El presidente del Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria Mendoza considera que las barreras fitosanitarias “tienen que contribuir con el crecimiento y no impedirlo; por eso hay que concebirlas como centros de servicios”.
El presidente del Instituto de Sanidad y Calidad Agropecuaria Mendoza considera que las barreras fitosanitarias “tienen que contribuir con el crecimiento y no impedirlo; por eso hay que concebirlas como centros de servicios”.
Raúl Millán señala que “deben ser mucho más que los puntos de control, para preservar el status fitosanitario de la provincia (que es el objetivo de largo plazo y la misión prioritaria del Iscamen)”. Por un lado, deben ser parte de un sistema capaz de atender necesidades propias del sito donde se encuentran.
“Por ejemplo, en La Horqueta, en el lugar donde está enclavada la barrera no hay nada, pero en su entorno vive gente; y habrá que pensar en ofrecer servicios, como de comunicación e inclusive de salud y educativos, que ayuden a la gente a vivir mejor”.
Con igual criterio, en los enclaves donde se controla el ingreso desde otras provincias, “las barreras son la cara visible de Mendoza”, por lo que habrá que “cuidar especialmente la atención de transportistas y pasajeros, y ofrecer servicios básicos (sanitarios y de comunicación, entre otros)”.