Durante muchos años los economistas hemos sido testigo de las batallas ideológicas entre las distintas teorías económicas. Las mismas se han desarrollado tanto en el plano intelectual como en la aplicación de políticas económicas.
Durante muchos años los economistas hemos sido testigo de las batallas ideológicas entre las distintas teorías económicas. Las mismas se han desarrollado tanto en el plano intelectual como en la aplicación de políticas económicas.
Sin embargo en uno de los puntos en los que la totalidad de los pensadores económicos concuerdan, es en la suma de valor agregado a los productos, no importa si hablamos de keynesianos, clásicos, desarrollistas o cualquier otro grupo. Esto no solo representa un beneficio para el agente que aumenta el valor a su producto, sino también para un gran número de actores que se involucran en el proyecto, ya sea suministrando insumos, servicios o trabajo.
En el caso de la vitivinicultura, los agentes implicados son tan variados que sin esta industria nuestra provincia seguramente no tendría los niveles de desarrollo económico que muestran históricamente las estadísticas.
La lectura de algunos artículos relacionados con una "Bodega Estatal", nos llevó a indagar sobre este anuncio, al que algunos economistas se refirieron hace poco tiempo. El resultado obtenido es la ausencia de declaraciones por parte de funcionarios sobre una "Bodega Estatal". Al parecer un crédito hipotecario de algo más de 4 millones de pesos, a una cooperativa de productores, es lo que desencadenó esta confusión. Sin embargo procederemos a analizar el rol del Estado en la financiación de pequeños productores y su implicancia económica.
La producción de uvas para vinificar, es una actividad muy arraigada a la cultura de los mendocinos, pero también es una actividad que sufre una fuerte volatilidad en el precio, como sucede con la mayoría de los mercados agrícolas que son más similares a un commoditie que a un bien con valor agregado. Esta volatilidad genera años de muy buenos ingresos, debido a buenos precios en el mercado y otros años en los cuales las pérdidas son tan importantes que muchos de nuestros productores terminan perdiendo no sólo el trabajo de sus vidas, sino el trabajo que comenzaron sus padres o abuelos.
El primer problema del viticultor es la incertidumbre sobre el precio que obtendrá por las uvas que producirá, ya que la inversión que realiza hoy ve su fruto muchas veces después de 3 o más años. Es decir los productores invierten mucho dinero analizando condiciones de mercado actual y cuando les llega la cosecha, las condiciones pueden haber variado tanto que su negocio puede llegar a ser deficitario.
El segundo problema es la estacionalidad en la venta de uva, que obliga al productor a venderla como máximo a fines de abril, ya que de mantenerla en sus viñas la misma se pudriría y se esfumaría cualquier tipo de ingreso. Las características del mercado y de la uva, impiden que el productor pueda resistir una coyuntura de precios desfavorable, almacenando su cosecha y vendiéndola luego, como hacen los productores cerealeros con los silos bolsa en la Pampa Húmeda.
La forma en que los productores pueden burlar estos embates del mercado es sumando valor a sus productos. El camino lógico a seguir para ello es el de transformar sus uvas en vino, un producto que deja de parecerse a un commoditie y comienza a comportarse como un bien final. El vino puede mantenerse almacenado durante un muy buen período de tiempo lo cual le permite al productor elegir el momento más conveniente para su venta.
El escalón superior al que debemos aspirar, es el de transformar ese vino en una botella, tetrapack, bag in box, damajuana, etc. Es decir en un producto que termine en manos del consumidor final, sin necesidad que haya otros intermediarios productivos. En el caso de vino fraccionado, la volatilidad de su precio es sumamente baja y en el caso de las exportaciones el mismo se mantiene por lo general inamovible anualmente. Las leyes económicas nos indican que cuando la volatilidad baja, los proyectos de inversión se vuelven más precisos y sobre todo menos riesgosos, lo cual inmediatamente genera mayor inversión.
Para este grupo de pequeños productores que trabajan desde hace algunos años bajo la tutela de algunos programas estatales en la búsqueda de sumar valor agregado a sus productos, el adquirir una bodega implica que dejen de estar a la merced un mercado volátil, y pasen a ser parte del mercado de vino fraccionado. En el mismo, ellos pueden enfrentar las coyunturas desfavorables mediante el manejo de varias herramientas de mercadotecnia y su rentabilidad deja de depender solamente de la variable Precio.
La financiación de empresas o agrupaciones vitivinícolas por parte del Estado, no es nueva y se viene realizando desde hace mucho tiempo a través de los distintos organismos de financiación que posee el gobierno provincial. Ojalá sigamos ofreciendo muchos créditos más a este tipo de proyectos para pequeños productores, los cuales, de no contar con esta ayuda, les resulta casi imposible conseguir el financiamiento en el sector financiero privado.
La definición de desarrollo económico es "la capacidad de las regiones para crear riqueza a fin de promover y mantener la prosperidad o bienestar económico y social de sus habitantes". Y este tipo de proyectos es el mejor reflejo que se puede obtener de dicha definición universalmente aceptada por la economía. Crea riqueza mediante la incorporación de valor a sus productos, genera nuevas fuentes de trabajo y -sobre todo- le permite a los pequeños productores mejorar su bienestar económico y social.
Las opiniones vertidas en este espacio, no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.