, puesto que la evidencia geofísica sugiere que los hoyos fueron conservados y periódicamente reconfigurados decenas de veces (tal vez hasta miles) durante el milenio subsiguiente, al menos hasta que el monumento tipo calendario pareció caer en desuso hace alrededor de 4.000 años.
Seguir el tiempo y las estaciones hubiera tenido enorme importancia para las sociedades recolectoras y cazadoras de la Gran Bretaña mesolítica tanto por motivos culturales como económicos, ya sea para mejorar su poder percibido como chamanes y su habilidad para predecir o “hacer que pasen” ciertos eventos astronómicos, o para saber cuándo empezaría a migrar la caza o cuándo empezaría a nadar contra corriente el salmón del río Dee.
“El valle Dee, donde se encuentran estos hoyos, durante mucho tiempo fue una intersección importante y área de reunión”, dice Simon Fitch, un arqueólogo mesolítico que participó en el descubrimiento.
Los hoyos fueron descubiertos por fotografía aérea en 2004, pero apenas recientemente (usando tecnología de detección remota de última generación y programas computacionales desarrollados especialmente que trabajaron con posiciones de salidas y puestas de sol de hace 10.000 años) se reconoció su importancia.
“Muestra que la sociedad de la Era de Piedra era mucho más sofisticada de lo que creíamos, particularmente en el norte, que hasta últimamente ha sido cierto tipo de página en blanco para nosotros”, dice Richard Bates, un geofísico de la Universidad de St. Andrews que hizo gran parte del trabajo de detección remota para el proyecto.
“Esto muestra que la gente de aquí tenía los medios y la necesidad de poder seguir el tiempo a través de los años y estaciones, y el conocimiento que necesitaría para corregir su calendario lunar con el año solar”, considera Bates. “Es un paso importante en la historia del tiempo”, agrega.