25 de noviembre de 2019 - 00:00

América Latina convulsionada, un bypass a la política - Por Miguel Angel Gutierrez

Hace más de 20 años Geoff Mulgan, miembro de la unidad de políticas de Tony Blair, anticipaba lo que puede ser la mejor explicación de los ¿inesperados? acontecimientos de nuestra América actual: "La política parece bypasseada por el poder de una economía global, de un sistema de comunicaciones y ciencia. Parece encapsulada en formas de gobierno burocráticas y de mano dura, lo que, si una vez, parecía ser el mejor medio para afirmar la libertad humana ... hoy, a menudo, se siente (la política) como una fuerza que afecta al individuo".

Es un hecho que tanto la cultura como las ideas y los conceptos distan de ser inmutables. Los cambios en todos ellos responden a una dinámica muy diferenciada que llegan primero a los individuos y grupos que a las instituciones. La comprensión de estos cambios no está en la agenda de las instituciones políticas.

La racionalidad de la política en el mundo occidental se asentaba en la ficción del Estado de Derecho, donde todos - gobiernos y ciudadanos- estaban sometidos a la ley. Este se ha visto rebasado por el “imperio de necesidad” de múltiples grupos sociales. Clara manifestación de la crisis del Estado Nación.

Las convulsiones sociales en nuestra América responden a una diversidad de de reivindicaciones. De hecho, la mayoría carecen de una estructura organizativa, al menos en superficie. Las movilizaciones de personas y minorías diversas aparecen como inorgánicas, sólo apoyadas en las redes sociales. Las identidades locales no apelan a la nacionalidad sino a una diversidad de ejes: indigenismo, generacional, de género, etc.

Es cierto que algunos reclamos corresponden también a requerimientos globales, como los focalizados en la protección del medio ambiente o la biodiversidad. No obstante, la perdida de centralidad de la política responde a la globalización de los sectores más privilegiados de la sociedad: políticos, empresarios, medios de comunicación, incluso academia y sindicatos. Y a su disociación con respecto a los problemas locales.

Estas élites se han visto erosionadas porque la sociedad globalizada sigue un “modelo de desarrollo” que responde a una articulación de intereses corporativos y particulares que están muy lejos de expresar el “interés nacional”.

El agotamiento de la nación como identidad y conciencia de un futuro colectivo, hace que el poder de aquella alianza, sea enfrentado por personas inmersas en problemáticas particulares que se organizan ocasionalmente apoyadas en las tecnologías de comunicación y las redes sociales. Aún cuando los reclamos pueden visualizarse como apoyo a alguna organización partidaria, están lejos de representar una modalidad de participación o de democracia.

El desconocimiento de las nuevas realidades sociales por parte de las instituciones políticas responde a su falta de atención a la perdida de funcionalidad del sistema político y a las nuevas modalidades de articulación de las demandas por parte los movimientos sociales de protesta. La democracia como forma “universal” es notoriamente insuficiente para garantir la “gobernabilidad” de la sociedad.

Los reclamos y las reivindicaciones son diversas, cruzan la identidades políticas, escalan de cuestiones circunstanciales a cambios constitucionales, aún cuando el reconocimiento de los derechos en la carta magna no sea vivido como un elemento propio por gran parte de los ciudadanos de América Latina.

Puede advertirse en aquellas, una tensión entre lo urgente y lo importante: La urgencia es una cualidad vinculada al tiempo, cuando la necesidad diaria, como comer, deviene en imperiosa. La importancia está asociada a las consecuencias: conforme su orden de gravedad, se incrementa la importancia.

En el fondo el rechazo a las condiciones de la realidad supone la esperanza de un futuro diferente aunque el mismo no sea visualizado con claridad.

El profesor, ministro presbiteriano y periodista Chris Hedges, señala: "Nuestra democracia no está en peligro, no vivimos en una democracia. La imagen de nuestra democracia está en peligro. El estado profundo (generales, banqueros, corporativos, cabilderos, jefes de inteligencia, burócratas gubernamentales y tecnócratas) tiene la intención de salvar la marca". 

Pero es muy difícil que puedan preservar la democracia, para ello es preciso contar con un sistema de anticipación que analice y genere inteligencia sobre el humor y el sentido de la vida de la cada vez más compleja trama de las nuevas formas de sociabilidad y pueda contribuir a la formulación de una “visión” que constituya una imagen sugestiva de un futuro común.

La visión de futuro es algo que no puede ser apropiada por un sólo sector, es preciso un consenso social, como el requerido para las políticas de Estado para que no se cumpla con el vaticinio de Mafalda: "Y, claro, el drama de ser presidente es que si uno se pone a resolver los problemas de Estado no le queda tiempo para gobernar".

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