Argentina presenta una serie de particularidades que muchas veces no se entienden. Frente a un crecimiento notable de teléfonos móviles conocidos como “smart phones” que pueden transmitir datos e imágenes, las instalaciones e infraestructuras, desde lo técnico, muestran un notable nivel de atraso.
Es normal que se corten las comunicaciones en horarios pico y que muchas llamadas terminen derivadas a contestadores sin que el receptor haya recibido el anuncio de la misma.
Desde el gobierno argumentan que las empresas prestadoras no han hecho las inversiones para aumentar la cantidad de antenas y que no han destinado suficientes recursos en tecnología moderna para asegurar la mejor calidad de las comunicaciones.
El gobierno, además, declaró desierta la licitación para la banda de 4G, por lo cual no se puede acceder a equipos de mayor tecnología, mientras que los 3G funcionan con muchas dificultades.
El gobierno pensaba comercializar la banda de 4G a través de la licencia vacante de Movicom, que fue otorgada a un grupo de cooperativas eléctricas, pero los fondos debían ser del gobierno.
Dada la actual situación financiera del estado nacional, es probable que demore mucho tiempo y esto es un problema porque el atraso tecnológico implica pérdida de competitividad. La paradoja es que avanzamos en equipamientos individuales pero no lo hacemos en el soporte de redes y nadie atina a tomar decisiones que generen un avance.
Internet lento
En un informe que publicó el miércoles el diario El Cronista, se da cuenta de una investigación realizada que muestra que Argentina tiene la menor velocidad de internet de banda ancha de la región.
Los datos están contenidos en la última edición del Barómetro de Banda ancha, elaborado por la empresa Cisco y la consultora IDC, con datos del primer semestre.
Según los mismos, la velocidad promedio de la banda ancha fija en Argentina es de 2,40 Mbps (megabits por segundo), mientras que en Brasil los valores son del doble, con 4,88 Mbps, en tanto Chile registra valores de 7,68 Mbps. Estas cifras no incluyen los planes de datos de los “smart phones”.
No obstante, Argentina muestra la mayor penetración de banda ancha fija y móvil de la región, con un 14,7% de las conexiones.
Considerando que en la Ciudad de Buenos Aires varias empresas ya ofrecen servicios de 8 Mbps, y algunas incluso algo más, hay que pensar que muchas ciudades del interior están muy alejadas de esta realidad.
Además de representar una desventaja competitiva, muestra un desequilibrio más que aumenta las diferencias entre Buenos aires y el resto de las provincias, en las que la tecnología en lugar de achicar la brecha, la ensancha. Estas diferencias no sólo generan diferencias en el desarrollo económico sino que también tienen consecuencias sociales.
En Mendoza, los servicios llegan como máximo a 2 Mbps, salvo una empresa que brinda servicios de mayor velocidad pero tiene una cobertura restringida.
Con celulares viejos e internet lento es muy difícil plantear atracción de inversiones si la conectividad no permite moverse a la velocidad del mundo.
Es muy difícil explicar que por Mendoza pasan tres redes intercontinentales de fibra óptica y, sin embargo, tenemos este nivel de carencias. Para el mundo actual, este tipo de comunicaciones representan infraestructura básica para la generación genuina de riqueza de nuevos puestos de trabajo.
¿Quién le pondrá el cascabel al gato?