La década pasada será una de las más recordadas por la industria vitivinícola argentina, con importantes inversiones, un cambio drástico en el estilo y la calidad, una importante apertura hacia el mundo y un reconocimiento general sobre la buena calidad de los vinos, en particular el malbec, varietal insignia de Argentina.
Los números acompañaron esta tendencia: varios miles de millones de dólares en inversiones, tanto local como extranjera, y un fuerte crecimiento de las exportaciones, llegando en 2010 a 21,5 millones de cajas (194 millones de litros) y U$S 650 millones, 5 veces más que en el año 2000. Todo lo bueno generado en esa época fue producto de la iniciativa e inversión privada.
Pero a partir de 2011, la tendencia cambió y la industria entró en una fase negativa, a raíz de las políticas económicas escogidas por el actual gobierno, que insiste con ideas económicas populistas - intervencionistas, que han fracasado sistemáticamente en el pasado.
La economía argentina está en una situación crítica y nuevamente al borde del colapso. Los principales indicadores económicos anticipan una nueva crisis de magnitud, que podría generar, otra vez, una fuerte destrucción del valor de los activos y del poder de compra del salario.
La inflación es un claro síntoma, fácil de visualizar, de que algo funciona mal. Un país con índices de inflación que superan el 25% carece de futuro. La tendencia para este año es aún peor y se estima un piso del 35%, entre las 5 más altas del mundo. El alto déficit fiscal y la desaceleración de la actividad económica son otros dos indicadores claves de una economía en problemas.
Así, nadie vendrá a invertir a nuestro país. La inversión extranjera en Argentina cayó drásticamente. En el primer semestre de 2013 Argentina recibió U$S5.165 millones en inversión directa extranjera (IED), un 32% menos que en 2012. Representó solamente el 5% del total de la IED en América Latina, de U$S103.000 millones, comparado con Brasil con U$S39.000 millones, México U$S24.000 y Chile un poco más de U$S10.000 millones. En el mundo hay mucho dinero buscando nuevas inversiones y Argentina está desperdiciando una oportunidad única.
Confirmando esto, hemos visto un informe reciente de la Heritage Foundation sobre la libertad económica, que calificó a la Argentina dentro de las economías más "reprimidas" del mundo, ubicándola en el puesto 166 de un total de 178, a la par de países como Venezuela, Zimbabue o Irán. Internacionalmente, hemos perdido total credibilidad. Estamos aislados y fuera del radar inversor del mundo.
Lamentablemente, todo indica que seguiremos en esta senda, como mínimo, hasta 2015, cuando un nuevo gobierno tenga la posibilidad de cambiar el rumbo económico, transmitir un discurso conciliador que pueda ir generando confianza, atraer inversiones y abrirnos al mundo nuevamente. Nos esperan dos años muy difíciles.
Consecuencias para el productor
Cuando uno analiza la industria del vino, resulta importante comenzar por los actores que generan la materia prima: el productor de uva. En Argentina hay actualmente cerca de 205.000 hectáreas divididas en 25.000 viñedos, un aumento de cerca del 10% comparado con el año 2000. A diferencia de lo que muchos creen, el tamaño promedio por finca es pequeño e inferior a las 10 hectáreas.
La industria se caracteriza por contar con miles de productores pequeños que demandan mucha mano de obra. La automatización es aún baja en nuestra industria. Este aumento en las hectáreas plantadas fue importante pero estamos aún lejos de las más de 300.000 hectáreas que Argentina tenía décadas atrás.
Esto muestra claramente la volatilidad y cambios de tendencias en esta industria. Esto puede observarse también en el precio del kilo de uva. Mientras que en el 2002 se pagaba el kilo de uva malbec en torno a los U$S 0,30, en el 2010 llegó a superar un dólar y este año se anticipan valores inferiores a U$S0,35 al tipo de cambio real (sic) en torno a los $ 12 pesos.
El aumento en las hectáreas plantadas se dio principalmente en el varietal malbec, altamente demandando por los mercados externos. De ahí el fuerte aumento en las plantaciones en el Valle de Uco y Luján de Cuyo, las dos principales regiones de Mendoza para producir vinos de alta gama.
Dado que las plantaciones de vides necesitan al menos entre 4 a 6 años para comenzar a producir un vino de calidad, muchos productores e inversores se anticiparon al boom exportador y plantaron miles de hectáreas. De mantenerse esta tendencia de precios bajos, demanda deprimida y altos costos el negocio se torna inviable y muchos productores tendrán que vender y salir del negocio.
Consolidación de las bodegas
Hacia fines de la década pasada, las exportaciones de vino fino llegaban a casi 22 millones de cajas de 9 litros y creciendo a tasas promedio de dos dígitos. De ahí que muchos proyectaron que para mediados de esta época, las exportaciones argentinas podían superar las 30 millones de cajas.
Pero esto no sucedió. No solamente dejamos de crecer, a partir de 2011 la tendencia cambió y las exportaciones comenzaron a caer. Se estima haber terminado 2013 con menos de 20 millones de cajas. Todos los años entran miles de hectáreas nuevas en producción. Con exportaciones en baja y un mercado local estancado y altamente dominado por el vino de baja calidad, el panorama para la industria no es optimista.
De la misma manera que sufrirán los productores por un excedente en la producción de uva y precios deprimidos, también sufrirán las bodegas, en particular las llamadas boutiques, ya que tendrán serias dificultades en colocar sus productos a precios rentables. Es de esperar una fuerte consolidación en el mercado.
Si bien existen más de mil bodegas en Argentina, de las cuales unas 300 exportan con continuidad, las 30 más grandes representan cerca del 70% de las exportaciones. En general, estas bodegas tienen una fuerte presencia en el mercado local, permitiéndoles mantener los precios de exportación ya que compensan la baja rentabilidad en el mercado exportador con aumentos de precios en el local. Los mercados externos son altamente competitivos y no permiten aumentos de precios.
Cualquier aumento, aunque sea menor, puede resultar en una caída significativa de sus exportaciones. Las bodegas boutique tienen su negocio orientado a la exportación y en muchos casos representa más del 80% de sus ingresos. Por lo tanto, con la situación económica de los últimos años (alta inflación y un tipo de cambio controlado-deprimido), las exportaciones, en muchos casos, han dejado de ser rentables, en particular para los vinos por debajo de U$S 36 la caja, el grueso de las exportaciones.
Es notable la cantidad de bodegas boutique que están en venta buscando salir del negocio. Este contexto favorecerá a las bodegas grandes, aumentando la concentración de la industria en los próximos años.
Lamentablemente, esta situación negativa no es consecuencia de factores externos. Al contrario, los vinos argentinos gozaban de una buena demanda de los mercados externos y las exportaciones podrían haber seguido aumentando a buen ritmo.
Pero el Gobierno, con sus erróneas políticas económicas, logró tirar por la borda los aciertos de los bodegueros durante la década pasada y es el principal causante de este mal momento de la industria. Productores de uva y bodegueros tendrán que ajustarse el cinturón y adecuar sus estructuras a la nueva realidad de la industria con menores ventas, altos costos, mucha incertidumbre y baja rentabilidad.
Crisis y esperanza
Nos esperan dos años muy difíciles. Muchos tendrán que vender e irse del negocio. Pero como en toda crisis, aparecerán buenas oportunidades, como ya ocurrió tantas veces en Argentina, la última en 2002. El inversor que se anime a entrar en esta industria y asumir los riesgos del negocio en un país tan volátil como Argentina tendrá muchas oportunidades en los próximos dos años.
Encontrará fincas y bodegas a precios muy inferiores a los actuales. Luego del cimbronazo, la Argentina y la industria se recuperarán ya que producimos vinos muy ricos y a buen precio, además de contar con diversidad y calidad de terroirs, una industria competitiva desde el punto de vista tecnológico y excelentes enólogos, ya reconocidos en el mundo.