Un largo temblequeo recorre la estructura del oficialismo por estas horas. A una semana de las elecciones legislativas, el peronismo en sus diversas versiones (más sus viejos y nuevos aliados), alimenta con resignación un brusco cambio de escenario que alcance para modificar lo que para todos los actores políticos parece una verdad revelada aunque todavía en vías de confirmación: el holgado triunfo de Julio Cobos el próximo domingo.
Borrón y cuenta ¿nueva?
Tras conocerse los primeros resultados de las PASO, el peronismo buscó encapsular la interna para no agrandar la brecha con la UCR; hizo un esfuerzo por cambiar los ejes de la campaña (que sin embargo no parece haber sido efectivo) e intentó construir empatía con el electorado a través de una más estudiada y gradual aparición de sus candidatos.
Así, en el nuevo esquema de campaña, tanto Alejandro Abraham como Omar Félix fueron los canalizadores del despliegue territorial de un sistema de marketing político al que se denominó "Mendoza Propone" pero que más allá de sus formas, buscó dotar de contenido una campaña que siempre fue incómoda para el peronismo local.
Tanto por la impostura de su vínculo con el kirchnerismo nacional, al cual y más allá de las declamaciones del gobernador Francisco Pérez, nadie se anima a sostener en demasía, como por la envergadura de un rival que parece blindado ante la sociedad.
Tal viraje escondió las tensiones que puertas adentro del PJ se registraron después del 11 de agosto, en un entramado cruzado de reproches y quejas que durante este tiempo se ha nutrido casi en silencio.
La idea fue no romper ese tenso equilibrio interno (y con ello perjudicar aún más al oficialismo) pero anticipó de alguna manera el futuro debate que se librará si los resultados confirman la tendencia de las PASO y lo que todos los encuestadores locales, incluso los nacionales, arriesgan en sus sondeos, que dan a la Lista 3 del radicalismo un caudal de votos cercano al 50% y una diferencia que oscila entre los 20 y 25 puntos abajo para el PJ.
Aluvión y después. Básicamente, en el oficialismo se preguntan todavía con asombro cómo se configuró esta tormenta perfecta de la que hoy se darían por satisfechos si aún empapados logran revalidar la banca de Félix, el peleadísimo quinto lugar que está en juego en esta ocasión.
Al parecer son pocos los dirigentes que vieron venir las numerosas señales que fue dando el electorado en Mendoza sobre cierto agotamiento del modelo kirchnerista. Tal vez las más claras haya que buscarlas en aquellos masivos cacerolazos del año anterior que además terminaron en las escalinatas de Casa de Gobierno. Allí, y entre los variopintos reclamos por la inflación, la inseguridad o el cepo al dólar, se le pedía a Pérez un accionar más independiente de la Nación.
"Más gestión y menos sumisión" decía uno de los carteles de aquellas jornadas a la que el oficialismo minimizó casi hasta el desconocimiento, caracterizándolas como el ariete de una embestida mediática, un ensayo "destituyente" o un simple berrinche de una clase media caprichosa que compró el discurso del consumo perpetuo que le prometió el kirchnerismo pero luego no quiso pagar los intereses que el "modelo nacional y popular" le reclamaba a la hora de los postres.
Lo cierto es que hoy, una derrota que todavía no sucede, ya tiene tantos "responsables" como miradas interesadas hay en el seno del justicialismo. Toda una extrañeza descafeinada para un movimiento que se ha caracterizado por la pelea aún en la adversidad y que sin embargo en esta ocasión aparece como resignado a lo que sucederá en siete días casi como si se tratara de un designio divino. El único atenuante (o agravante), en todo caso, parecería ser el tamaño de esa derrota.
Puestos a ensayar explicaciones, el amplio abanico oficialista según la versión de algunos observadores y partícipes de la interna del PJ, aporta los siguientes ítems como ingredientes necesarios (pero no suficientes) de la casi segura debacle:
El efecto Cristina. Así las cosas, y en estricto off, mucha de la dirigencia justicialista basa su resignación de cara al 27 de octubre en que aún pese a la internación y posterior intervención quirúrgica de la presidenta Cristina Fernández, el clima nacional no ha variado en lo sustancial. Esas primeras señales de recuperación que se exhibieron -por ejemplo- con la modificación del impuesto a las Ganancias, fueron sólo reflejos del impacto electoral de las PASO.
Presumen los oficialistas, que la característica del voto hoy en Mendoza sigue siendo profunda y mayoritariamente antikirchnerista y que el "clima de época" se mantiene adverso por estos días. La desnudez del relato que implicó que Amado Boudou esté "a cargo" de la presidencia y el escándalo del camporista Juan Cabandié en la última semana, terminaron de aplastar cualquier esperanza de que los vientos nacionales pudieran ayudar a elevar las banderas locales del Frente para la Victoria.
El efecto Paco. A Pérez se le achaca algún aislamiento con la estructura del partido local, así como haber apostado todas sus fichas a la Nación. Se lo acusa de haber contruibuido escasamente con su gestión (especialmente en lo que a Salud y Seguridad se refiere) a dar nuevo vuelo a Mendoza y al PJ, ya rasante incluso desde la gestión de Celso Jaque.
Su escasa capacidad de manejo de la relación con la presidencia y de la intrincada interna nacional, ataron su destino exclusivamente al de los Kirchner. Y probablemente el 27 de octubre pueda significar, también para él, el fin de muchos sueños.
El rumor de una proyección hacia el gabinete nacional también podría quedar condicionada al resultado final que esta elección (también un plebiscito de su gestión) finalmente depare.
El efecto Ciurca y La Corriente. El vicegobernador Carlos Ciurca es otro de los más castigados en la interna, pese a manejar los hilos del partido. Justamente por esta circunstancia, a él se le carga por la conformación de una lista que nunca enamoró y en la que logró posicionar a uno de sus socios principales, el intendente de Guaymallén, Alejandro Abraham.
Así, La Corriente que en la última interna partidaria tuvo duros cruces con los que denominaron los "candidatos del Gobierno" quedó como responsable final de la oferta electoral del peronismo en Mendoza. La diferencia es que Ciurca dio el salto hace tiempo y ya no oculta que trabaja para la candidatura de Daniel Scioli. Pérez aún se define como "soldado de Cristina".
El efecto de los candidatos. Si bien a Abraham y Félix se les reconoce el hecho de haber tenido que bailar con la más fea, sobre ellos también cae la crítica. Se los acusa de no haber logrado funcionar con la unidad de una fórmula, así como de no haber contenido a esos sectores medios que el FpV mantuvo seducidos en 2011.
Específicamente a Félix se le achaca también haber forzado una dudosa interpretación del cupo femenino, que a costa de evitar una interna, relegó a Tatiana Mussato al tercer lugar y, pese a que la Justicia lo avaló, la polémica contribuyó a hacer un ruido que muchos consideran ahora, innecesario.
El fenómeno Cobos. En el oficialismo -aunque nunca lo admitirán públicamente- saben además que están peleando contra un ex gobernador y un ex vicepresidente con altísimo grado de conocimiento, que tiene todas las condiciones de un presidenciable para 2015 y que más allá de la gruesa munición con la que se ha intentado limar sus chances, lejos de caer, ha crecido aún más.
Por ello, prefirieron después de las PASO, no confrontar con Cobos por miedo a ser deglutidos por su carisma inoxidable como resultó con Roberto Iglesias y Víctor Fayad. "Es un fenómeno", admiten los peronistas aunque además lo tilden de "soso" y de "traidor", mientras se guarecen de los primeros vientos que preanuncian que el temporal cada vez está más cerca.