Durante la semana, la Presidenta hizo dos prolongadas visitas a la clínica donde fue internada y operada su madre. Tuvo también similar cantidad de presencias vespertinas en su despacho de la Rosada, mientras siguió con sus audiencias matutinas en Olivos. Además, persistió en el silencio en el que se sumergió el 10 de diciembre y rompió el 26 de ese mes sólo para desmentir que tenga aspiración electoral alguna para 2015.
La falta prolongada de la palabra y la presencia presidencial es, a esta altura, una ausencia que se siente. Ante todo, porque con sus discursos diarios, siempre marcó la agenda, fijó rumbos, fundamentó decisiones de gobierno. También hoy, por las incertidumbres sobre los resultados que generan las medidas puestas en marcha para atender los desajustes de la economía.
Pareciera que su intención es dejar que esas medidas comiencen a encaminar el difícil rumbo económico de 2014 para después sí reaparecer con el discurso y las decisiones.
Fuentes gubernamentales especulan con que reaparecerá en febrero. Será después de que retome la agenda oficial exterior, con su presencia a fines de este mes en las cumbres del Celac (Consejo Económico Latinoamericano y Caribeño), en La Habana, y del Mercosur en Caracas.
En ese sentido, durante la reunión que tuvo el jueves con un grupo de dirigentes de la CGT oficialista, entre ellos el metalúrgico Antonio Caló, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, les adelantó que a inicios de febrero habrá anuncios de aumentos de las jubilaciones y de la asignación universal por hijo. Ocasión inmejorable para la reaparición de la Presidenta.
Por lo pronto, su ausencia da pie a hipótesis a veces temerarias. "Es difícil saber quién está gobernando", dijo sin más el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri. Casi un calco de lo que días antes descerrajó el sindicalista (¿oficialista?) de los colectiveros, Roberto Fernández. Por el contrario, desde los márgenes del oficialismo, el bonaerense Daniel Scioli salió a aclarar que es la Presidenta quien gobierna: "Está conduciendo. Me llamó para el día de mi cumpleaños. Hablamos de cosas del Estado, del curso de la economía".
Scioli, sin embargo, no deja de aprovechar la ausencia para ocupar espacios en el tablero oficialista, sobre todo de cara a los gobernadores peronistas, kirchneristas o no, y al PJ. Tuvo definiciones diferenciadoras del Gobierno, como la casi exigencia de que éste fije una pauta orientativa nacional de aumento para los docentes en vísperas de la apertura de la negociación con los bonaerenses, en una paritaria que se perfila peleadísima.
O la polémica sugerencia de que habría que reformar la Ley de Seguridad Interior para permitir que las Fuerzas Armadas, hoy autorizadas a tareas de apoyo, participen activamente en el combate contra el narcotráfico, pese a las desaconsejables experiencias en ese sentido de los casos de Colombia y México.
Puesto en plan de sumar para fortalecer sus chances presidenciales hacia 2015, Scioli fogoneó bajo cuerda la "cumbre" sindical que Hugo Moyano y Luis Barrionuevo encabezarán el lunes en Mar del Plata. Scioli, sin embargo, no participará porque tendría más para perder que para ganar en un cónclave al que los dos jefes sindicales buscan darle un perfil político-peronista-opositor al invitar también a los "presidenciables" Sergio Massa y José De la Sota.
Pero el bonaerense contribuyó con el "postre" a la cumbre: le autorizó a Barrionuevo a instalar un casino en el hotel Sasso de los gastronómicos, sede del encuentro, que durante años le vetó la Presidenta.
Tampoco Massa y De la Sota tendrían para cosechar de una cumbre que pretende ser el paso inicial para la unificación del sindicalismo. "No es serio buscar la unidad del movimiento obrero con un asado", dijo Caló desde la CGT oficialista. Su par de la Sanidad, Carlos West Ocampo, tuvo en cambio un diagnóstico más crudo y autocrítico: "Hace falta un debate largo y en serio, con prescindencia de los que fuimos protagonistas de los últimos 30 años. Los promotores de la división del movimiento obrero hoy no pueden ser los promotores de su unidad".
Moyano tiene puestas sus propias fichas en la reunión marplatense: hacerse imprescindible para el Gobierno a la hora de las paritarias, tironeadas por la pretensión oficial de aumentos en torno a 20 por ciento, contra 30 que reclamarían los sindicatos. Sobre todo después de que funcionarios gubernamentales pejotistas habrían empezado a tender un diálogo con el camionero.
Moyano, por otra parte, necesita recuperar protagonismo a la luz del fiasco de sus pretensiones en las pasadas legislativas: terminó por improvisar una alianza con Francisco de Narváez (bendecida por De la Sota), que salió quinta en la provincia de Buenos Aires, con un 5,5%, que apenas le permitió al canillita Omar Plaini conseguir la reelección a la banca que en 2011 había conseguido al integrar la lista kirchnerista.
