Si se tratara de cuestiones menos trascendentes para el país, habría que reconocer que gracias a esa habilidad para manejar el juego pequeño y especulativo de la política, el Gobierno nacional ha logrado en los últimos días no solamente retomar la iniciativa, sino también fortalecer su posición de víctima y a la vez poner en vilo a la oposición.
Lo consiguió la Presidenta anunciando el envío al Congreso del proyecto de ley para cambiar la jurisdicción de pago de la deuda externa reestructurada, con el que redobló su negativa a acatar el fallo de la justicia norteamericana.
Los primeros efectos que produjo esa jugada fueron considerados como muy satisfactorios por los estrategas del oficialismo.
Por un lado se agitaron las banderas ideológicas que entusiasman a los nostálgicos setentistas y a los jóvenes militantes, y por otro se obligó al resto de las fuerzas políticas con representación parlamentaria a someterse a la falsa opción entre un voto por la Patria aprobando el proyecto, o por los buitres, rechazándolo.
Fue la diputada Elisa Carrió, con su polémico estilo, la que calificó de "tontos" a sus colegas de la oposición por caer en la trampa tendida por Cristina Fernández para convertirlos en "buitres".
Letra chica
Pero, como dijimos, se trata nada más que del juego pequeño y especulativo de la política, porque las consecuencias finales de estas movidas del oficialismo no necesariamente significan el apocalipsis de la Argentina pero sí amenazan con ser muy gravosas para el país.
La solvencia técnica del ex secretario de Finanzas Guillermo Nielsen lo llevó a apuntar un dato no menor del proyecto enviado al Congreso: de aprobarse, además de alejar indefinidamente la negociación de deuda argentina del mercado financiero norteamericano, el principal del mundo, esa ley le garantizará cobertura legal a los funcionarios por todo lo hecho desde 2010 a la fecha.
Es decir, toda la impericia demostrada hasta acá en el conflicto por los bonos no reestructurados estará respaldada por una ley del Congreso, y por lo tanto salvará la responsabilidad de los funcionarios.
La crisis por la deuda, por su gravedad y repercusión interna, atrapa comprensiblemente el interés de medios y especialistas, pero a la vez pone en un segundo plano el deterioro de la economía doméstica.
Justo en un momento en que la recesión afecta, y fuerte, el nivel de actividad, el gobierno salió a irritar la piel de los empresarios con el proyecto de ley de Abastecimiento.
El aumento del desempleo por el cierre de empresas, las suspensiones, la inflación creciente y la falta de políticas claras para las economías regionales, conforman un panorama sumamente crítico.
"El apoyo que estamos ganando por la pelea con los fondos buitres se nos escapa por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y la incertidumbre que frena el consumo", reconocen fuentes oficiales.
Pero también acá, la picardía para el juego chico de la política tiene su lugar: ante el anuncio del paro del próximo jueves 28 por parte de la CGT opositora que lidera Hugo Moyano, el Gobierno citó a la CGT oficialista que encabeza Antonio Caló para anunciar que el viernes 29, o sea un día después, se reunirá el Consejo del Salario para ajustar el mínimo en alrededor del 30%.
El mensaje implícito es que si algún gremio de este sector se adhiere al paro de Moyano, no habrá reunión.
Improvisación
Dentro del propio oficialismo se siguen encendiendo luces de alarma por la inacción que se advierte en distintas áreas del Gobierno.
A nadie escapó el blooper de ofrecerle oficialmente a Rusia carne argentina, justo el día en que el ministro Axel Kicillof ordenaba el cierre de las exportaciones de carne.
O el airado llamado telefónico de la Presidenta al jefe de la bancada oficialista del Senado, Miguel Ángel Pichetto, para recriminarle la moderación y cierta toma de distancia que mostró en una entrevista radiofónica.
Fue una más de las tantas ingratitudes que el mismo Pichetto dice en privado haber recibido y que lo tendrían al borde de la ruptura.
Tampoco pasó inadvertido el fuerte alineamiento que mostró Daniel Scioli a la jugada oficial en el conflicto por la deuda, para no perder terreno ante la aparición de nuevos precandidatos para suceder a Cristina, como el ex canciller Jorge Taiana apoyado por la izquierda kirchnerista.
Todos estos movimientos internos se producen también a la luz de un preocupante brote de intolerancia política traducida en renovados escraches a quienes piensan diferente. Estos van dejando la mera dialéctica para convertirse directamente en hechos de violencia.
Por Carlos Sacchetto - [email protected] - Corresponsalía Buenos Aires