19 de agosto de 2014 - 00:00

Banco estatal: la última ficción oficial

"El lenguaje político y con variaciones esto es verdad en todos los partidos políticos, de los conservadores a los anarquistas, está diseñado para hacer que las mentiras suenen verdaderas y el asesinato parezca respetable, y para dar apariencia de solidez a lo que es puro viento". George Orwell

En este caso la idea de recrear el Banco de Mendoza, se inscribe en esta última advertencia, presentar como sólido a aquello que hace agua por todos lados.

Quizás para las generaciones más jóvenes resulte difícil de entender el porqué de la estrepitosa caída y sus consecuencias de los entonces Bancos de Previsión Social y de Mendoza. Pero para aquellos que tanto de nuestra condición de políticos como de ciudadanos convivimos con aquellos días se nos hace imposible imaginar que nuevamente los mendocinos y en estas particulares circunstancias de nuestra provincia volvamos a discutir sobre la creación de un Banco estatal.

Un brevísimo resumen histórico para contextualizar lo que expreso indica que el peronismo de entonces, en su fase neoliberal, impuso la concepción que el Estado debía reducirse a su mínima expresión. Cabalgando en la idea que lo excelso era lo privado y lo abyecto era lo público, demonizó primero y demolió después toda la esfera estatal.

El desguace del Estado incluyó la privatización de los bancos provinciales. Algunas provincias pudieron resistir el embate, o bien por fortaleza política de sus gobiernos o bien porque la situación económica financiera de sus Estados o de sus bancos lo permitieron.
En el caso de Mendoza, por ausencia de ambas se transfirieron al sector privado ambas instituciones. Por aquellos días el radicalismo propuso mantener bajo la esfera pública uno de los bancos, intentando evitar el perjuicio económico y el impedimento al desarrollo futuro que intuíamos -confirmado después por los hechos- aquella privatización acarreaba.

Un brevísimo análisis de los resultados de aquella privatización, indica que la Provincia absorbió deudas por cerca de mil millones de pesos -dólares, perdimos una herramienta clave para apalancar la actividad económica de la provincia y hasta la marca por la posterior quiebra de los bancos entonces privatizados.

Aun hoy, casi 20 años después, seguimos pagando las consecuencias. Este año la provincia debe cancelar aproximadamente 500 millones de pesos por las deudas contraídas y tenemos pocos instrumentos para apalancar al sector privado.

Algunos creen que este relato rigurosamente cierto nos ancla en el pasado y que la política debe ocuparse del presente y del futuro. Sin embargo aun admitiendo cierta razonabilidad en ese argumento los mendocinos no deberíamos olvidar nuestras experiencias recientes. 
Y si del futuro se trata y de la legítima preocupación por recrear un sistema financiero que permita desarrollar actividades económicas que el Estado provincial considere prioritaria la pregunta debe ser:

¿ Está en condiciones nuestra provincia y este gobierno de llevar a cabo tamaña tarea?. Mi respuesta es definitivamente NO. Como en aquel entonces Mendoza tiene extremas debilidades políticas, fiscales y económicas.
Si eventualmente superara las primeras, es decir las políticas y por primera vez contrariara las decisiones del Gobierno Nacional, es difícil pensar que el Banco Nación abandone fácilmente el formidable negocio de administrar los fondos públicos provinciales; concentrémonos en las disponibilidades de recursos de nuestra provincia para emprender la tarea.

Debemos partir de la base que la creación de un banco estatal, supone una importante inversión inicial, que por distintas regulaciones del Banco Central, desde las condiciones edilicias hasta su capitalización, implican una disponibilidad de recursos de los que la provincia carece.

Desde hace 6 años tenemos déficit fiscal, severas dificultades para financiar al sector público, endeudamientos de altísimo costo, atrasos superiores a los 6 meses a proveedores de bienes, servicios y obras al Estado provincial, fuerte caída de la inversión pública en bienes de capital sobre los ingresos totales: 14% en el año 2007, 6 % en el año 2013, la presión impositiva nacional y provincial más alta de todos los tiempos, y en términos de la economía real no hay dato de sector alguno que invite al optimismo con marcada caída del empleo en el sector privado.

Crear un banco estatal, si esa fuera la solución para apuntalar el desarrollo del sector privado, necesita de un contexto bien diferente. 
Estimo entonces que la tarea y los objetivos hoy de quienes gobiernan o de los que gobiernen a partir del 2015 deberían ser otros.

Alcanzar el equilibrio fiscal, aumentar sustancialmente la inversión en bienes, servicios y obra públicas, mejorar la calidad y la asignación del gasto, medir rigurosamente los resultados del gasto público y fortalecer los instrumentos con los que hoy contamos para desarrollar nuestra economía: Fondo de la Transformación, Cuyo Aval y Mendoza Fiduciaria, y desde nuestra concepción pensando en las pequeñas y medianas empresas, en emprendedores innovadores, en la construcción de vivienda social que dinamizan a vastos sectores de la producción y del trabajo.

Si fuéramos capaces de alcanzar esos modestos aunque lejanos objetivos, podríamos pensar en la creación de un banco estatal. 
Mientras tanto al decir de George Orwell, el anuncio no es más que puro viento.

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