Sociedad Martes, 24 de mayo de 2016 | Edición impresa

Elvira Narvaja de Arnoux: “Enfrentamos algo que es interesante analizar: la lectura en pantalla”

Dirige la sede argentina de la Cátedra Unesco para la Lectura y Escritura. Recibió el título de Doctora Honoris Causa, que le otorgó la UNCuyo, por sus aportes en el campo del Análisis del Discurso. Kirchner, Cristina Fernández, Bergoglio y Macri, entre s

Por Sandra Conte - Redactora de sección Sociedad

Su primera incursión en el Análisis del Discurso fue con textos literarios y de los medios, pero la apertura democrática favoreció su viraje hacia los discursos políticos. Con su equipo ha estudiado los de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, y ahora está abordando los de Mauricio Macri. También ha estudiado el discurso de Jorge Bergoglio, antes y después de convertirse en el Papa Francisco. Por ser, además, directora de la sede argentina de la Cátedra Unesco para la Lectura y la Escritura, recibió el viernes el título de Doctora Honoris Causa en la UNCuyo. 

-¿Cómo se trabaja para analizar un discurso?

-En general, uno puede responder a problemáticas que le plantean otros profesionales: jueces, abogados, médicos, psicoanalistas, etc.; o a intereses que el mismo investigador tiene, que es lo que se ve en el análisis del discurso político. En relación con los procesos que se han vivido en América Latina, el campo se desarrolló mucho porque hubo un gran interés en analizar los discursos que mostraban una nueva perspectiva y que se ligaban a la idea de la integración regional pero con una base política.

En un momento trabajé intensamente con (Hugo) Chávez, sobre todo los discursos de 2004 a 2008, en los que planteaba la necesidad de la integración latinoamericana y convocaba memorias diversas, que venían desde la independencia nuestra.

Después de un recorrido minucioso sobre los materiales elegidos, uno va formulando determinadas hipótesis que le permiten hacer cierta entrada a esos textos, para ver realmente lo que se está jugando. Se trata de una ida y vuelta del texto a los saberes teóricos de las ciencias del lenguaje, pero también a saberes históricos, políticos, muchas veces antropológicos o del psicoanálisis, porque es un campo profundamente interdisciplinario.

-En la situación actual de la Argentina, que se observan interpretaciones tan diversas de los mismos hechos, ¿qué aporte puede hacer el análisis del discurso?

-Tengo un equipo que ha trabajado en los discursos tanto de Néstor Kirchner como de Cristina (Fernández). Ahora, vamos a empezar a analizar los de Mauricio Macri, que implican una concepción muy distinta de la política, mucho más gerencial. Es un discurso donde desaparecen los relatos, esa convocatoria a la historia, y son interpelados, de alguna manera, los ciudadanos como clientes. Se dejan las viejas interpelaciones. Es interesante ver este nuevo fenómeno, que está ligado a corrientes políticas que se están dando en toda América Latina. Es muy similar el discurso de Macri al de (Juan Manuel) Santos.

-También trabajó los discursos del Papa…

-Cuando era Jorge Bergoglio me parecía un personaje muy audaz, que hablaba directamente. Tenía, además, un dominio de un género que es muy difícil, la homilía, que a partir de la lectura de un texto de muchos siglos atrás, actualiza el mensaje para lograr que la Biblia hable aquí y ahora. Me parece que es un esfuerzo intelectual muy grande, porque hay que conocer la situación presente y establecer los vínculos, y Bergoglio lo hacía de una manera brillante. 

Y como Papa Francisco, trabajé la primera exhortación apostólica -Evangelii Gaudium- porque me interesaba ver qué rasgos consideraba que la predicación debía tener. Lo que dice es que la nueva predicación, la nueva tarea misional, exige predicadores que se aproximen al otro y hay que hacerlo a través del lenguaje.

Para ello, hay que recurrir a lo que él llama el dialecto materno, el discurso coloquial. También es interesante la construcción de algo así como un yo biográfico. Es decir, él se presenta a sí mismo, no mantiene esa distancia de los Papas, y siempre con una dimensión polémica fuerte. 

-¿Cómo surge la sede argentina de la Cátedra Unesco para la Lectura y la Escritura?

-Después de la apertura democrática, me pidieron que me hiciera cargo de la cátedra de Semiología y Análisis del Discurso, que se daba en primer año universitario, cuando hasta entonces la había dictado en niveles de posgrado. Lo encaramos como una lectura crítica, una forma de que nuestros estudiantes recuperaran la memoria histórica, que el proceso militar de alguna manera había anulado.

A esa cátedra se agregan, en los años '90, los talleres de lectura y escritura. Nuestros materiales circularon por el país, formaron docentes de facultades, de institutos superiores. Fue un trabajo realmente intenso y esa fue la base de la Cátedra Unesco en la Argentina, que se inicia en 1996 y es una red latinoamericana que articula investigación en el área. Contamos con 14 sedes en el país y en Mendoza la coordina Susana Ortega de Hocevar, quien además dirige nuestra revista latinoamericana, Traslaciones. 

-Con las dificultades en el aprendizaje de la lectura y la escritura, ¿de qué modo se puede lograr que los jóvenes sean lectores críticos?

-Ahora enfrentamos algo que es interesante analizar: la lectura en pantalla. Con ese permanente avanzar cuestiona de alguna forma la lectura crítica que solicitamos en la universidad y que implica, al contrario, volver hacia atrás. Porque hay que volver sobre el texto para comprenderlo, poder dar respuestas, construir conceptos y reconocer las orientaciones ideológicas. Pero esto exige una actitud reflexiva que se contrapone con el avance continuo y los vínculos hipertextuales. Por eso son tan importantes los talleres para trabajar el modo de lectura universitario con los jóvenes. 

-¿Cuál es su próximo proyecto?

-Volví a  las investigaciones más históricas. Estoy trabajando en los artículos de Juan Domingo Perón que se publicaron en el diario Democracia en 1951 y 1952, y que firmaba como Descartes. Eran notas sobre política internacional y quería ver cómo se da ese proceso de escritura, porque él no era periodista. Y aplica estrategias de otros ámbitos. Hay una dimensión pedagógica fuerte porque dio clases durante mucho tiempo en la Escuela Superior de Guerra, pero también era un gran conversador por lo que aparecen anécdotas humorísticas, proverbios, máximas.

Como trata temas muy complejos, lo que hace es apelar constantemente a la experiencia cotidiana para que los lectores puedan establecer analogías. También se observa la necesidad de un gesto crítico por parte de ellos. Las noticias, dice, son engañadoras y hay una lucha fuerte en los medios de comunicación que deben reconocer. Por eso, hace una serie de ejercicios para mostrar cómo los otros mienten y cómo las palabras son engañosas porque se contraponen a los hechos. Es decir, hay todo un ejercicio de crítica muy insistente.