30 de agosto de 2014 - 00:00

Atreverse a cruzar la puerta estrecha

Vivimos en un mundo de incertidumbres, de máquinas, de competitividad, y violencia. Lo grave es que en este mundo enjaulamos a nuestros niños quitándoles la posibilidad de ser…   ¡niños!

Niños con espontaneidad, con libertad creadora, con alegría. Hemos regresado a la época en la cual se concebía al niño como un homunculus, un hombre en miniatura, y como tal le transferimos nuestros fracasos, miedos, inseguridad y prejuicios.

El niño sabe de guerras, de violaciones, de crímenes, de erotismo explícito, porque la televisión y otros medios electrónicos abundan en estas imágenes que son, como dijo MacLuhan en su libro "La galaxia Gutenberg,": “Un masaje para el pensamiento y la sensibilidad".

No les ofrecemos oportunidad de crítica para decodificar las imágenes y éstas imponen sus intereses de consumo y mercado.

"Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición" (Mateo 7:11)
"…   y tomando un niño, lo puso en medio de ellos…" (Mateo 9:36)

Entonces, la situación de los niños, por su precariedad en afectos, en ternura, en horizontes posibles en los cuales los espacios sean lugares de convivencia en paz, con respeto por valores solidarios, nos exige, ante tanta violencia desbordada, volver a pensar en ellos como niños, con sus derechos como tales. Luego, padres, gobernantes, educadores deberíamos volver a mirar a los niños. Porque se puede mirar sin ver.

Aprender a mirar es detenerse en lo sencillo, en lo habitual, en lo profundo. Una mirada atenta nos muestra el sentido de cosas y acciones. Pero estamos mirando sin ver, y esto nos exime de comprometernos con la realidad que viven los niños en la actualidad.

Hace mucho tiempo descubrí en mi tarea docente que una verdadera relación educativa es una situación de encuentro creativo. Es una fiesta de sentido, en la cual se da la posibilidad del descubrimiento, del entusiasmo compartido.

A partir de estas experiencias de aprendizajes significativos con niños, advertí que la actividad lúdica, el juego, es una de las llaves que nos permiten abrir la puerta estrecha de sentido.

Pero, qué difícil es atreverse a cruzarla, dejando atrás la comodidad del no compromiso, las estructuras de modelos educativos impuestos o rutinarios.

Se necesita coraje, impulso renovador, esfuerzo para cruzarla, por eso, como en la cita bíblica, muchos prefieren la puerta ancha del statu quo, de la comodidad, de la indiferencia pasiva, de la rutina, de la "liquidez".

"Todas las cosas ya fueron dichas, pero como nadie escucha es necesario empezar de nuevo" (Albert Camus).


En consecuencia, comienzo una y otra vez, invitando a quien quiera seguir una ruta llena de posibilidades a encarar el juego infantil como cosa seria.
Me refiero al juego y al juguete que permite al niño el descubrimiento, la construcción de su mundo con imaginación creadora, con alegría.

Nos dicen los expertos que al niño de ahora ya no le interesan juegos tradicionales, que a partir de los tres años ya están conectados a sus diferentes máquinas con la posibilidad de participar en un mundo virtual. Sin embargo, pelotas y muñecas sobreviven.

Lástima que también las muñecas llevan implícitos mensajes de una cultura del espectáculo, del consumismo. Cuando el juguete es sólo un objeto pierde su valor, cuando deja de ser un objeto para transformarse en un ámbito de sentido para el niño, entonces sus posibilidades son ilimitadas.

Para el recientemente pasado Día del Niño los negocios ofrecieron todo tipo de juguetes, con precios exorbitantes, pero una nota periodística (Los Andes) advirtió que hoy los niños prefieren de regalo tablets y, quizás algunos padres en un súper desequilibrio económico familiar, les den el gusto; entonces volvemos a transformar al niño en objeto de consumo.

El niño interconectado en redes sociales en un mundo virtual, con nuevos contextos plurales, quizás más soledad, más conocimiento, pero más atrapado en la "nube". Menos relación personal, menos comprensión, menos ternura, menos tiempos compartidos.

Reconozco que estamos en una época "bisagra" de cambios acelerados y debemos, padres y docentes, aceptar el desafío de buscar soluciones nuevas para nuevas situaciones.

Volver a mirar y actuar sin perder de vista valores fundamentales de la familia, de la escuela, de la comunidad. El niño siempre necesitará el afecto, la palabra justa, sentirse protegido, respetado en su identidad, con espacios para la creatividad, el descubrimiento y la alegría.

En consecuencia, jugar con ellos es compartir el mundo maravilloso de la fantasía, recrear personajes de cuentos para pensar moralejas, darles tiempo y guía para resolver problemas o conflictos, representar situaciones con títeres, con dibujos, bailar, cantar, saltar, en ciertas oportunidades, mirar la tele o las tablets juntos para comprender el lenguaje de las imágenes y dialogar sobre ellas, creando estrategias lúdicas que dejen enseñanzas o simplemente jugar en libertad.

Pienso también en juguetes construidos artesanalmente con materiales nobles, maderas, telas, para armar y desarmar, para que el niño aprenda a mirar al juguete, apropiándose de sus posibilidades. Juguetes amigos, que duran, aunque más no sea en recuerdos futuros.

Dejo un final abierto con un poema de Olga Ballarini:

Caminaba mi camino
Pensando, sin pensar nada
mis ojos miraban ciegos
Cuando hallaron La Mirada…
Hoy, por que, sí, me miraron
De un niño los ojos mansos...
Hoy me sonrió la esperanza.
Hoy me amaron, porque amaron
Así…   como ama la infancia. 
(Aprendiz de Mago.2009)

LAS MAS LEIDAS