Durante la crisis de 2001, Amelia aprendió a mirar bien en el interior de un contenedor de basura de su barrio de torres de clase media cada vez que arrojaba su bolsa con residuos. En una oportunidad, en aquel tiempo, cuando lo hizo sin mirar, le dio con la bolsa en la cabeza a un chico que revisaba la basura. "No lo vi allí adentro" dijo consternada en su momento.
Quedó impactada luego de aquella situación; lo comentaba entre los suyos en las reuniones.
Se juró nunca más arrojar su basura a un volquete sin cerciorarse antes que no hubiera nadie revisando los desperdicios; ni adentro ni afuera.
Desde hace poco menos de un año, Amelia volvió a ver gente hurgando la basura en sus contenedores de torres de barrio de clase media. Dice que no le gusta el choque entre los buscadores y la gente de su barrio que se produce en ese acto complementario entre arrojar basura y buscar basura.
Al llegar con su bolsa al contenedor, en muchas ocasiones presencia ese choque: "Una persona o una familia que hurga los desperdicios y la persona que está con su bolsa a punto de arrojarla. Los que buscan sacan sus manos del borde del contenedor y retroceden unos pasos para que mi vecino pueda deshacerse de su bolsa. Los buscadores sienten que los desperdicios son propiedad de quienes los tiran; y se experimentan ladrones o intrusos. Por eso, cuando se va el 'arrojador', los buscadores regresan al contenedor", cuenta.
Hace poco Amelia se cansó de ese espectáculo. Decidió, como hizo en 2001, no arrojar más basura en los volquetes si veía a gente a la pesca de desperdicios en su barrio de torres de clase media.
Así empezó a descartar los volquetes en los que veía personas que a pie o acompañada por un carrito entregadas a la tarea de hurgar entre desperdicios. Entonces caminaba hasta el siguiente contenedor y de ser necesario a otro más lejano; hasta llegar a uno en el que por fin no hubiera nadie. Entonces sí arrojaba su bolsa.
Con el paso de los meses las incursiones para deshacerse de sus desperdicios se hicieron más extensas. En casos, salía con su bolsa y regresaba una hora después.
Pero desde hace dos días, Amelia no ha vuelto a su casa luego de que saliera con sus residuos a cuestas. Dicen que la han visto, con su bolsa de basura en mano, caminando desorientada en busca de un contenedor que no esté invadido.