21 de noviembre de 2019 - 00:00

Busquets, Cornejo y los golpes de Estado - Por Mgter. Lucas Gómez Portillo

Dicen los memoriosos de nuestra provincia que por nuestras calles alguna vez transitó un curioso y contradictorio personaje: don Isidoro Busquets.

Sujeto ilustrado, del Este provincial y con excelentes vínculos, don Isidoro Busquets fue un militante de la Unión Cívica Radical de pura cepa. Los sucesos políticos le irían dando un lugar central en nuestra institucionalidad o su anverso. Antes de seguir adentrándonos en la vida pública de Isidoro nos detendremos en un par de hechos históricos importantes acontecidos en Mendoza.

Para el año 1948, el gobernador democráticamente elegido, Faustino Picallo, procedente del peronismo, retoma una ley sancionada por nuestra Legislatura en 1942 que declaraba la necesidad de la reforma total de la Constitución de Mendoza y convoca a elección de convencionales constituyentes para marzo de dicho año. Dicha ley había sido sancionada durante el gobierno demócrata del gobernador Adolfo Vicchi, habiéndose interrumpido el proceso constituyente al acontecer el golpe militar nacional de 1943, que puso fin a la denominada década infame.

Picallo impulsó la reforma, se eligieron convencionales constituyentes por el voto popular y se dio inicio así al debate de la nueva Constitución provincial. Es aquí donde reaparece el personaje de este artículo. Isidoro Busquets fue designado como miembro de la Convención Constituyente por el voto popular como representante del radicalismo.

Luego de casi un año de profundos debates, en marzo de 1949 se sancionó la nueva Constitución de Mendoza, dando lectura a viva voz del nuevo texto en la plaza Pedro del Castillo con amplia participación popular en una verdadera fiesta del pueblo.

Ese mismo año y mes se aprobó la Nueva Constitución Nacional que mandaba a las legislaturas provinciales a reformar las constituciones provinciales para adaptarlas a la Nacional. Así lo hizo el Poder Legislativo de Mendoza, con algunas modificaciones a la Constitución recientemente sancionada para junio de 1949.

Lo que sigue ya es por todas y todos conocido, o debería serlo. Aviones de la fuerza aérea atacaron a la propia población civil para mediados de 1955 en Plaza de Mayo; esta verdadera masacre dio lugar a un golpe militar unos meses después, deponiendo al gobierno democráticamente elegido. Para 1956 el gobierno militar derogó por bando militar la Constitución de 1949. El gobierno de facto provincial siguió esa línea de pura violencia y también dio por derogada la Constitución Provincial de 1949 con las dos reformas de ese año, retomando la vigencia de la Constitución de 1916.

El decreto que puso fin a esas dos reformas fue firmado por quien era el interventor de facto puesto por el gobierno militar, don Isidoro Busquets, quien, paradójicamente, había formado parte de la Convención Constituyente que durante meses discutió y alumbró la Constitución de 1949. O sea, quien en democracia participó en la reforma de nuestra Constitución Provincial, luego, asumiendo como interventor de facto, la derogó de manera violenta.

Los lamentables dichos mediáticos del saliente gobernador de Mendoza, próximo diputado nacional y presidente de la Unión Cívica Radical Nacional, Alfredo Cornejo, respecto a que “da igual” si en Bolivia se ha dado o no un golpe de Estado y que niega esta última categoría en base a consideraciones que no encuentran sustento en las ciencias políticas ni en el Derecho Constitucional, ni en los sucesos acontecidos en el hermano país, nos hacen pensar si Cornejo pertenece a esa rancia tradición de ciertos sectores del radicalismo, que por suerte no son mayoría, en la línea de Busquets, a quienes les da lo mismo si un golpe de Estado es un golpe de Estado o no están seguros de que se trate de uno.

No todo es lo mismo, no todo es igual ni vale lo mismo, debería reflexionar el Gobernador, porque sus dichos en estas épocas, un tanto oscuras a nivel regional, pueden leerse como una actitud amenazante hacia el próximo gobierno nacional que lo va a tener como opositor.

Siga mejor el ejemplo de otro radical, el doctor Alfonsín, quien jamás habría hablado sobre un hecho tan caro con tanta liviandad y hubiera denunciado cada golpe de Estado sin dudar y sin justificar renuncias forzadas por fuerzas militares y policiales de presidentes electos por el voto popular y la usurpación de cargos públicos por vías de hecho.

Sería bueno que exprese públicamente su compromiso con el orden constitucional de todos los países de la región, especialmente el nuestro, así no nos sorprende en unos años ocupando el lugar de quien justifica la violencia y la ruptura de nuestro orden constitucional nuevamente.

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