26 de abril de 2015 - 00:00

Animales en su hábitat: la gente cambia el Zoo por las granjas

Es producto de la mentalidad de las nuevas generaciones, que no conciben que las especies estén en cautiverio. En las escuelas admiten que están dejando de ir al Zoológico por pedido de padres y chicos.

Se ha andado un largo trecho desde que hace más de 100 años las grandes casas señoriales ostentaban su zoológico privado como símbolo de su poder económico. Tanto es así que hoy la idea de que los animales estén cautivos provoca rechazo en varios sectores de la sociedad.

Los cuestionamientos al zoológico de Mendoza de los últimos años, y en particular la propuesta de grupos ecologistas de transformarlo en un ecoparque, han logrado instalar el tema en la agenda. Los adultos e incluso los niños tienen otra mentalidad respecto de los derechos de los animales a tener una vida digna; esto en la mayoría de los casos incluye que puedan ser preservados en su hábitat natural y no en cautiverio.

Eduardo Sosa, de Oikos Red Ambiental, señaló que el proceso que se está viviendo aquí es el que ya ocurrió en los ‘90 en el hemisferio Norte, en el que se rechazaba el cautiverio animal. Por ese motivo muchos zoológicos se reconvirtieron y agregaron funciones como la conservación o la reproducción de especies en peligro. Otra de las estrategias fue liberar a los animales para tenerlos en una especie de “semicautiverio”.

“De todas formas la gente siguió reclamando más y por eso muchos ya están cerrando; sólo sobreviven los que lograron lo que el público demandaba”, comentó.

Desde su punto de vista, el Zoo local ha perdido incluso posicionamiento dentro del circuito turístico.

Por su parte, Jennifer Ibarra, de Cullunche (una de las entidades que reúne firmas para transformar el zoo en ecoparque), dijo que por esta causa suele tener mucho contacto con la gente y con lo que piensa. Señaló que en general no reciben negativas a dar apoyo.

“La gente tiene mucha disconformidad, incluso muchos chicos piden no ir al zoológico. La gente va madurando mucho el tema del cautiverio, se están informando y por eso muchos ya no quieren tener en sus casas animales como canarios, catas o loros”.

Datos aportados por la administración del Zoológico ponen de manifiesto el descenso paulatino en la cantidad de visitantes de los últimos años. Así, se pasó de un pico ascendente entre 2009 y 2011 (cuando lo visitaron 286.412 personas), a una disminución hasta hoy: en 2012 pasaron por allí 226.890 visitantes, que cayeron abruptamente en 2013 a 130.575, prácticamente a la mitad y el menor registro en 6 años.

No a los zoológicos
Según datos oficiales, si por un lado disminuyó la cantidad de visitantes que recibió el Zoo, por otro lado, en 2014, el número de colegios que lo visitaron aumentó. Esto puede deberse a que es una salida que consideran educativa y que además es gratuita para estos grupos.

El último: los estudiantes que lo recorrieron fueron 23.290, mientras que en 2013 habían sido 17.991. Para acompañarlos, el paseo ha dispuesto personal que ofrece charlas referidas a alimentación, lucha contra el mascotismo de especies silvestres o la función de los zoológicos modernos.

Sin embargo, para varias escuelas, la visita a lugares con animales en cautiverio ha dejado de ser una buena opción. Hay algunas que tienen dentro de su política institucional no visitar el Zoo. A las críticas por las malas condiciones de las instalaciones y el sufrimiento animal se suman temores por la seguridad que ofrece el recorrido.

También ocurre que cuando el colegio lo ha propuesto, los padres y hasta los mismos niños y adolescentes cuestionan la decisión.

Natalia es mamá de una niña de 8 años que va a 3er grado. Desde la escuela propusieron una visita al zoológico pero varios padres manifestaron su objeción. “La ultima vez que fui con mis hijos mayores, hace varios años, fue una tortura ver las condiciones en las que estaban los animales, uno de ellos se angustió mucho. Ahora dicen que está peor y no quiero que le pase lo mismo a mi hija a la que le gustan mucho los animales.

No es un lugar adecuado para tenerlos en cautiverio, deben estar en buenas condiciones”, relató. Dijo que su hijo de 13 años no puede entender que todavía exista un paseo de este tipo en Mendoza.

Se vienen las granjas
Para quienes siguen prefiriendo el contacto directo con los animales están las granjas educativas, que cuentan con el beneplácito de los visitantes.

“Está más avalado que los animales domésticos, (como caballos o conejos), estén en cautiverio pero no en malas condiciones y por eso, cuando las detectan, radican la denuncia”, dijo Ibarra.

Las granjas educativas son la opción elegida por las escuelas cuando se trata de interiorizar a los alumnos sobre la vida animal. La mayoría de las instituciones consultadas por Los Andes aseguraron que el zoológico ya no es una salida habitual para los chicos como lo era antes.

En ese sentido se expresó la vicedirectora de la escuela Benjamín Matienzo de Las Heras, Marcela Garro, quien indicó que prefieren no ir a lugares donde los animales no estén en su hábitat.

“No puede ser un placer, no es atractivo ni educativo”, subrayó. Por eso, en esta escuela prefieren otras salidas, mientras que son los niños de jardín los que visitan las granjas. Garro destacó que, desde su punto de vista, “esta generación entiende esto de otra forma y tienen más sensibilidad y respeto por la vida animal”.

De la misma manera opinó María de los Ángeles Federicci, vicedirectora de la escuela Rafael Obligado de Guaymallén. “Al zoológico no vamos quizás por conciencia del impacto que el cautiverio tiene en el animal. Entonces suele preferirse la granja aunque se respeta la decisión del docente y sus fundamentos para elegir la salida”.

Bubby, propietario de la granja Aves del Rey, señaló que la gente prefiere espacios como éste donde los animales están en un ámbito más natural pero que además permiten el contacto directo.

Él es totalmente consciente de que la mentalidad ha cambiado y por eso están evaluando trasladarse a una finca más grande, para ofrecer más espacio a los animales. También destacó que estos lugares, por ser más reducidos, permiten un mejor mantenimiento y presentación por lo que los visitantes se van con otra sensación, a lo que se suma que tienen animales nacidos en cautiverio que no han sido tomados de su hábitat.

Desde su punto de vista, “el zoo va en decadencia porque necesita una inyección de dinero para actualizarlo, porque las instalaciones quedaron obsoletas para la mentalidad actual. Se requiere más ambientación, espacio y una atención diferente”.

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