Después de casi dos décadas de desarrollo, un neumático que no necesita aire comenzó a utilizarse en condiciones reales de circulación. Se trata de AirFree, una tecnología creada por Bridgestone que reemplaza la cámara presurizada por una estructura flexible de resina.
El debut se produjo en Higashiomi, una ciudad de la prefectura japonesa de Shiga. Los neumáticos fueron instalados en pequeños vehículos eléctricos autónomos destinados al transporte local, especialmente en zonas con población envejecida y menos alternativas de movilidad.
Cómo funciona un neumático sin aire
En un neumático convencional, el aire comprimido sostiene el peso del vehículo y absorbe buena parte de los impactos producidos por el camino.
AirFree reemplaza esa presión por una serie de rayos curvos fabricados con resina termoplástica. Las piezas se deforman cuando la rueda pasa sobre una irregularidad y luego recuperan su posición.
La banda exterior continúa utilizando caucho para mantener el contacto con el piso. Desde afuera puede parecer una rueda común, pero sus laterales permiten ver una estructura azul abierta en lugar de una cámara sellada.
Por qué no necesita calibración
Al no contener aire, el neumático no puede perder presión por una perforación tradicional. Eso elimina la necesidad de controlar periódicamente el inflado y reduce el riesgo de quedar detenido por un clavo u otro objeto que atraviese la banda.
Sin embargo, “no se pincha” no significa que sea indestructible. El caucho puede desgastarse, cortarse o sufrir daños, y los rayos de resina también necesitan inspecciones.
La ventaja es que una perforación no provoca la pérdida repentina de presión que puede dejar inutilizable a un neumático convencional. Bridgestone presenta el sistema como una forma de mejorar la continuidad del servicio y reducir el mantenimiento.
El primer uso está limitado a 20 km/h
La tecnología todavía no fue autorizada para automóviles particulares que circulen por rutas o autopistas. Los vehículos de Higashiomi se desplazan por recorridos previamente establecidos y a una velocidad máxima de 20 km/h.
Esta limitación permite estudiar el comportamiento de las ruedas en situaciones cotidianas sin someterlas todavía a las exigencias de un auto de alta velocidad.
A velocidades elevadas aparecen desafíos más complejos: disipación del calor, ruido, vibraciones, estabilidad en curvas y resistencia ante impactos fuertes. La empresa no comunicó una fecha concreta para comenzar a venderlas para autos particulares.
Para qué vehículos fueron pensadas inicialmente
La primera aplicación está relacionada con el concepto japonés de Green Slow Mobility, un servicio de transporte eléctrico pequeño y de baja velocidad.
Estos vehículos pueden utilizarse para trasladar personas mayores, conectar zonas rurales, recorrer aeropuertos, parques industriales o centros turísticos y cubrir trayectos donde un colectivo convencional no resulta eficiente.
El sistema comenzó a probarse en calles públicas de Tokio en 2024. Durante 2025, Bridgestone amplió los acuerdos con distintas ciudades japonesas para analizar su aplicación en movilidad comunitaria.
Una estructura que puede reciclarse y repararse
La empresa sostiene que los rayos termoplásticos pueden reciclarse y que la banda de rodamiento puede reemplazarse o renovarse cuando se desgasta.
Esta separación permitiría reutilizar una parte mayor de la rueda, en lugar de descartar todo el conjunto. Sin embargo, el beneficio ambiental real dependerá de la duración, el consumo energético de fabricación y la existencia de una red capaz de recuperar los materiales.
El color azul de los rayos no es únicamente decorativo. Bridgestone explicó que fue seleccionado para aumentar la visibilidad en condiciones de poca luz.