14 de agosto de 2013 - 00:39

Amanecer de un nuevo peronismo y una nueva Argentina

Un análisis de los cambios políticos que pueden generar los comicios del domingo pasado.

La victoria de Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires, junto con la de José Manuel de la Sota en Córdoba, marca un punto de inflexión en la historia política nacional. Puede indicar el amanecer de un nuevo peronismo, de carácter socialdemócrata y, por su potencial político, una nueva etapa en la historia argentina.

La situación es paradójica porque el peronismo renovador se constituyó en apenas la tercera fuerza nacional debajo de la alianza radical socialista y del kirchnerismo.

Además, dirían los analistas K, sólo se ha repetido la elección de 2009, con leves modificaciones. El grupo dominante (el gobierno), con todos los recursos del Estado disponibles, puede volver a revertir la derrota, tal como lo logró en 2011.

Las dos objeciones son correctas. Pero falta añadir un dato clave que puede cambiar completamente el mapa político nacional.

Efectivamente, en las elecciones de 2009 el país quedó dividido en tres tercios, más o menos como ahora: uno para el gobierno, otro para la alianza radical socialista, y el tercero para la heterogénea concordancia de fuerzas liderada por De Narváez, Felipe Solá y Mauricio Macri, la cual tenía muchos elementos contradictorios.

La inconsistencia ideológica y política de esos grupos no tardó en hacerse sentir y el proyecto se diluyó rápidamente. Por su parte, la alianza de radicales y socialistas también se fragmentó y condenó a la intrascendencia.

La situación es muy distinta ahora pues ha surgido un polo opositor muy claro y consistente desde el punto de vista de su identidad peronista renovadora, con elementos republicanos y de centroizquierda.

La propuesta cívica de Sergio Massa ofrece la posibilidad de volver a construir un peronismo democrático y respetuoso de las instituciones, la Constitución y la Justicia, herramienta sencilla pero indispensable para recuperar la confianza y la actividad económica.

El surgimiento del nuevo polo peronista renovador genera un referente, un espacio con capacidad de convocar parte de las masas peronistas flotantes que votaron a Menem en los ?90 y a los Kirchner en los últimos diez años.

Dentro de este grupo se pueden incluir muchos intendentes del Gran Buenos Aires que dependen del asistencialismo del Gobierno central para mantenerse en el poder, los cuales pueden encontrar en Sergio Massa una alternativa para seguir ligados al poder, manteniendo a la vez su identidad peronista.

Como se señalaba al principio, el peronismo renovador ha quedado tercero como fuerza nacional pero con fuerte capacidad de crecimiento por trasmigración de votos desde los sectores K.

Con las perspectivas de re-reelección de Cristina definitivamente clausuradas, la saturación del ambiente agresivo, corrupto y arrogante del gobierno y la virtual pérdida de la mayoría en el Senado de la Nación, es posible que Massa comience a despertar esperanzas, como alternativa de futuro.

Mirando hacia adelante, la pregunta es: cuánto del electorado K será capaz de atraer el peronismo renovador y a qué velocidad. En qué medida se podrá constituir como una fuerza nacional coherente, capaz de inspirar confianza de gobernabilidad. Si logran atraer a la mitad de los votantes K, este grupo puede llegar al 40% en las elecciones presidenciales de 2015.

Por su parte, también despierta interés esta nueva esperanza de recuperación que surge de la alianza entre radicales y socialistas. Este grupo obtuvo más votos que el peronismo renovador pero tiene menor capacidad de crecimiento.

Si logra reordenarse y constituirse en una fuerza orgánica nacional coherente, este grupo puede atraer el respaldo de otros sectores socialdemócratas dispersos y puede llegar cerca del 30% en los comicios de 2015, lo cual representaría una opción importante para generar una oposición constructiva a nivel nacional, y el gobierno en algunas provincias importantes, comenzando con Santa Fe, Mendoza y, eventualmente, la ciudad de Buenos Aires.

El kirchnerismo tomó muy mal este resultado electoral. Cristina asumió una actitud de festejo como si no la hubieran informado de la peor derrota electoral en diez años. En su confuso discurso, aseveró con notable seguridad: "Nunca hemos mentido".

Tal vez se refería a los datos del Indec. Todas las esperanzas de autocrítica se vieron defraudadas en estos gestos y estas palabras. En este sentido, da la sensación de que el peronismo medio, en cuanto alma cultural de la Argentina, tiene motivos para abandonar el barco K e iniciar una nueva etapa con Sergio Massa y De la Sota.

Todavía falta mucho. Hay que ver cómo evoluciona la economía nacional e internacional. Eventuales hechos inesperados pueden cambiar el curso de los acontecimientos. Sin embargo, por lo que podemos ver hoy, se percibe un nuevo amanecer, conducido por el peronismo renovador.

Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.

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