23 de noviembre de 2013 - 23:35

Alberto Arenas, el estratega detrás de Bachelet

El personaje más influyente en el entorno de la favorita para suceder a Piñera tiene 48 años, es ingeniero comercial y estudió en EEUU. Su nombre suena como futuro ministro de Hacienda.

En sólo seis meses pasó de ser un desconocido asesor de Michelle Bachelet a convertirse en el personaje más influyente de la actual campaña de la candidata opositora, favorita para suceder al presidente Sebastián Piñera en el próximo balotaje de mediados de diciembre.

Su nombre es Alberto Arenas de Mesa (48 años, casado), de militancia socialista, un tipo de apariencia hosca y reservada, señalado por moros y cristianos como parte del reducido círculo íntimo de la ex presidenta, quien cada vez se ha alejado más de los desprestigiados partidos políticos para crear un petit comité en el cual se toman las decisiones que realmente importan.

Bachelet, quien celebró su amplia mayoría de la semana pasada en el hotel San Francisco Kempinski, ubicado en el centro de Santiago, reservó en aquella ocasión el segundo piso para su familia y uno que otro cercano. Allí, entre la hija menor de la ex presidenta, Sofía, y su madre, Ángela Jeria, figuraba Arenas, masticando con cierta amargura los resultados finales de la elección en la cual estuvieron a menos de cuatro puntos de evitar el balotaje.

Pocos se le acercaron ese día. Menos los políticos tradicionales, sobre todo aquellos que esperan con ansias algún cargo en el casi seguro nuevo mandato de la doctora socialista. Arenas no es un tipo al que se le conquiste con zalamerías. Y hoy, como relata un miembro del comando, "todo pasa por él".

No por nada su nombre suena como principal candidato para el influyente cargo de ministro de Hacienda, guardián de los dineros fiscales y dueño de la billetera estatal.

Sin embargo, y como en toda historia, siempre hay un pero. El empresariado chileno, que se ha relacionado de la mejor manera con todos los gobiernos de la Concertación, está acostumbrado a que los ministros de Hacienda sean hombres de sus propias filas, vinculados a una reconocible élite social formada en escuelas como Yale o Harvard.

Esta vez, confiesa un connotado director de empresas, su figura no es bien recibida por una razón tan clasista como pedestre. Como se dice en Chile, "el tipo no tiene cuna": no salió de un colegio prestigioso, hizo su doctorado en una universidad norteamericana de segunda línea y no proviene de un círculo social ni familiar vinculado al glamour de la clase alta.

Es lo que la nomenclatura chilena llama un hijo de la clase media y laica, criado en el barrio de Ñuñoa, una comuna bisagra entre el barrio alto y los sectores populares, educado en el liceo público Manuel de Salas, ingeniero comercial de la Universidad de Chile, con un doctorado en la Universidad de Pittsburgh.

Ante este escenario, de acuerdo con versiones de la prensa chilena, también ha sido analizada la posibilidad de que sea nombrado ministro secretario general de la Presidencia, un cargo clave en el entramado político, destinado a las negociaciones entre el ejecutivo y el Parlamento, en el cual podría descollar con los nexos y aliados que mantiene en el Congreso.

Austero y silencioso

Hijo de un arquitecto comunista y una profesora, Arenas tiene un curioso lazo familiar con la izquierda francesa. Una hermana de su padre -hoy fallecida- fue la mujer del afamado sociólogo francés Alain Touraine, quien lo suele visitar cada vez que viene a Chile.

Sus cercanos lo describen como un tipo sencillo, alejado de toda pompa y dueño de una austeridad sin igual. Fanático del fútbol y de Colo Colo, no le gusta hablar de su vida privada y muy pocos han conseguido traspasar la puerta de entrada de su casa. También es considerado un "duro".

De cepa izquierdista por formación familiar, el "Negro" ingresó a las Juventudes Comunistas en 1983, a los 18 años, durante las primeras movilizaciones y esbozos de articulación política en contra de la dictadura del general Augusto Pinochet, lo que le costó ser apresado por desórdenes públicos más de una vez.

Su chapa era "Ernesto", en un sentido homenaje a la figura que movilizó a tantos por esos años: el Che Guevara. Renunció y se sumó al Partido Socialista cuando los comunistas optaron por la vía armada para luchar contra los militares.

Tras un breve paso por un banco, Arenas ingresó como asesor a la Dirección de Presupuestos del gobierno del presidente Patricio Aylwin (1990-1994), donde comenzó a escarbar en los efectos fiscales del polémico régimen privado de pensiones, creado en Chile a comienzos de los 80 por el economista José Piñera, hermano mayor del presidente.

Tras una pausa de cuatro años, durante los cuales cursó su doctorado en Economía en Pittsburgh y se tituló con una tesis sobre los efectos de la privatización del sistema de pensiones de seguridad social en Chile, Arenas volvió a la función pública.

Pero su estadía en Estados Unidos, relata un cercano, marcó a sangre y fuego su visión socioeconómica del mundo, influido por su entonces profesor, el cubano Carmelo Mesa-Lago, un confeso admirador del modelo socialdemócrata escandinavo, con quien elaboraría diversos papers y estudios en los años venideros.

Su carrera fue meteórica: de jefe de estudios pasó a subdirector de Racionalización, hasta asumir en 2006 como director de Presupuestos del gobierno de Bachelet (2006-2010), a quien había conocido cuando ésta fue ministra de Salud de Ricardo Lagos (2000-2006). En ese entonces, recuerda un ex ministro de la época, Arenas era el único invitado a las reuniones de gabinete que no tenía un cargo de ministro y su influencia sobre Bachelet era creciente.

En el espectro político se lo considera como el verdadero artífice de la exitosa reforma previsional implementada por Bachelet en la segunda parte de su gobierno, lo que redundó en una explosión de popularidad que la ex mandataria mantiene hasta hoy.

Tras el cambio de gobierno, Arenas se refugió en el departamento de microdatos de la Universidad de Chile y también ejerció como miembro del directorio de Canal 13.

A muchos les llama la atención su arrogancia intelectual, como cuando enfrentó a los medios para defender el programa de gobierno de Bachelet, presentado sólo tres semanas antes de las elecciones. Emplazado por la abierta ambigüedad de varios de sus puntos, como la reforma a las instituciones de salud previsionales, el matrimonio homosexual y el siempre alarmante fantasma de una nueva constitución, Arenas no aceptó ninguna crítica respecto del documento que suele calificar como un "programa serio y riguroso".

A diferencia de muchos, mantuvo relación con Bachelet durante los dos años que ella estuvo en Nueva York como directora de ONU-Mujeres. En sólo siete meses, desde la llegada de la ex mandataria a Chile en el mes de abril, fue capaz de levantar un fecundo programa de gobierno que dejó insólitamente conformes a los dos polos de la Nueva Mayoría opositora, la Democracia Cristiana y el Partido Comunista.

Pero ahora, como dice un miembro del comando opositor, es él quien debe ver qué dice Bachelet tras el balotaje.

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