2 de diciembre de 2014 - 00:00

Bonadío no se rinde

El juez Claudio Bonadío se ha convertido en la bestia negra a la que el oficialismo quiere exterminar a como dé lugar. Acá un perfil de él.

Nunca lo vi en mi vida. Jamás hablé por teléfono con el juez federal Claudio Bonadío. Pero dos periodistas que lo conocen muy bien me aseguran que podría protagonizar aquella película titulada: “Retroceder nunca, rendirse jamás”.

No es alguien que arrugue ante los primeros balazos. De hecho, es cierto eso de que mató con su pistola Glock a dos personas que lo atacaron. Es cierto que fue en defensa propia.

Pero... hay que meterle dos tiros a alguien. Hay que tener una personalidad especial. Hay que tener el corazón muy duro y la cabeza muy fría. Y así dicen que es Bonadío.

Esta semana demostró que se planta en el centro del ring y que es muy difícil ponerlo contra las cuerdas. Que puede morir, pero peleando. Los mandobles que le tiró Cristina no le hicieron demasiado daño ni lo paralizaron. Se equivocó la Presidenta en su estrategia de cambiar piña por piña en el centro del cuadrilátero.

Bonadío no tira la toalla. Aguanta a pie firme los guantazos, esquiva algunos ganchos de derecha y saca sus manos con una velocidad infrecuente. Si fuera boxeo, hoy estaría ganando el juez Bonadío por puntos.

Porque Cristina no tiene el número suficiente de votos en el Consejo de la Magistratura para sancionarlo. Y como el Gobierno fue tan maltratador de la oposición, es casi imposible que consiga algún voto que lo acompañe. Ni aunque hagan un cambio de prisioneros y entreguen la cabeza de Boudou y Oyarbide.

Salvo que pongan una valija llena de dólares negros, cosa que nunca descarto tratándose de este gobierno, cuyo principal lema es que todo se puede comprar.

Pero es clara la desesperación que tiene Cristina. Se nota por la manera de reaccionar. Prende el ventilador y ensucia a medio mundo pero no responde con pruebas ante las graves acusaciones que involucran a la Cadena de Hoteles Kirchner Resort All Inclusive y al grupo Financiero Kirchner, Báez y Asociados.

El juez no está buscando cuándo fue que Cristina pasó un semáforo en rojo o no presentó un par de balances. Está buscando la ruta del dinero.

Está investigando con pie de plomo de qué manera Lázaro lavó dinero sucio de la corrupción, que fue la manera de pagar a los Kirchner los millones y millones que le dieron en concepto de obras públicas. Esta es la verdad de la milanesa que muchos callan por miedo y otros por complicidad.

Dos títulos, de Tiempo Argentino y de Página 12 no inquietaron a Bonadío. Una engolada gacetilla leída por Víctor Hugo Morales solo le causa risa al juez federal. Las acusaciones de pistolero, extorsionador y golpista le generan dolor de estómago pero no frenan su avance. Bonadío juega fuerte.

Va por todo. Acaba de ir a buscar la declaración jurada de impuestos de toda la familia Kirchner y de Lázaro y su hijo Martín Báez. Quiere estudiar y chequear los números que no cierran del fallecido presidente Néstor, de Cristina y de sus hijos Máximo y Florencia y hasta de la sobrina presidencial Romina Mercado, la hija de Alicia. Cada vez que le pegaron un palo a Bonadío él respondió con dos palazos más fuertes.

En los ’70 enfrentó a los Montoneros desde Guardia de Hierro. En esa época nefasta y fierrera se cantaba “Cinco por uno/ no va a quedar ninguno”.

Claramente estamos ante un error de apreciación de Cristina. Cometió la torpeza de ponerse a la altura de un juez federal. Y tuvo la desgracia de toparse con un integrante del club de los malos, como diría Alejandro Borensztein. Bonadío no es pecho frío como otros jueces, empresarios, periodistas y opositores que tiemblan ante el primer grito de Cristina y se arrodillan al grito de: “Sí doctora, sí doctora”.

Ojo que no hablo ni opino sobre la moral o la capacidad profesional del juez. Estoy hablando de su carácter rebelde y chúcaro. Hoy estamos ante un choque de locomotoras entre dos poderes: el Judicial y el Ejecutivo. Nadie saca el pie del acelerador. Y es inquietante y peligroso el futuro inmediato.

El tiro le salió por la culata a la Presidenta y a sus inexpertos colaboradores. Y el juez todavía tiene varios proyectiles en la recámara. Por ejemplo, puede citar a declaración indagatoria a cualquiera de los Kirchner. O de los Báez. Es que la Presidenta cayó en su propia trampa

Creyó que redoblando la apuesta ganaba el partido. Aplicó la lógica de Néstor, que se hacía el loquito para que todos le tuvieran miedo. Actuaba y fingía ser imprevisible. Transmitía que era capaz de hacer cualquier cosa en cinco palabras: con Néstor no se jode.

Por Alfredo Leuco - Periodista. - Gentileza Radio Mitre

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