Cuando el Gobierno aplicó una devaluación de más del 20% en enero todos temieron una corrida de los ahorristas hacia el dólar paralelo. Para evitar esto, el presidente del BCRA aplicó una dura política de tasas, subiéndolas a niveles cercanos a la inflación. De esa manera se consiguió secar el mercado y evitar presiones sobre el mercado del dólar.
Con este nivel de tasas se produjo una fuerte desaceleración del nivel de actividad económica que preocupó seriamente al Gobierno y generó un enfrentamiento entre el titular del BCRA, Juan Carlos Fábrega, y el ministro de Economía, Axel Kicillof.
En el medio, el Gobierno aumentó el nivel de gastos y la emisión monetaria, acelerando la inflación y profundizando la recesión. También apareció el problema con los holdauts, el fallo del juez Griesa y la decisión de la Presidenta de vivir en un default permanente hasta entregar el Gobierno.
Este estado ha causado mucha preocupación en los ciudadanos y los empresarios, a lo cual también se sumó una condena de la OMC contra la Argentina por las restricciones impuestas a las importaciones, que ha generado una severa advertencia del gobierno de EEUU, que fue uno de los denunciantes.
Pero como el estancamiento del mercado ponía nerviosa a la Presidenta, aceptó la teoría del ministro Kicillof y ordenó a Fábrega que bajara la tasa de interés. Esto dejó muchodinero liberado que, con la desconfianza generada por el default, terminó en dirección del dólar "blue" acelerando su precio.
Ahora, con la brecha entre el oficial y el paralelo en un 70%, Cristina autorizó nuevamente a Fábrega a aumentar las tasas pero esta vez, a pesar de que los bancos entregaron grandes cantidades, el dólar siguió subiendo. ¿Qué pasó? Muy simple, al mercado ya no le interesa la pelea entre Kicillof y Fábrega.
En realidad, los argentinos decidieron huir hacia el dólar, el refugio seguro, según la cultura popular.
La decisión de la Presidenta de sostener el default hasta el fin del mandato, creó una falsa epopeya denominada "Patria o Buitres".
Esto, en medio de recesión, inflación, desempleo, ausencia de inversiones y, ahora, el intento de intervenir sobre las empresas privadas, han generado un ambiente perfecto para que los argentinos, con reflejos genéticos ante las crisis, hayan decidido refugiarse en el dólar. Incluso, algunos hacen negocios, ya que desde que se abrió parcialmente el cepo, los particulares ya han comprado más de 1.300 millones de dólares a precio oficial. Muchos los guardan, otros los venden en el paralelo.
El horno no está para bollos, decía la abuela. El escenario es el peor como para que los argentinos decidan ignorar variables monetarias y sólo piensen en huir y buscar algún refugio.
Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes