8 de junio de 2013 - 21:44

Mi amigo K y el muñeco del Nestornauta

La frase me dejó consternado. Mi amigo, que es kirchnerista -aunque muchas veces crítico- era ya la tercera persona a la que le escuchaba decir lo mismo: “Hacer política es caro. Si no tenés mucha guita...”, justificando así la plata negra de cajas fuerte

En la semana visité a un amigo K. En el cuarto de su hijita reinaban las Barbies. Y en su biblioteca, un simpático muñeco del Nestornauta. Todo lo que sigue es lo que pensé. Y que para evitar peleas, no le dije.

La muñeca Barbie es la exageración de las medidas de una mujer. Y el muñeco del Nestornauta, la exageración de las medidas de un hombre.

Desde la muerte de Perón, a muchos adultos argentinos les estaba faltando un ícono. Los íconos funcionan como modeladores sociales y exaltan siempre algún valor: la belleza, la bondad, el coraje. Sea uno niño o adulto, es tranquilizador tener íconos en la repisa. La niña tiene a su modelo.

Y el no tan niño, al “modelo”. En eso andaban muchos, idealizando estantes, cuando alguien reparó en lo siguiente: “Mirá que la Barbie viene en una caja. Y el Nestornauta, con una caja”.

Al relato infantil e idealizado que quiso imponer el Gobierno le falló una preposición. Muchos piensan que ese “con"”que debería haber sido “en” le daría a la figura menor sustentación. Dicen que “con caja”, Nestornauta se cae de la repisa.

Sin embargo y para mi sorpresa, mi amigo K comentó lo siguiente: “Lo de la bóveda no es agradable. Pero vos sabés que para hacer política se necesita plata...”

La frase me dejó consternado. Mi amigo, que es kirchnerista -aunque muchas veces crítico-, era ya la tercera persona a la que le escuchaba decir lo mismo. “Hacer política es caro. Si no tenés mucha guita...”

Se me cayeron los hombros. Advertí cabalmente que la batalla cultural estaba logrando una nueva conquista: que mucha gente empiece a acomodar los argumentos y a justificar la plata negra de cajas fuertes, aviones y valijas. Para algunos empieza a ser normal que un gobernador o presidente elija a un empleado de confianza, le pida que arme una constructora, le derive luego desde el Ejecutivo toda la obra pública para poder “tener caja para hacer política”.

A los que son capaces de naturalizar y justificar cualquier cosa en el afán de no quedarse huérfanos, los llamaremos “contorsionistas argumentales”. Así como en el circo un tipo es capaz de dislocarse a voluntad un hombro para poder entrar en una pequeña caja, éstos son capaces de dislocar el sentido común y retorcer cualquier idea hasta entrar en la pequeña urna electoral con la boleta K en la mano.

Veámoslos en acción:

Contorsionista: -A ver, yo no digo que esté bien. Pero ¿cómo hacés para torcerles el brazo a las corporaciones si no tenés poder económico?

Analicemos la frase en cámara lenta, dividiéndola en dos. La primera parte dice: “Yo no digo que esté bien”. Lo cual querría decir: “Aceptaría en voz baja que existieran operaciones recaudatorias non sanctas, si éstas son para combatir a quien no quiere el bien del pueblo, que es el fin último. ¿Para qué empachan de euros las valijas? Para librar la guerra santa. No hay que creer en el exorcista. Satanás tomó posesión de un cuerpo (el cuerpo principal del diario Clarín). Y a Satanás no se lo vence tirándole agua bendita. ¡Se le corta el chorro!”.

Ahora la segunda parte del enunciado: “Para torcerles el brazo a las corporaciones”.

¿A qué corporaciones se referirá mi amigo, teniendo en cuenta que salvo Clarín, casi todas están alineadas con el Gobierno? Y entonces uno escuchará como respuesta el mantra, repetido e hipnótico, ideal para quien quiera ser sugestionado: “Las corporaciones, el capital concentrado. Las corporaciones, el capital concentrado”.

Dice la psicología que la renegación es un modo de defensa consistente en que el sujeto rehúsa reconocer la realidad de una percepción traumatizante. Tal vez por eso mi amigo, despidiéndome en la puerta, me dice: “Además, Néstor es Néstor y Lázaro es Lázaro”.

Para intentar demostrar que no son lo mismo, en una intervención quirúrgica sin precedente, el cirujano de la renegación intenta separar a Nestornauta de Lázaro. Ambos unidos por la caja… torácica.

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