18 de noviembre de 2013 - 22:52

El ambiente urbano y la gestión

En recuerdo del arquitecto Jorge Cremaschi y los aportes de su obra a Mendoza.

Recientemente en el Colegio de Arquitectos de Mendoza hemos recordado al colega Jorge Alejandro Cremaschi, fallecido en 2011, profesional de la arquitectura y el urbanismo, poseedor de una sólida formación recibida en la Universidad Nacional de Córdoba, a cuyos reconocidos maestros de la época hacía referencia siempre y tenía como norte en cada uno de sus numerosos trabajos que realizó personalmente o dirigió.

La calidad de su formación se demostró en la solidez de sus conceptos, en muchos casos redescubiertos, creados o puestos en valor -en gráficos, definiciones, conceptualizaciones- de una lectura muy aguda del presente y del legado de las huellas de un pasado, no menos que asombroso, que tuvo nuestra ciudad y su territorio.

Es el caso la ciudad como un ecosistema urbano-ambiental con un bioclima autoregulado y con sus fuerzas en equilibrio, fundado en la impronta incaica del sistema de riego, de la cuadrícula adaptada y la Ciudad de la Prevención Sísmica del agrimensor Julio Balloffet, consolidados en la interacción de tres visionarios como los doctores Emilio Coni, Emilio Civit y el arquitecto Carlos Tahys, fortalecido en décadas posteriores y degradado en el presente.

Esa notable fusión de ciencia, arte, y gestión pública creó un modelo que admira a ambientalistas, urbanistas y gente del conocimiento, y en general. Este modelo ha sido publicado y resaltado internacionalmente.

Hoy es tibiamente defendido y en algunos casos atacado por nociones distantes de la comprensión de la dimensión humana y la urbanidad de estos espacios y sistemas urbanos en una región árida-sísmica.

Dedicó gran parte de sus energías en distintos ámbitos: la educación, la gestión en ONGs, la legislación, la gestión pública, el trabajo de investigación -universitaria o superior- y la comunicación.

El foco lo puso en la educación, a través de la cátedra de Paisajismo de la Universidad de Mendoza, a partir de 1984. Fue la usina de generación de documentos que alcanzaron distintas temáticas y escalas y revolucionó los conceptos educativos locales traídos hasta la fecha, entre ellos las concepciones previas de la planificación y el urbanismo, acercando a los alumnos, por ejemplo, a lo que estaba realizando internacionalmente el programa MAB -El Hombre y la Biosfera-, de la Unesco, en importantes ciudades del mundo.

Creó la ONG Apasa (Asociación de Protección de Árbol y su Ambiente) que se convirtió, junto a otras ONG que apoyó, en referentes de la defensa ambiental en décadas pasadas -'80' y '90-, realizando congresos y eventos, movimientos públicos de defensa del arbolado y los espacios públicos, y una intensa comunicación a través de los medios.

Para solidificar la defensa del ambiente fue gestor, juntos a otros actores, de la Ley Provincial 5.100 (de Preservación de los Recursos del Aire) y participante en el primer proyecto de impacto ambiental -que no fue el que se sancionó posteriormente-, entre otras relacionadas a la protección del parque General San Martín y otros proyectos no sancionados.

También colaboró directa o indirectamente en ordenanzas municipales relacionadas con la temática urbano ambiental y la protección del arbolado público.

Toda la conceptualización llevada a los medios públicos de comunicación, en particular a través de diario Los Andes, produjo un importante impacto en la sociedad y también en la política de los años '90.

Esto le permitió incorporar conceptos urbano-ambientales a la gobernación del licenciado José O. Bordón y realizar proyectos concretos -como también concientizar en la incorporación de la temática urbano-ambiental-, a través de la creación del Ministerio de Medio Ambiente, Urbanismo y Vivienda, en el que participó como director de Ordenamiento Ambiental y Urbano. También se creó un importante espacio de participación en el Consejo del Ambiente.

Paralelamente a todo esto, a través de la investigación, llevada primero a través del Pridema (Programa de Desarrollo de Estudios sobre Medio Ambiente) y luego el IEMA (Instituto de Estudios sobre el Medio Ambiente), ambos dependientes de la Universidad de Mendoza, consolidó científicamente la gestión de las otras áreas, lo que derivó en importantes intercambios internacionales relacionados con la temática de los estudios urbanos y territoriales de nuestra provincia.

Tanto el trabajo universitario como el de investigación superior fue el depositario de todas sus energías. En ellos volcó tanto personalmente o dirigiendo equipo equipos de trabajo, con importantes propuestas relacionadas al ámbito urbano-ambiental, sustentados en una fuerte conceptualización previa y con el seguimiento hasta el final de los mismos para garantizar la calidad final de los resultados.

Todo el espectro de gestión simultánea elevó los niveles de conciencia en estudiantes, docentes, profesionales y población, creando a su vez, un punto de inflexión en la conciencia urbano-ambiental de Mendoza, ya que las diversas acciones sensibilizaron a la sociedad para poder acoger los cambios venideros en las décadas siguientes.

Diagnosticó la degradación del modelo -ecosistema urbano y sus componentes de autoregulación-, quedando éste fuera de escala de los fenómenos actuales de metropolización, concentración, contaminación, centralización, entre otros, a los que opuso, a través de los mismos equipos técnicos, acciones, programas y proyectos, como por ejemplo la conceptualización del territorio antropizado como Rururbe Territorial de los Oasis Mendocinos; el establecimiento de un sistema de áreas urbanas protegidas del Gran Mendoza; el Sistema de Parques Ecológicos Urbanos, incluyendo los parques Ecológico Centro Cívico, Metropolitano Sur, San Vicente, Costero de Luján de Cuyo, El Bermejo y del ampliación del parque San Martín, parques El Bermejo, Costero de Luján de Cuyo y Del Aborigen, entre otros.

También gestó las propuestas del acueducto de Oeste para ampliar el parque Oeste y renovar el modelo de acondiconamiento y definición de límites al crecimiento urbano -que fue malinterpretado por intereses particulares-, y la de Circunvalaciones al Gran Mendoza, con el concepto de ecovías, con capacidad de amortiguar impactos de contaminación y seguridad vial.

Otras ideas suyas fueron la protección de corredores centrales del Gran Mendoza con trolebuses no contaminantes, en relación a un sistema multimodal de transporte público; el sistema de peatonales y ciclovías para el Gran Mendoza; el ordenamiento vial del Área Central del Gran Mendoza, con el uso de medios no contaminantes y peatonalización progresiva, entre otros.

De éstas y otras muchas propuestas o proyectos, han quedado huellas, acciones parciales o puntuales, en muchos casos extraídas de conceptos globales que son parte de un todo que resulta disociado si se pierden los conceptos estructurantes y la visión de los grandes gestores de la ciudad de Mendoza, y que sin duda ocupa un lugar Jorge A. Cremaschi.

Es por ello, que en las últimas etapas de su gestión, se ocupó recuperar documentos y de poner el valor figuras como el arquitecto Daniel Ramos Correas, entre los grandes hacedores de un pasado ejemplar, hoy por poco olvidado.

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