18 de marzo de 2020 - 00:00

Bicentenario del Colapso Nacional - Por Roberto Azaretto

El primero de febrero de 1820, en Cepeda, el ejército artiguista al triunfar sobre el ejército del Director Supremo de las Provincias Unidas, el general Rondeau, termina por 40 años con el estado nacional y en plena guerra de la independencia, con un ejército nacional.

Artigas, que, poco hizo después de 1812 para colaborar con la guerra exterior, con sus provocaciones en el sur de Brasil, dio pretextos para la invasión del ejército portugués en 1817, que, lo barrió de la Banda Oriental. No había medido el caudillo oriental otro riesgo, que, pudo ser fatal, la posibilidad de una acuerdo entre Portugal, con Fernando VII, que formaba un ejército para atacar Buenos Aires

Artigas planeó un doble ataque: él enfrentaría a los portugueses y otro ejército al Directorio. Este ejército estaba dirigido por Francisco Ramírez, gobernador de Entre Ríos, Estanislao López gobernador de Santa Fe, Pedro Campbel de Corrientes y los enemigos de San Martín, Carlos de Alvear y Miguel Carrera.

El ataque del caudillo oriental concluyó con su derrota en Tacuarembó y su exilio definitivo de la Banda Oriental. Ramírez, secundado por López con una fuerza, totalmente integrada por caballería, rodeó el dispositivo tradicional de Rondeau, infantería al centro y dos alas de caballería y los atacó por retaguardia. En 10 minutos dispersó la caballería de Rondeau, pero la infantería combatió durante tres horas y pudo replegare en orden a San Nicolás.

Rondeau renunció a los pocos días, se disolvió el Congreso, que, declaró la independencia y redactó la primera constitución, jurada en las plazas del país el 25 de mayo de 1819 y se inició un proceso de anarquía en Buenos Aires hasta, que fue elegido gobernador Martín Rodríguez en septiembre de ese año.

El Director había planeado dominar la situación con el desplazamiento hacia el litoral del ejército del Norte y del Ejército de Los Andes. Belgrano, que, ya había sofocado con energía revueltas en Santiago del Estero y en la Rioja y tenía una fracción de sus fuerzas en Córdoba, clave para asegurar las comunicaciones con el Tucumán y con Cuyo, inició la marcha y al enfermarse delegó el mando en el general Fernández de la Cruz, este general palpaba el descontento creciente tanto en el ejército, con faltantes de todo, como en la población, cansada de los costos de la guerra;  entonces le escribió a Rondeau sugiriendo medidas como la renovación del Congreso y cambios en las gobernaciones de provincias.

En cuanto a San Martín, temió que, el virus de la anarquía afectara a su ejército y trastocara el plan de tomar Lima, para, concluir con el poder español en Sudamérica. Por eso dejó solo algunos escuadrones de caballería de este lado de los Andes y cruzó a Chile con el grueso de las tropas.

Alvear y Carrera habían estado en Montevideo en buenas relaciones con el general portugués Lecor, hombre leal a Carlota Joaquina. Pero al iniciarse la campaña contra el gobierno nacional se sumaron a las fuerzas artiguistas. El plan era que Alvear asumiera el gobierno de Buenos Aires y facilitara recursos para que Miguel Carrera cruzara a Chile y terminara con O’Higgins y San Martín. Después de Cepeda, con el apoyo de Estanislao López, Alvear se hace elegir gobernador en el cabildo de Luján, pero, no es reconocido en la ciudad de Buenos Aires, que, logra recuperarse y con efectivos mandados por Manuel Dorrego derrota a López.

Por otra parte, el año anterior en Tucumán, Bernabé Aráoz derroca al gobernador intendente y convierte a la Intendencia en República con Santiago del Estero y Catamarca. Una división del ejército de los Andes se subleva en Córdoba y se aparta de la Intendencia de Cuyo, como la Rioja lo hace de Córdoba. En la Posta de Arequito, el ejército del Norte se subleva, dicen sus jefes que quieren regresar al norte a combatir al ejército español, como se sabe, no lo hizo y en cambio fue elegido gobernador de Córdoba, su nuevo jefe el general Juan Bautista Bustos.

Los sublevados de San Juan eran en parte chilenos ganados por las intrigas de Miguel Carrera. Este después de aliarse con tribus indígenas lanzó cruentos malones contra pueblos de la provincia de Buenos Aires. El general Bustos advirtió a López que dejara de apoyarlo e intentó frenarlo, sin éxito, cuando pasó por esa provincia rumbo a Chile, luego saqueó San Luis hasta ser derrotado en Mendoza por el general Albino Gutiérrez y fusilado.

El general Alvarado cruzó los Andes, y puso orden en San Juan, el jefe de la sublevación de San Juan fue llevado a Lima, luego, de ser derrotado por Facundo Quiroga y en esa ciudad, San Martin lo hizo fusilar.

Estos acontecimientos trajeron secuelas al plan de San Martín. Por lo pronto el Estado que lo nombró, colapsó, se hizo ratificar en el mando por sus oficiales, que firmaron el Acta de Rancagua y solo contó con el apoyo del gobierno de Chile para la expedición al Perú. San Martín, designó a Güemes jefe del ejército de observación, que, debía avanzar desde Salta al Alto Perú, pero el jefe salteño no logró que los gobernadores lo ratificaran y hubo guerra con Tucumán mientras los realistas estaban cerca de Salta.

Ramírez enfrentó y derrotó a Artigas y pensó en independizarse luego de conquistar el Paraguay pero fue derrotado por López y Buenos Aires. En Entre Ríos asumió el general Mansilla, hombre de Buenos Aires y López, hasta su muerte, se convirtió en un satélite de la política porteña. La dirigencia de Buenos Aires percibió las ventajas económicas de la disolución nacional, como el usufructo de las rentas aduaneras sólo para la provincia.

Predomina una idea errónea de un conflicto entre porteños y provincianos y federales y unitarios. No se hablaba mucho en ese año de federalismo, que, por otra parte se confundía con confederación de Estados. En el caso del litoral la cuestión era con Buenos Aires, porque la Mesopotamia y Santa Fe formaban parte de la gobernación del Río de la Plata, pero en el Tucumán y en Cuyo las crisis eran con las capitales de las intendencias, y los conflictos, a veces, no pasaban de ser peleas de clanes, como en la Rioja, las querellas entre los Ocampo y los Dávila.

Para comparar, en los Estados Unidos había monárquicos y republicanos, partidarios de una confederación, de una federación y de la centralización, esclavistas y abolicionistas, pero postergaron estas discusiones para después que se lograra la independencia.

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