22 de marzo de 2015 - 00:00

Cada vez más solo

Los primeros en abandonarlo fueron los intendentes del PJ. Después los heridos del cierre de listas, incluso su amigo Roby. Lo peor vino después: Cristina y, por ende, La Cámpora.

Durísimo final de mandato para Francisco Pérez. No sólo porque las variables económicas indiquen que 2015 será otro año para el olvido (recientemente el Ieral reportó una caída de la actividad del 3,8% en 2014), agudizado aún por la devaluación de Brasil que representa casi el 25% de las exportaciones locales. Ese escenario torna casi imposible reducir el 4,6% de desocupados que el mismísimo Indec señala para Mendoza. Un cóctel demasiado espeso y muy poco deseado para un año electoral.

Sin embargo, los mayores problemas para el gobernador no parecen estar allí. Agobiado y superado por una realidad que se empeñó casi sistemáticamente en negar, Pérez debe enfrentar por estos días la materialización de sus propios condicionamientos. Esos que derivan de su escasa estructura y volumen político, pero también de la decisión inicial de atar su gobierno a un esquema de poder nacional visiblemente resquebrajado y resentido. “Hoy tenemos todos los canales cortados” dice un operador oficialista. Aislado, es la palabra correcta.

Es que mientras Pérez invertía gran parte de su tiempo (y de su gestión) en andar y desandar la ruta Mendoza-Buenos Aires-Mendoza para intentar no quedar nunca fuera del calor cristinista, su vice Carlos Ciurca tejía con paciencia una extendida red partidaria (La Corriente) que mostró en su máxima expresión en la interna de 2013. Allí reportan referentes legislativos y casi todos los intendentes que no estaban encuadrados en el mítico sector Azul que, bajo la impronta de Juan Carlos Mazzón, se ha mantenido omnipresente en la vida interna del PJ.

Esta brevísima recapitulación sólo sirve a los efectos de ilustrar el impacto que tuvo la presión de casi todos los caciques cuando a fines de 2014 empezaron a pedir desdoblar las elecciones. El acuerdo La Corriente-Azul ya estaba en marcha y la única manera de que Pérez no quedara en un rincón era sumarse a un armado donde sólo habían primado las urgencias comunales. Egoístas y pragmáticos, pero advertidos de que el kirchnerismo ya no reportaba en términos electorales, los jefes comunales pidieron desenganchar las elecciones provinciales de las nacionales.

Así, hasta podrían evitar la eventual presencia de Julio Cobos en la boleta radical. La resistencia paquista apenas duró hasta que los decretos municipales empezaron a multiplicarse desdoblando además los comicios municipales de los provinciales. Los intendentes demostraron que no sólo estaban dispuestos a renegar de Cristina Fernández, sino también de Pérez. Ante ese múltiple parricidio, la marcha atrás fue inmediata: Mendoza anunció el desdoblamiento y las comunas peronistas (estrategia de la que también participaron los radicales de Rivadavia, Junín y La Paz) “adecuaron” sus convocatorias al cronograma provincial. Sin embargo, el puñal ya estaba clavado. Fueron sus propios intendentes los primeros que entregaron a Pérez. No serían los únicos ni los últimos.

El cierre de listas provincial del oficialismo dejó heridos por doquier. De nada sirvió que ese gran acuerdo azul-correntista hubiera repartido con habilidad las postulaciones que incluían también la reserva de la cabeza de lista de legisladores nacionales (que recién deberán definirse en junio) para Rubén Miranda (senador) y el propio Pérez (diputado). Los poderosos hermanos Félix (Omar, representante en YPF, y Emir, intendente de San Rafael) dejaron claro que no suscribían ese acuerdo. Ellos también pretenden el primer lugar de los senadores nacionales.

Para remarcar su distanciamiento e independencia, no participaron del cierre de listas y en su comuna llevan a los tres precandidatos a gobernador del PJ. Es más, estarían dispuestos a dar pelea en las PASO nacionales si no hay un nuevo acuerdo capaz de rediscutir lo que Miranda y Pérez creían tener avalado por Mazzón.

Es que nadie imaginaba en ese entonces que ese cierre en Mendoza y otras acciones de “sciolismo explícito” generarían a Mazzón su abrupta salida de la Casa de Gobierno, víctima de la ira presidencial. Con ese dato, hay quienes razonan que si el garante del pacto no puede ejercer como tal (porque su firma ya no es reconocida en la Casa Rosada), ese acuerdo, entonces, ya no tiene vigencia.

Por su parte, el kirchnerismo puro que expresa Guillermo Carmona no logró que sus influencias en la Casa Rosada torcieran el rumbo de las negociaciones en Mendoza. Su opción será una de las tres listas que diriman la representación del Frente para la Victoria (FpV) en las PASO para suceder a Pérez. Adolfo Bermejo, síntesis del gran acuerdo, busca hacer equilibrio para diferenciarse pero sin pegar a Pérez ni a Cristina: ¿Será otro que en breve puede abandonarlo si las encuestas se lo exigen? El restante, el tapado que nadie tomó seriamente en cuenta: Matías Roby.

El (¿ex?) amigo de Pérez decidió que su precandidatura no fuera sólo la vaina de un facón imaginario con el que Pérez pretendía correr a Ciurca. Envalentonado en su rol de outsider capaz de reivindicar a la política desde la antipolítica, Roby anunció que iría hasta el final con su postulación. De nada sirvieron los enviados paquistas (incluso la primera dama Celina Sánchez) para intentar convencerlo del fin de la parodia. La lista se presentó con un agregado: el armado de neto corte moyanista más cercano a un mitín del PJ disidente que a un sector interno del kirchnerismo.

El pedido de renuncia para el entonces ministro de Salud no se hizo esperar. Detrás de eso, los cruces verbales con calificativos como “traidor” y “soberbio” fueron y vinieron. Roby no resistió, pese a que aspiraba a ser el favorito de Pérez en la definición. Se fue de un gobierno al que se asomó diciendo: “Llego de la mano de Paco y me voy con él...”. Otro abandono más para el gobernador, sólo que éste era mucho más simbólico pues, además de político, es personal. Es alguien de su núcleo íntimo que decide seguir su propio rumbo lejos de su estrella. Y, lo que es peor, en malos términos.

Si Pérez pensaba que la salida de Roby era el último golpe bajo que la política le tenía deparado en el tramo final de su gestión, se equivocaba. Aún le faltaba representar un simple “bolo” en el fenomenal desplante con el que -vía teleconferencia- la Presidenta lo mató con la indiferencia para privilegiar al sucesor de Guillermo Moreno, Augusto Costa, y al propio Carmona durante una inauguración en Lavalle.

El kirchnerismo sólo premia obediencia y disciplinamiento. Y pese a sus esfuerzos iniciales, aquel desdoblamiento y la más reciente negativa a incluir al kirchnerismo en las listas del FpV fueron leídos como un exceso de autonomía de Pérez. Como tal, la sinuosidad se paga con el destierro del Olimpo K, pero también atravesando el desierto sin agua. Durante 2013 y 2014, Mendoza necesitó del ministerio de Economía de la Nación cinco autorizaciones para emitir cuatro bonos y una letra que pudieran hacer cuadrar sus cuentas fiscales. Todo ello, sin contar infinidad de gestiones y favores que ahora están en duda.

Para colmo de males, esta semana La Cámpora anunció, con sucesivas renuncias en mano, que se iban del gobierno de Pérez. Las críticas de los jóvenes que hacen alarde de ser la debilidad presidencial, pegan    -además- en el núcleo duro del ideario K: dilaciones en la gestión y laxitud en la defensa de la política de Derechos Humanos.

Así, “los pibes” armaron sus valijas y también huyeron del paquismo.

Ante esto, Pérez sólo tiene una parábola colectivera sobre aquellos que “se bajan una parada antes” del final del recorrido, achacando a sus críticos internos que los verdaderos militantes son aquellos que culminan el viaje, no los que lo interrumpen. Justamente, se los dice un chofer cada vez más cuestionado en su rol de conductor.

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