6 de marzo de 2019 - 00:00

Avenida Champagnat: errores de diseño y de años sin mantenimiento - Por Carlos Llopiz

Cuesta creer que quienes son responsables de la seguridad de personas y bienes, de la salud, de la educación, el diseño, el mantenimiento de las rutas y de la promoción turística de Mendoza, no tomen con la seriedad que merece el espantoso, denigrante y perenne espectáculo que ofrece la Av. Champagnat frente al campus universitario de la UNCuyo.

En internet se puede leer acerca de la Avenida Champagnat lo siguiente: “Esta avenida ha experimentado un importante desarrollo debido a la instalación de diferentes emprendimientos inmobiliarios, comerciales y una notable actividad turística y recreativa, formando parte del circuito turístico El Challao”.

Todo eso es cierto, pero también lo es el charco verdoso, de olor nauseabundo, que ha permanecido por años como parte del “paisaje y nuestra realidad”.

Los errores de diseño nunca fueron corregidos, y el mantenimiento es pésimo. Con boulevard y semaforizada, la Avenida fue inaugurada allá por el año 2005. No obstante, tuvimos que padecer de muchos meses (¿años?) para que completaran el trabajo.

Tiene varias fallas de diseño original y cuando las cosas están mal hechas, sin mantenimiento los problemas se potencian.

Vamos primero al charco de la vergüenza:  allí se acumulan aguas servidas que emergen de una tapa dentro del campus de la UNCuyo, en el centro de deportes, 20 metros hacia el oeste del alambrado límite con la avenida.

Provienen de barrios de más al Suroeste. Existe una servidumbre de paso por los terrenos univesitarios. A partir de allí los líquidos corren hacia el noreste, cruzan el alambrado y van por la banquina hacia el norte hasta depositarse en el lugar que es obvio: la depresión que tiene la ruta. Allí se acumula y decanta.

Quienes pasamos todos los días por allí, debemos aguantar la respiración o cruzar la avenida (¿por dónde?) o pasar rozando la inmundicia y arriesgar la vida, sea en auto, bicicleta o a pie.

La responsabilidad de la emergencia de las aguas servidas es de AYSAM. Pero es claro también que la acumulación de agua, sea de lluvia o servida, es de Vialidad Provincial por el diseño y construcción deficiente.

Existe una zona deprimida, inexplicable allí. No hay cordón ni banquina, y ni hablar de canalización de aguas. El charco-laguna se extiende a veces hasta ocupar una trocha de la avenida, con longitud considerable.

Años atrás, a alguien se le ocurrió la brillante idea de construir una acequia con origen en el foco infeccioso y hacia el norte, para que llevara las aguas florales hacia el canal y que éste se encargara de distribuir su hediondo contenido hacia la ciudad.

Si algún curioso quiere investigar el estado de esa canalización, sugiero que vaya con líquido contra insectos, botas contra mordidas varias y, si su capacidad de apnea es débil, con máscara con oxígeno. Hay aguas estancadas y atracción de mosquitos, ¡¡¡tema dengue!!!. El espanto es increíble, pero real.

Para que el agua no salga por el campus, se construyó una red cloacal paralela, que pasa por el oeste de la UNCuyo, baja por el límite Sur del canal al que atraviesa hacia el norte, y a la altura de la entrada al barrio Dalvian cruza hacia el Este.

Se dice que esta obra no estaría bien proyectada y por ende destinada a fallar y colapsar.

La realidad parece dar la razón a esos lamentables comentarios: las aguas siguen saliendo de la UNCuyo, día tras día.

Esta obra se hizo varios años atrás: ¿se inauguró?, ¿funciona? Y si no se inauguró, ¿cuál es la razón? ¿Porqué pasan tantos años y las aguas allí siguen?

La Avenida tiene además otros problemas, típicos de obras mal proyectadas. Algunos son:

(i) Festival de semáforos.

(ii) Peligrosa situación cuando se quiere girar a 90 grados para virar hacia el Este u Oeste.

(iii) Deficiente señalización.

(iv) Falta de lugares para que los peatones o ciclistas puedan cruzar la avenida.

Es inentendible la existencia de varios pares de semáforos, apenas separados, cada unidad del par, por pocos metros: los semáforos son caros y si están mal colocados, crean inseguridad. Las segundas unidades de esos pares deberían ser removidas y solucionar el problema con un disco Pare, para quienes ingresan o cruzan la avenida. El primero del par ya regula el tráfico.

Y los problemas siguen: peligro de accidente -de hecho han ocurrido varios- al no existir en zonas de giro el correspondiente derivador para el estacionamiento temporario de los autos. Varios vehículos se detienen ocupando una de las dos vías, con el consecuente peligro de choque de atrás, y en cadena.

La falta de señalización adecuada en nuestras calles y rutas es generalizado en nuestra provincia y el país. La Av. Champagnat no es una excepción.

Seguramente hay otros aspectos que esta nota no incluye. Sin embargo, los políticos y los profesionales responsables del diseño y construcción de obras, que deben mejorar la calidad de vida de quienes pagamos por ellas, deben entender que las obras son necesarias, pero hay que hacerlas bien. Y si hubo errores, corregirlos pronto.

Repetimos que hablamos de una obra del año 2005. No se trata solo de cortar la cinta y recibir los aplausos. Estos problemas tienen solución. Lo que es inadmisible ahora no es que la obra se hizo mal, sino que al parecer “la laguna encantada” ya fue asumida como parte del paisaje de nuestra querida Mendoza.

Es muy probable que el autor de esta carta no conozca la mayoría de los detalles de la obra y aparezcan excusas y acusaciones cruzadas. Sin embargo, como alguien dijo, “la única verdad es la realidad”. Ortega y Gasset decía: “Argentinos a las cosas, a las cosas argentinos”.

Espero que la nota sirva para que los responsables, que son varios, se ocupen de las soluciones.

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