22 de marzo de 2015 - 00:00

Albores humanos: un fósil pone de cabeza lo que sabíamos de nuestros orígenes

Un vapuleado maxilar de 2,8 millones de años hallado en Etiopía podría representar el fósil humano más antiguo descubierto, remontando los orígenes conocidos de la humanidad en 500.000 años. Los restos, junto a una reconstrucción digital de un fósil dañado de esta primitiva especie humana clave, señalan una explosión evolutiva en los albores de nuestro género, el Homo.

El humano moderno, el Homo sapiens, es el último eslabón en una cadena de ancestros que se remonta a 5-7 millones de años a un ancestro en común con los chimpancés y los bonobos, los dos familiares vivientes más cercanos de la humanidad. El incompleto historial fósil significa que los investigadores han tenido dificultades para encontrar otros eslabones de esa cadena, y para distinguir entre verdaderos ancestros humanos y callejones evolutivos sin fin; ramas laterales en el árbol genealógico.

El Homo erectus es un ancestro, coincide la mayoría. La especie emergió en el África oriental hace unos 2 millones de años. Su gran cerebro y cuerpo alto se parecen a los de los humanos modernos.

Otro posible eslabón es una criatura más parecida a un simio que vivió hace cerca de 3-4 millones de años: el Australopithecus afarensis, que caminaba derecho pero medía poco más de un metro y cuyo cerebro era enclenque. Una especie que podría cerrar la brecha entre estos dos es el Homo habilis, pero algunos investigadores especulan que al menos dos especies “Homo previas” existieron hace aproximadamente entre 2-3 millones de años.

En 2013, científicos que peinaban una franja de la región de Afar, al noreste de Etiopía, encontraron un maxilar de 2,8 millones de años que podría pertenecer a la primera especie Homo, quizás el primer humano antiguo. Sus dientes son chicos, como los de otras especies Homo, pero la forma parabólica del maxilar coincide mejor con el Homo que con el Australopithecus, dice Brian Villmoare, un paleoantropólogo de la Universidad de Nevada, en Las Vegas.

Su equipo informa el descubrimiento en la revista Science. Los investigadores estuvieron cerca de ponerle nombre de especie al maxilar (hasta que descubran más restos). “Tenemos toda la intención de encontrarlos, pero eso simplemente se reduce a suerte”, indica Villmoare. “Creo que presenta un buen caso de que es el tipo de criatura que, si no es la evidencia más antigua de Homo, ciertamente se le acercó”, dice Bernard Wood, un antropólogo de la Universidad de George Washington, en Washington DC. “A mí me parece Homo-tesco, pero me gustaría ver sus números”, coincide Daniel Lieberman, un paleoantropólogo de la Universidad de Harvard, en Cambridge, Massachusetts, refiriéndose a las mediciones exactas del maxilar.

En otro documento de investigación, miembros del equipo de Villmoare sugieren que hace aproximadamente 2,8 millones de años, el cambio climático transformó en pastos el bosque de la región de Afar. “Hay dos formas de manejarlo: una es extinguirse; la otra es hacer algún tipo de adaptación evolutiva”, dice Villmoare. Los ancestros del Homo sapiens, especula, recurrieron a la caza, eventualmente desarrollando cerebros más grandes y cuerpos más ágiles.

Una historia complicada

Pero los orígenes del Homo son cada vez más confusos, tal como lo demuestra un reanálisis de especímenes fósiles de 1,8 millón de años informado en la revista Nature. A principios de la década de 1960, un equipo encabezado por los paleontrapólogos Louis y Mary Leakey encontró una quijada inferior deformada, una mano y un cráneo parcial en la Garganta de Olduvai, Tanzania. “Fue comunicado de forma muy informal en Nature: ‘Señor: Encontré un hueso y ahora le muestro una foto. Adiós’”, dice Fred Spoor, un paleoantropólogo de la Universidad del Colegio de Londres.

El equipo Leakey posteriormente designó los restos como especie nueva a la que llamó Homo habilis. Afirmaron que los integrantes de la especie habían hecho herramientas de piedra descubiertas en las cercanías años antes. Pero el material era tan escaso que todo tipo de fósil posterior fue designado Homo habilis. “Así fue como me estrené, trabajando con el embrollo que es el Homo habilis”, afirma Lieberman. “Se hizo muy claro que había demasiada variación para acomodar solo una especie”, explica.

Para ayudar a limpiar el desorden, el equipo de Spoor se remontó a los fósiles originales Homo habilis de Leakey y determinó la verdadera forma del maxilar. Los investigadores hicieron un modelo 3D de la mandíbula usando un escáner de tomografía computadorizada y encontraron que la deformación del hueso fue causada por muchísimos mini rompimientos.

La reestructuración de las partes rotas reveló que la quijada tenía un aspecto más primitivo que el que esperaba el equipo. Era larga y delgada, y las filas de dientes en los lados contrarios eran casi paralelas (más semejante a la quijada de un Australopithecus que a la más redonda de un humano). Sin embargo, una reconstrucción de los huesos del cráneo reveló que el cerebro era más grande de lo que se esperaba, similar al tamaño del de un Homo erectus.

Fósiles de mandíbulas superiores previamente descubiertos clasificados como Homo habilis, que datan de hace 2,3 millones de años, se ven muy distintos a la quijada recién reconstruida para pertenecer a la misma especie, dice el equipo de Spoor. Esto sugiere que las especies anteriores al Homo erectus eran un grupo diverso.

Los dos informes confirman que las especies “Homo previas” mostraban mucha variación, aunque pese a eso ninguna destaca como ancestro obvio del Homo erectus, plantea Lieberman. “La pregunta que todo mundo tiene en mente es qué sucedió en esta transición al origen del primer Homo y al primer Homo”, subraya. “Simplemente no entendemos qué está pasando”, agrega.

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