En los últimos años, la vitivinicultura argentina viene planteando -a través de sus actores principales-, algunos cambios estructurales que hacen a la dinámica misma de la industria. No son cambios caprichosos.
En los últimos años, la vitivinicultura argentina viene planteando -a través de sus actores principales-, algunos cambios estructurales que hacen a la dinámica misma de la industria. No son cambios caprichosos.
Vienen de la mano de un conjunto de variables y señales que dan los propios mercados de consumo del mundo y el de nuestro país, que tiene la particularidad de consumir el 75% de lo que produce su vitivinicultura. Un dato no menor, si tenemos en cuenta las ventajas que aporta un mercado interno que para el año 2015 proyecta consumir más de 80 millones de litros como alternativa de equilibrio para el sector.
Pero la vitivinicultura está en crisis de precios multicausal y no sólo la de Argentina. En el mundo, varios de los países productores se encuentran gestionando soluciones para problemas que se han vuelto endémicos a partir de una caída significativa en el consumo de los últimos 30 años, sumado a una marcada tendencia de la sociedad mundial en el cuidado de la salud prefiriendo el consumo de productos más light, sin alcohol, etc.
El vino fue perdiendo habitualidad y, en ese contexto, la feroz competencia que proponen las grandes corporaciones de gaseosas, aguas saborizadas y jugos, juegan fuerte su rol. Sin dudas, estos cambios rotundos terminan siempre en el gran enemigo de los países productores: los “excedentes”, que desequilibran aún los esquemas más ordenados.
Una problemática que no es nueva para nuestra industria pero que, en este caso, se agrava por la existencia de importantes volúmenes de vinos básicos, imposibles de ser comercializados en el mercado interno y sin perspectivas de exportación a granel.
Desde el INV estamos convencidos de que la solución debe venir de la mano de la calidad del producto respetando las buenas prácticas de manufactura. Por eso, desde el año pasado venimos trabajando en conjunto con los distintos actores de la industria vitivinícola y a través del Consejo Asesor Técnico, en el desarrollo de una normativa consensuada y moderna capaz de aportar a este objetivo puntual.
Lo que estamos haciendo es atender una urgencia, pero con una mirada estructural que se basa en la calidad de nuestros caldos. La realidad nos muestra que casi 40% de los vinos blancos escurridos en existencia, son vinos que requieren correcciones enológicas para su comercialización. Definitivamente, esos vinos no pueden formar parte de la oferta porque terminan rompiendo los equilibrios.
De esta manera, quienes pretendan comercializar este tipo de vinos deberán realizar inversiones para mejorarlos -en higiene y frío, por ejemplo- o podrán enviarlos a los programas de destilación con los que cuenta la provincia de Mendoza.
La Resolución N° C/13 del Instituto entró en vigencia el pasado 12 de mayo de 2015. Consiste en un nuevo método de control y evaluación de este segmento de vinos genéricos, que responden a parámetros físico-químicos y también a parámetros sensoriales. Es decir, poder hacer una calificación de los vinos previo al traslado a la bodega que lo va a fraccionar.
Pretendemos que la normativa cumpla un doble objetivo, por un lado ayude a la formación de esta oferta y, al mismo tiempo, dar una señal para las próximas vendimias como un desafío para generar una oferta exportable y así contribuir a equilibrar los stocks.
Para evitar perjuicios la exigencia va a ser gradual. Respecto de la vendimia 2015, solamente se autorizarán traslados de vinos blancos genéricos entre bodegas cuando la acidez volátil se encuentre por debajo de un gramo por litro (1 g/l). Para la liberación de los vinos de la próxima vendimia 2016 sólo se van a autorizar los traslados de esos segmentos de caldos entre bodegas, cuando la acidez volátil se encuentre por debajo de 0,8 gramos por litro (0,8g/l) y al análisis sensorial sean merecedores de una puntuación mínima de 70 puntos, resultado de la utilización de la ficha de la Unión Internacional de Enólogos.
En las pruebas sensoriales que se hicieron de este segmento, gran parte de las muestras, analíticamente daban valores normales y aceptados pero sensorialmente tenían defectos que en algunos casos los hacían vinos sujetos a corrección técnica. Por eso la evaluación sensorial será realizada por el Consejo Consultivo Sensorial, el que emitirá un dictamen respecto de las condiciones organolépticas de dichos vinos. Para atender a la urgencia en los traslados, se prevén Consejos Consultivos Regionales.
Con esta pieza normativa no sólo pretendemos perfeccionar los procedimientos de fiscalización para elevar el piso de calidad de los vinos de la base de la pirámide de consumo sino que, además, estamos enviando una señal económica al sector. Es una decisión que debe tomar el industrial porque la corrección de estos vinos tiene un costo que se debe asumir a partir de inversiones que le permitan cumplir con las buenas prácticas de manufactura.
En los años ’80 estábamos en una crisis excedentaria, pero no sabíamos a donde íbamos, hoy tenemos dificultades pero conocemos el rumbo a partir de los lineamientos estratégicos que trazó la propia industria con el Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI). Sabemos que la innovación, calidad, integración y el equilibrio son valores absolutamente necesarios en estos procesos. Los mercados del mundo y nuestros consumidores en Argentina nos observan atentos, cada vez más exigentes; no podemos mirar para otro lado.